Anamá Ferreira se fue a buscar leones y volvió con un shuka rojo: crónica de un safari con selfie
La modelo y conductora recorrió Kenia y Tanzania, se cruzó con una jirafa de Rothschild, se puso el manto masái y cumplió el sueño clásico: ver a los Cinco Grandes en libertad. Acá, lo que cuenta (y lo que no).

Hay una fantasía bastante instalada entre los famosos argentinos: mandarse a África, subirse a una camioneta con techo practicable y volver con fotos que parecen de National Geographic. Anamá Ferreira, que es modelo, conductora y de esas personas que nunca se quedan en la puerta del hotel, agarró la valija y cumplió el guion a fondo. Lo que pasa es que, entre jirafa y jirafa, se le coló algo más interesante que una postal para Instagram.
(Porque, claro, también hubo selfie. Pero hubo algo más.)
Empezó en Nairobi, donde las jirafas se dejan acariciar
El primer tramo del viaje tuvo como base Nairobi, la capital keniana, y arrancó con una visita al Giraffe Centre, un centro dedicado a proteger a la jirafa de Rothschild, una subespecie que está en peligro de extinción. El lugar permite alimentar a los animales a mano y, si hay suerte, sacarse una foto a la altura de los ojos de estos bichos, que miden unos cinco metros. Ferreira no se guardó la emoción: dijo que fue uno de esos momentos que quedan para siempre y compartió imágenes en las que se la ve con la jirafa como si fueran amigas de toda la vida.
Después se pasó por el Museo Karen Blixen, la casa donde vivió la escritora danesa autora de "Memorias de África". Ahí sí la conducción se volvió solemne: caminar por el living donde la autora escribió parte de su historia, según sus propias palabras, fue "bastante mágico". En esa misma casa se filmó la película con Meryl Streep y Robert Redford, por si alguien necesita el dato cultural para entender por qué la visita es parada obligada.
El corazón del viaje: Masái Mara y la shuka roja
- La comunidad masái, una de las más conocidas del este africano, vive sobre todo en el sur de Kenia y el norte de Tanzania.
- La shuka es la tela roja a cuadros que envuelve el cuerpo y funciona como prenda principal: protege del sol, del frío y de los insectos.
- Los adornos de cuentas que llevan en el cuello y las orejas marcan edad, estado civil y posición dentro de la comunidad.
- La danza adumu, o "salto de la jirafa", es una ceremonia en la que los jóvenes guerreros saltan en el lugar sin apoyar los talones: cuanto más alto, mejor posicionado queda el saltador.
Ferreira no se quedó en la ventanilla de la camioneta. Se puso la shuka, se colgó los collares, se metió en la ronda de saltos y hasta participó del baile. Dejó imágenes de chicos y familias locales con los que cruzó palabras, y los describió como un encuentro "profundamente enriquecedor". A veces uno lee estas frases como un formulario de press release, pero en este caso las fotos la muestran bastante embarrada y bastante lejos de la postal pulida.
Tanzania, el Serengueti y la lista sagrada
Cruza la frontera y empieza el plato fuerte: el Serengueti tanzano y el cráter del Ngorongoro, una caldera volcánica gigante donde la fauna se concentra como en un shopping a fin de mes. Ahí Ferreira cumplió el objetivo que se había puesto antes de subir al avión: ver a los Cinco Grandes. Para los guías locales, los Big Five son el león, el leopardo, el elefante, el rinoceronte y el búfalo cafre, cinco animales que, en los tiempos del colonialismo, eran los más complicados de cazar a pie. Hoy la gracia es exactamente la opuesta: verlos vivos y dejarlos en paz.
Entre avistaje y avistaje, la conductora se dio el gusto de capturar atardeceres sobre los lagos de la zona, esas fotos de cielo color óxido que en la Argentina conocemos por la serie "Out of Africa" y que, por lo visto, no necesitan filtro. La crónica completa del viaje aparece contada en primera persona, con un tono cercano y con datos de contexto (la subespecie de la jirafa, el significado de la shuka, qué es la danza adumu) que no siempre aparecen cuando un famoso vuelve de safari.
¿Mi recomendación concreta? Si el bolsillo y la agenda alcanzan, Kenia y Tanzania en un mismo viaje valen el esfuerzo, pero con una condición: no quedarse en el lodge con wifi. El Serengueti justifica la distancia, el Ngorongoro impresiona, y el Museo Karen Blixen es de esos lugares que uno no entiende del todo hasta que camina por el jardín. La selfie con la jirafa, después de todo, es el mejor souvenir posible: uno que se saca gratis y que, por una vez, no se compra en el free shop del aeropuerto.
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