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Miércoles, 7 de octubre de 2026
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Adelgazar hasta el hueso: lo que se pone en juego cuando el cuerpo pierde su propia reserva

Más allá del reloj y la balanza, los especialistas insisten en que el porcentaje de grasa corporal varía según la edad, el sexo y la distribución del tejido adiposo, y que reducirlo de manera extrema puede traer consecuencias hormonales y óseas, incluso en personas que entrenan de manera habitual.

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Ramiro SegundoComunidades y territorio · · 5 min de lectura
Adelgazar hasta el hueso: lo que se pone en juego cuando el cuerpo pierde su propia reserva

Desde hace tiempo circulan mensajes que prometen llegar al 1% o al 2% de grasa corporal como sinónimo de definición y de salud, casi como si el cuerpo pudiera borrarse a sí mismo para mostrar solo músculo. La conversación, sin embargo, se queda corta: el tejido adiposo no es un adorno que sobra ni un enemigo a eliminar sin más, sino un compartimiento del organismo que guarda energía y fabrica señales químicas que el resto del cuerpo lee a cada rato. Por eso, antes de mirar cualquier número en una balanza, conviene entender qué hace esa grasa, dónde se acumula y por qué reducirla demasiado puede terminar saliendo más caro de lo que parece a simple vista.

Por qué el porcentaje de grasa, aislado, no dice todo

Un valor de grasa corporal tomado como número suelto no alcanza para describir cómo está compuesto el cuerpo de una persona. Influyen, como mínimo, la edad, el sexo biológico y la distribución del tejido adiposo, es decir, dónde se acumula y en qué proporción. A eso se suman las limitaciones de cada herramienta de medición, que pueden dar lecturas distintas sobre una misma realidad.

  • La balanza de bioimpedancia estima la grasa a partir de la resistencia eléctrica del cuerpo, pero ese dato cambia según cuánto líquido se haya bebido, si se hizo ejercicio o si se está en ayunas, de manera que dos mediciones en un mismo día pueden arrojar resultados diferentes.
  • Los pliegues cutáneos, que se toman con un calibre sobre la piel, son útiles como seguimiento en manos entrenadas, pero no permiten conocer la grasa que rodea los órganos internos, que es justamente la que más se asocia con riesgos para el metabolismo.
  • La densitometría DEXA distingue entre tejido graso, masa magra y masa ósea con bastante precisión, aunque requiere equipamiento especializado y suele ser más costosa que las otras opciones.

En un estudio realizado con más de setecientos deportistas y en el que participó Tamara Hew-Butler, investigadora de la Universidad Estatal de Wayne, se utilizó justamente la densitometría DEXA para revisar los registros de grasa corporal más bajos compatibles con un funcionamiento regular del cuerpo. Los mínimos que aparecieron en ese relevamiento fueron del orden del 10% en hombres y del 16% en mujeres, bastante por encima del 1% o 2% que suele circular en redes sociales cuando se habla de definición muscular, según recordó la propia Hew-Butler al repasar esos datos.

Qué pasa cuando el cuerpo se queda sin demasiada reserva

Tener menos reservas no significa, de por sí, estar en mejor forma. Maung, investigadora en enfermedades metabólicas de la Universidad de Míchigan, explicó que una cantidad demasiado baja de grasa puede alterar el funcionamiento de distintos órganos y sistemas, porque el cuerpo entiende que está ante una situación de escasez y empieza a recortar funciones. Cuando una restricción calórica muy intensa reduce esas reservas, el organismo puede empezar a obtener energía a partir del músculo, lo que termina perjudicando no solo la fuerza sino también la formación y la reparación del tejido óseo, un punto especialmente delicado en personas jóvenes que todavía están construyendo su masa ósea.

En los hombres, una alimentación insuficiente en energía y nutrientes puede traducirse en una disminución de los niveles de testosterona, con el consecuente impacto sobre la energía cotidiana y el rendimiento físico. En algunas deportistas mujeres, los niveles demasiado bajos de grasa corporal se asocian con irregularidades en el ciclo menstrual o incluso con la desaparición completa de la menstruación, una alteración que en sí misma funciona como una señal de alarma del cuerpo. Fredrik Karpe, profesor de medicina metabólica de la Universidad de Oxford, sumó además que disponer de pocas reservas de grasa dificulta la respuesta del organismo frente a infecciones graves, porque el sistema inmune pierde parte de la energía rápida que necesita para montar esa respuesta.

Estas consecuencias se explican, en buena medida, por las tareas que cumple el tejido adiposo en condiciones normales. Además de funcionar como una reserva de combustible para los momentos en los que el cuerpo necesita más energía de la que está recibiendo, ese compartimiento produce hormonas, entre ellas la leptina, una molécula que se encarga de comunicar al cerebro cuánta energía hay almacenada y disponible. Cuando esa señal baja porque las reservas están en mínimos, el organismo reacciona como si estuviera ante una emergencia y empieza a relegar funciones que, aunque no son imprescindibles en el corto plazo, resultan centrales para la salud a largo plazo, como la reproducción, la reparación de huesos o la regulación de la temperatura.

“Una cantidad insuficiente de grasa puede alterar distintos órganos y sistemas; cuando la restricción calórica es muy intensa, el cuerpo puede recurrir al músculo para obtener energía y comprometer la generación y reparación del tejido óseo.”Jessica Maung, investigadora en enfermedades metabólicas de la Universidad de Míchigan

El extremo contrario también importa, y mucho, sobre todo cuando el exceso se concentra alrededor de los órganos internos. La acumulación de grasa visceral, esa que se deposcia en la zona del abdomen y que no siempre se ve a simple vista, favorece la liberación de sustancias que mantienen al organismo en un estado de alerta permanente, lo que termina afectando al hígado, al corazón y a la manera en que el cuerpo regula el azúcar en sangre, entre otros puntos. Por eso, a la hora de hablar de composición corporal, la palabra clave no es bajar un número en la balanza, sino entender dónde está la grasa, cuánta hay y qué señales está dando el cuerpo, porque un porcentaje aislado puede estar contando una historia muy distinta de la que parece.

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Ramiro SegundoComunidades y territorio

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