Cielo, tierra y paciencia: la guía del astrofotógrafo que se pierde en Jujuy y vuelve con estrellas
Gonzalo Santile recorre San Juan, Salta, La Rioja, Mendoza, Córdoba y Jujuy de noche, con permiso, con guía y con un ojo en el pronóstico. Cuenta cómo se organiza para que la cámara vea lo que el ojo no ve y por qué hay que llevar la batería del celular cargada.

El primer flash lo prendió en San Juan, no en un estadio: lo encendió en el Valle de la Luna, de noche, cuando el frío de la quebrada te corta la cara y el silencio es tan espeso que se escucha hasta el ruido de la cámara. Ahí arrancó todo para Gonzalo Santile, el astrofotógrafo que lleva una década persiguiendo estrellas por el país.
La recorrida: del Valle de la Luna a las Salinas Grandes
La lista de escenarios es larga y bien federal. El Valle de la Luna sanjuanino, Cafayate en Salta, Talampaya y otros rincones riojanos, el Cordón del Plata mendocino, las Altas Cumbres cordobesas y las Salinas Grandes de Jujuy. En todos ellos Santile buscó lo mismo: relieves, montañas y superficies salinas que se puedan mezclar con el cielo nocturno en una sola toma.
“En parques nacionales o provinciales hay que solicitar los permisos correspondientes y no se puede ingresar solo de noche; siempre voy acompañado por un guía o guardaparques.”Gonzalo Santile
La regla de oro es esa y la repite cada vez que puede: de noche no se entra solo a un área protegida. Primero va de día, cammina el terreno, marca por dónde se puede mover y elige dónde plantar la cámara. Recién después, con la luna como aliada o como enemiga según la fase, vuelve a hacer el mismo recorrido con el ojo puesto en el cielo.
Clima, orientación y batería: las tres trampas
- El clima manda: consulta el pronóstico antes de viajar, pero igual puede perder la noche. Una tormenta en el norte cordobés lo dejó varado esperando que el agua acumulada sobre las salinas se calmara para reflejar las estrellas.
- El viento y la nubosidad arruinan tomas aunque ya hayas hecho 400 kilómetros. Eso lo aprendió a fuerza de viajes largos con la camioneta llena y el obturador cerrado.
- La orientación es otra historia: en las Salinas Grandes jujeñas, junto a un artesano local, se desorientó al volver y recién encontró la salida cerca del punto por donde había entrado.
- Y la batería del teléfono, claro: en otra salida se le agotó, quedó incomunicado y la familia salió a buscarlo. Lección que, según cuenta, no repite más.
Hay una diferencia clave que vale aclarar antes de ilusionarse con la foto propia. Esos colores intensos, esas nebulosas que parecen pinceladas, esos detalles que parecen sacados de un cuadro no se ven así a simple vista. Son producto de exposiciones que duran varios minutos y, en el caso de las panorámicas, de capturas sumadas durante varias noches. La cámara registra información que el ojo humano no llega a procesar del mismo modo.
Santile, que también se pierde como cualquiera cuando se va al campo con la luna como única compañía, ve en las extensiones con poca luz artificial una oportunidad concreta para empujar el astroturismo argentino. Su consejo final es bien terrenal: cargar la batería, avisar a la familia, pedir permiso y, sobre todo, ir de día primero.
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