Breaking Bad, la serie que se cocinó a fuego lento y terminó coronando el siglo
Vince Gilligan parió un profesor con cáncer, un alumno revoltoso y una montaña de metanfetamina. Casi dos décadas después, el mundo de la televisión le dijo basta de pelear: la puso primera entre las cien mejores ficciones del siglo XXI.

A veces uno piensa que la televisión ya lo vio todo, y entonces aparece una serie que le recuerda que todavía queda cuerda para rato. Eso me pasó con Breaking Bad la primera vez, y me sigue pasando cada vez que alguien me pregunta qué mirar un domingo a la noche y yo, en lugar de recomendarle algo nuevo, le digo: sentate y dale play desde el capítulo uno. La ficción creada por Vince Gilligan, emitida entre 2008 y 2013, acaba de quedar primera en una selección de las 100 mejores series del siglo XXI, un ranking que se armó con la opinión de 500 figuras del ambiente televisivo, desde actores como Elisabeth Moss, Bryan Cranston y Jason Bateman hasta productores de la talla de Damon Lindelof y Noah Hawley.
Un profesor, un diagnóstico y una decisión que no tiene vuelta atrás
La sinopsis suena a disparate contado en un bar: un profesor de química de secundaria recibe un diagnóstico de cáncer de pulmón terminal y, para no dejar a su familia en la ruina, decide empezar a fabricar y vender metanfetamina. Hasta ahí, un drama con tono de thriller. Pero Gilligan le metió algo que muchas series de género jamás logran: tiempo. Los 62 episodios se toman su tiempo para mostrar cómo Walter White se va corroyendo por dentro, cómo la comedia negra de los primeros capítulos se va apagando y cómo el cuento de dejarle unos ahorros a la familia se convierte en algo bastante más oscuro.
- Bryan Cranston como Walter White: el profesor que se transforma en Heisenberg frente a nuestros ojos, con una de las actuaciones más comentadas de la televisión contemporánea.
- Aaron Paul como Jesse Pinkman: el socio joven y desesperado que, a mi criterio, es el corazón emocional de la serie y a quien conviene prestarle atención desde el piloto.
- Anna Gunn como Skyler: el personaje que más padeció el ojo del público y que, visto en perspectiva, resulta clave para entender el costo humano de la aventura de Walter.
Hay un detalle que suele quedar fuera de los rankings y a mí me parece justo rescatar: sin Jesse Pinkman, Breaking Bad no sería Breaking Bad. Aaron Paul construyó a un personaje que arranca como el típico compañero de malas decisiones y termina siendo el que sostiene la brújula moral de la historia. Cuando uno termina la serie y se sienta a pensar, se da cuenta de que la pregunta nunca fue qué le pasó a Walter, sino qué le hicimos a Jesse.
Un universo que no se resignó al último capítulo
El fenómeno no se quedó en los 62 capítulos originales. Gilligan y su equipo expandieron el mundo con Better Call Saul, la precuela centrada en el personaje de Bob Odenkirk que en este mismo ranking se metió en el puesto 27, y la cerraron en parte con El camino, la película que retomó a Jesse Pinkman, otra vez con Aaron Paul, para contar qué pasó después de los créditos finales de la serie. Tres productos distintos, un mismo universo, y una obsesión por no dejar a sus personajes a la buena de Dios.
Mi recomendación, si todavía no la viste o si la dejaste a medias hace años, es simple: empezala de nuevo y dejate llevar. Y si ya la viste, fíjate esta vez en los detalles de Jesse, porque ahí está la serie que muchos se perdieron la primera vuelta. Breaking Bad no solo ganó un ranking: se ganó un lugar en la lista de cosas que uno no se cansa de recomendar.
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