Caminar sobre el Perito Moreno ya no es solo cosa del verano: el glaciar abrió en pleno julio y se queda todo el año
Por primera vez el minitrekking funcionó durante junio y julio completos y desde ahora no tendrá cortes por estación. En El Chaltén, las sendas de nieve suman cascadas congeladas y miradores que miran de frente al Fitz Roy.

Llego a la comunidad de El Calafate, en el corazón del Parque Nacional Los Glaciares, provincia de Santa Cruz, con la confirmación de algo que durante mucho tiempo parecía impensado para los guías locales: caminar sobre el glaciar Perito Moreno dejó de ser una experiencia exclusivamente estival y, a partir de esta temporada invernal, se ofrece de manera continua durante todo el año, una novedad que cambia de cuajo la forma en que se piensa al turismo en el sur argentino y que, sobre todo, le da un envión enorme a la economía de los prestadores que viven del Parque.
Lo que se conoce como minitrekking, la excursión clásica que durante décadas funcionó únicamente entre octubre y abril, abrió por primera vez en invierno completo durante los meses de junio y julio, y desde ahora funcionará sin interrupciones estacionales, según me detallaron en la zona, lo que en la práctica significa que quienes viajen en la temporada baja ya no tendrán que resignarse a mirar el hielo desde las pasarelas sino que podrán calzarse los crampones y meterse de lleno en la superficie del glaciar, una experiencia que hasta hace poco quedaba reservada para los meses de calor.
Una jornada entera sobre el hielo, con bosque y navegación
El recorrido, que me describieron paso a paso, arranca en el puerto Bajo de las Sombras con una navegación de unos veinte minutos por el Brazo Rico que va pegada a la cara sur del glaciar y que ya de por sí deja sin palabras a cualquiera, sigue luego por un bosque andino de lengas y ñires donde se coloca el equipo de seguridad, y termina directamente sobre la mole de hielo, donde los grupos, que no superan las veinte personas, avanzan con crampones y casco bajo la guía de guías de montaña matriculados como José Pera, responsable operativo de la empresa Hielo & Aventura, la concesionaria histórica del servicio dentro del Parque Nacional.
La jornada completa ronda las diez horas y está habilitada para personas de entre 8 y 65 años, un rango etario que, vale aclararlo, no es caprichoso sino que responde a razones de seguridad y a la exigencia física que implica moverse durante horas sobre un terreno irregular y resbaladizo, con pendientes, sumideros y arroyos de deshielo que cambian de un día para otro.
Lagunas turquesas, seracs y la advertencia del glaciar que se achica
Una vez adentro del hielo, el camino pasa por lagunas color turquesa, por arroyos que corren entre las grietas, por sumideros donde el agua se traga la luz y por esas formaciones que los guías llaman seracs, que no son otra cosa que bloques de hielo apilados de manera caprichosa que parecen pequeños rascacielos azules y que son, a la vez, lo más lindo y lo más peligroso del recorrido, porque pueden colapsar en cualquier momento sin aviso.
“Fuimos adaptándonos a los cambios del glaciar, que es muy dinámico, y por eso ajustamos los circuitos disponibles para que la experiencia siga siendo segura. El retroceso y el adelgazamiento de la masa de hielo nos obligan a repensar el trazado casi temporada a temporada.”José Pera, guía de montaña y responsable operativo de Hielo & Aventura
Lo que dice Pera, y lo subrayo porque me parece importante para quien esté pensando en viajar, es que el Perito Moreno atraviesa desde hace algunos años un proceso de retroceso y adelgazamiento de su masa de hielo que es perfectamente verificable desde las pasarelas y desde los barcos, y que esa dinámica obligó a la empresa a correr algunos tramos del recorrido y a eliminar otros que quedaron demasiado expuestos o demasiado deteriorados como para garantizar la seguridad de los visitantes.
Para los que no quieren pisar el hielo: dos safaris náuticos
Para quienes prefieran mantenerse a resguardo del hielo pero no quieren renunciar a la emoción de estar frente a la mole blanca, existen dos opciones de navegación que me parecen igual de recomendables y que, dependiendo del bolsillo y del tiempo, se ajustan a casi cualquier plan: el Safari Náutico, que combina navegación y caminata costera y permite incluso tocar el frente del glaciar con las manos, y el Safari Azul, que ofrece una hora de navegación frente a la pared sur, con vistas de los más de sesenta metros de altura que tiene el frente del Perito Moreno, una dimensión que cuesta dimensionar hasta que uno se planta abajo y levanta la cabeza.
El Chaltén bajo cero: trekking con bastón y miradores de altura
En la zona norte del Parque, la localidad de El Chaltén, que ya de por sí es un destino ineludible para cualquier caminante, suma en invierno alternativas de trekking que nada tienen que envidiarle a las del verano, empezando por el ascenso al mirador de los cóndores, desde donde se obtienen vistas espectaculares sobre los macizos Fitz Roy y Torre y sobre el valle del río de las Vueltas, y que en esta época exige el uso de bastón y crampones porque la nieve y el hielo-transforman el sendero en un verdadero desafío, aunque el esfuerzo se ve compensado con creces cuando uno se para en el balcón natural y se topa con esa postal que parece pintada a mano.
- Mirador de los Cóndores: vistas al Fitz Roy, Torre y al valle del Río de las Vueltas. Se sube con bastón y crampones por la nieve.
- Cascada Chorrillo del Salto: caminata de baja dificultad, completamente congelada en invierno, atraviesa un bosque bajo de ñires y lengas cubierto de nieve.
- Parador sobre la Ruta Nacional 40 a orillas del río La Leona, declarado Patrimonio Histórico y Cultural de la provincia, parada obligada en las excursiones full day.
Cuánto sale la experiencia y qué incluye
En cuanto a los precios de referencia que me dieron en la zona, y que vale la pena aclarar que pueden variar según la temporada y la operadora, el minitrekking tiene un valor de 475.000 pesos por persona, una cifra que incluye el traslado desde El Calafate, la navegación por el Brazo Rico, el equipo técnico de crampones y casco, la guía especializada y el tiempo de recorrida por las pasarelas de observación frente al frente del glaciar, que es el broche de oro de una jornada que, créanme, deja marca.
Después de varios días en la zona, recorriendo senderos y hablando con guías, con guardaparques y con vecinos de El Calafate y de El Chaltén, me queda la sensación de que el glaciar, más allá de lo que digan los papers científicos, sigue siendo un organismo vivo que cambia todo el tiempo, y que la posibilidad de caminarlo en invierno no es solamente un atractivo turístico nuevo sino una manera de conocerlo en su versión más austera, más silenciosa y, por qué no, más honesta, con menos gente, con la nieve como alfombra y con ese frío del sur que se mete en los huesos pero que también se vuelve, con los años, en una de las cosas que más se extraña cuando uno se va.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo

Necochea se prepara para Carnaval con descuentos en alojamientos y gastronomía

¿Pagar para hacer senderismo? Una provincia aplica un nuevo impuesto y explica sus beneficios

Costa Rica busca desarrollar turismo en su mitad sur, una zona "de bellezas inigualables"
