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Caminó 15 kilómetros en la nieve para salvar a su familia: la odisea de una porteña en la cordillera neuquina

Sabrina Canepa dejó a su pareja y a sus dos hijos en la camioneta, en pleno Cerro Wayle, y atravesó sola la ruta 37 hasta dar con la Brigada Rural. Todos regresaron sin heridos.

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Paola CardozoSalud y sociedad · 7 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

Conozco de cerca lo que se siente cuando una madre toma una decisión que nadie le pidió tomar, pero que en ese instante aparece como la única posible. Lo viví en una guardia, hace años, cuando una mujer llegó con la mirada perdida después de cargar a su hijo lastimado durante varias cuadras bajo la lluvia hasta un kiosco donde le dieron una mano. La vi y entendí que hay un instinto que no se puede explicar en un manual: el de salir a buscar ayuda cuando los demás no pueden moverse. Algo parecido fue lo que hizo Sabrina Canepa, una mujer de 47 años de Dique Luján, Tigre, en pleno corazón de la cordillera neuquina.

El lunes, Sabrina, su pareja Facundo Botner (43) y sus dos hijos, de 9 y 3 años, habían subido hasta el refugio de guardaparques del Cerro Wayle con la ilusión de conocer de cerca ese paraje. La idea era turística, familiar, tranquila. Pero cuando quisieron irse, la Renault Alaskan estaba tapada por los bardones de nieve que dejaron los temporales de fines de agosto. Para graficarlo: un bardeón de nieve es como si una pared de nieve polvo se hubiera formado contra el vehículo, empujada por el viento, y lo dejara literalmente emparedado en blanco. Imposible salir por cuenta propia.

Quince kilómetros a solas por la ruta 37

Sin señal de teléfono y con dos chicos pequeños en la camioneta, Sabrina tomó la única decisión que le permitía mover el reloj hacia adelante: dejar a su familia al resguardo del rodado y salir caminando por la ruta provincial 37. Recorrió unos quince kilómetros, siguiendo las huellas que ellos mismos habían dejado al entrar, en un trayecto que le demandó entre dos y tres horas de marcha bajo el frío cordillerano.

Ya sobre la ruta pavimentada, pudo comunicarse con la Policía de Río Negro. Desde allí la alerta saltó a la Policía de Neuquén y, finalmente, a la Dirección de Seguridad Alto Neuquén, con base en Chos Malal, la ciudad más cercana, a unos 48 kilómetros del lugar donde habían quedado varados.

El rescate de la Brigada Rural

Pasado el mediodía, alrededor de las 14:00, la División Brigada Rural, al mando del subcomisario Ricardo Ovadilla, partió hacia el área con vehículos 4x4. En el camino se cruzaron con Sabrina, que avanzaba agotada pero en pie.

“La encontramos en la ruta. Estaba en buenas condiciones físicas, aunque agotada por el duro recorrido. Nos comentó que andaban de turistas y que querían conocer el lugar de cerca.”Subcomisario Ricardo Ovadilla, jefe de la División Brigada Rural

La dotación continuó hasta el refugio, retiró los bardones que bloqueaban la camioneta y liberó el vehículo. La familia no necesitó atención médica y pudo regresar a Chos Malal por sus propios medios. El clima acompañó durante toda la jornada: sol, poco viento y buena visibilidad, un regalo inusual en esa zona del Alto Neuquén.

Una advertencia que vuelve a casa

Vuelvo a Sabrina, que ya está de regreso en Tigre con los suyos. Cuando uno lee estas historias piensa que la cordillera siempre regala postales, pero también recuerda que la montaña no negocia. Las áreas de seguridad de la zona insisten con un mensaje simple: no se transita esa montaña sin tracción a las cuatro ruedas, sin cadenas, sin ropa térmica, sin alguien que sepa leer el cielo. Sabrina tuvo la suerte de que las condiciones la acompañaran. Otros turistas, en otros inviernos, no la tuvieron. Por eso, cada vez que me toca contar un final como este, no puedo dejar de pensar que lo que salvó a esa familia no fue un vehículo 4x4 ni una patrulla, sino una madre que se calzó las botas y caminó.

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Paola CardozoSalud y sociedad

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