Bill Gates pone en blanco sobre negro los tres miedos que ya nadie puede mirar para otro lado
En un ensayo de seis mil palabras, el cofundador de Microsoft advierte que la inteligencia artificial abarata el bioterrorismo, borra oficios enteros en una década y concentra poder en pocas manos. Repasa sus propuestas, del impuesto a los robots a los trabajos que deberían quedar reservados para personas

A veces uno se cruza en la guardia con un paciente que repite, con la voz todavía rota por la angustia, que tuvo que aprender a usar una aplicación nueva a los cincuenta y ocho años porque en la fábrica donde trabajó treinta le dijeron que su puesto ya no hacía falta. Lo miro, le tomo la presión, le explico que la hipertensión también se dispara cuando uno siente que el mundo lo deja afuera, y mientras le ajusto el tratamiento pienso en algo que leí esta semana y que me parece urgente compartir: Bill Gates acaba de publicar un ensayo donde reconoce, con una franqueza poco habitual para alguien de su poder, que la inteligencia artificial viene a hacer exactamente eso, pero a escala global y en cuestión de años.
El texto se titula "The Turbulent AI Era Is Here. The Choices We Make Are Critical" y, aunque fue pensado para un público angloparlante, toca un nervio que nos atraviesa de lleno en la Argentina: qué hacemos cuando las máquinas empiezan a pensar por nosotros, y sobre todo cuando lo hacen más rápido que nuestra capacidad de adaptarnos.
Bioterrorismo con tutorial de inteligencia artificial
El primer punto que Gates pone sobre la mesa es el que a mí, como alguien que ve malades todos los días, me eriza la piel. Los modelos actuales ya son capaces de juntar y procesar información vinculada a la fabricación de explosivos, programas maliciosos y agentes biológicos. Esa misma capacidad que hoy sirve para acelerar el descubrimiento de vacunas y medicamentos podría usarse, mañana, para diseñar una enfermedad mortal. Gates no dice que la pandemia artificial sea inevitable; dice que la inteligencia artificial baja las barreras técnicas que hasta ahora hacían casi imposible ese tipo de amenaza, y que ningún país puede resolverlo solo.
Pienso en eso como quien mira una cocina industrial. Hasta hace poco, cocinar algo peligroso en una cocina así requería un cocinero entrenado, ingredientes caros y una infraestructura que no era fácil de replicar. Hoy cualquier persona con un teléfono puede ver un tutorial para hacer un soufflé o, con la misma facilidad, para armar algo mucho más oscuro. La IA hace de recetario global y, además, corrige la receta si le pedís que la mejore.
Empleos que se evaporan en una década, no en un siglo
El segundo riesgo que el cofundador de Microsoft describe tiene que ver con el mercado laboral, y acá es donde la cosa se pone realmente sensible para los lectores de entre cuarenta y sesenta años, que son los que más van a sentir el golpe. La diferencia con revoluciones tecnológicas anteriores, según Gates, es que la mecanización reemplazó trabajo físico: brazos, piernas, fuerza. Los sistemas de hoy reemplazan cognición: observan, escuchan, escriben, programan y resuelven problemas. Los sectores más expuestos que menciona son el derecho, la atención al cliente, la medicina, el desarrollo de software y la manufactura.
Y lo más inquietante no es solo qué se reemplaza, sino a qué velocidad. El texto asegura que el cambio ocurrirá en el término de una década, no a lo largo de generaciones, y eso deja poco margen para capacitar o reubicar a quienes pierdan su empleo. "Muchos empleos desaparecerán para siempre", escribe Gates, una frase que, traducida a la mesa de un obrero metalúrgico de Avellaneda o de una administrativa de un estudio jurídico de microcentro, suena directamente como una sentencia.
- Gravar a los robots y sistemas de inteligencia artificial de manera comparable a lo que pagan los trabajadores humanos, para financiar redes de contención.
- Reservar formalmente para personas ciertos oficios vinculados a la salud, el cuidado y el acompañamiento emocional, incluso cuando la tecnología pueda realizarlos.
- Reforzar los marcos legales de atribución de responsabilidad frente a acciones autónomas de los sistemas, desde errores de cálculo hasta víctimas civiles producidas por armas autónomas.
- Tratar el bioterrorismo asistido por inteligencia artificial como un problema global que ningún país puede resolver de manera aislada.
Volviendo al paciente del principio
Cuando termino de leer ensayos como el de Gates, vuelvo mentalmente al hombre que atendí la semana pasada, al que le explicaba cómo tomarse la presión mientras le contaba que tenía que reciclarse a los casi sesenta. Me doy cuenta de que el verdadero debate no pasa por si la inteligencia artificial es buena o mala en abstracto, sino por cuánto tiempo nos damos para decidir, como sociedad, qué cosas estamos dispuestos a delegar en una máquina y qué cosas no. Gates no tiene todas las respuestas, pero al menos tiene la honestidad de poner el tema sobre la mesa antes de que la cocina empiece a arder. Y eso, en tiempos de revolución tecnológica, ya es muchísimo.
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