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Lunes, 12 de octubre de 2026
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Algo tan viejo como un error en una librería: «Enamorarse» regresa después de cuatro décadas

En 1984, Robert De Niro y Meryl Streep protagonizaron un drama romántico para adultos que prefiere la incomodidad al golpe bajo. Medio mundo lo subestimó. Ahora vuelve a estar disponible y merece, como mínimo, otra vuelta.

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Marta TolabaCultura y espectáculos · · 3 min de lectura
Algo tan viejo como un error en una librería: «Enamorarse» regresa después de cuatro décadas

Vayan preparándose porque lo que voy a contar puede sonar raro: hace 42 años Robert De Niro y Meryl Streep hicieron una película juntos. Sí, esos dos. El de «Taxi Driver» y la de «La decisión de Sophie». Y no, no hubo disparos ni campos de concentración. Hubo algo bastante más incómodo: dos personas casadas que se enamoran en Manhattan y no saben qué hacer con esa molestia nueva. La película se llama «Falling in Love» («Enamorarse» acá, en el esforzado castellano de siempre) y la dirigió Ulu Grosbard en 1984. Estrenó, pasó sin hacer ruido, recaudó poco y recibió críticas tibias. Cuatro décadas después, volvió a estar disponible para quien tenga ganas de revisarla. O de verla por primera vez, que es lo que me pasó a mí mientras escribía esta nota.

De Niro y Streep ya se habían cruzado antes en «El francotirador» (1978), de Michael Cimino, donde compartían pantalla en medio de una tragedia bastante más ruidosa. Acá los reúne Paramount para algo radicalmente opuesto: sin balas, sin guerra, sin nada épico. Solo una librería atestada de gente comprando regalos, dos personas que intercambian un paquete por error y, meses después, se vuelven a encontrar en el mismo vagón de tren. La familiaridad crece. La atracción también. Y ahí aparece el verdadero quilombo, porque los dos están casados.

Un guion que no te regala nada

El libreto es de Michael Cristofer (que después sería más conocido por ser pareja de las actrices que le pusieron pausa a sus matrimonios, pero esa es otra historia) y toma una decisión sabia: no simplifica nada. Frank Raftis (De Niro) y Molly Gilmore (Streep) no son ni víctimas ni villanos de un culebrón. Son dos adultos que cargan responsabilidades y, de pronto, se ven obligados a revisar todo. Lo que se siente no siempre coincide con lo que se está dispuesto a romper, y la película se queda en esa zona gris sin necesidad de redimir a nadie. El drama no está en el romance en sí, sino en lo que ese romance obliga a revisar: compromisos asumidos, lealtad, distancia entre la calentura del corazón y el peso de la rutina.

La crítica de la época no fue unánime, vale aclararlo. Roger Ebert le puso dos estrellas sobre cuatro y cuestionó al guion, aunque reconoció que De Niro y Streep tienen momentos puntuales donde la interacción funciona y se nota lo que el papel les pedía (algo tan complejo como «contener»). Algunos textos la compararon con «Breve encuentro» (1945), la película de David Lean basada en el «Cuarteto» de Noël Coward. La comparación es razonable: misma incomodidad social, misma ciudad como telón de fondo, mismo tema prohibido del adulterio en tiempos donde todavía se hablaba en voz baja. Pero acá, a diferencia de la británica, el metro, los túneles y las librerías funcionan como una guía sentimental: la rutina rota es lo extraordinario.

Elenco de apoyo: el que sostiene la pared

Si tengo que rescatar a alguien poco conocido del elenco voy a hacer trampa y voy a nombrar a dos, porque los dos lo merecen: Dianne Wiest y David Clennon. Wiest interpreta a la esposa de Frank y Clennon al marido de Molly (sí, los matrimonios cruzados de siempre, Scorsese mediante hubiera sido otra historia). Los dos sostienen las escenas que les tocan con esa cosa que tienen los actores de carácter de no pisar nunca la línea de la sobreactuación. Harvey Keitel y Jane Kaczmarek completan el reparto, ampliando la red de compromisos y obligaciones que rodea a los protagonistas.

Mi recomendación concreta, porque tampoco vine acá a hacer pura cháchara: si nunca la vieron, dense el gusto. Es una película que prefiere la incomodidad al golpe bajo, que no moraliza pero tampoco endulza, y que tiene a dos actores monumentales haciendo algo bastante raro: no actuar. Solo estar. A veces eso es lo más difícil.

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Marta TolabaCultura y espectáculos

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