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Cinco comunidades del mundo donde vivir más no cuesta una fortuna: las claves que un cardiólogo argentino pone sobre la mesa

El médico Jorge Tartaglione recorrió Loma Linda, Costa Rica, Icaria, Cerdeña y Okinawa para encontrar qué hacen diferente sus habitantes, y concluyó que la genética apenas pesa un cuarto en la ecuación de la longevidad.

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Ramiro SegundoComunidades y territorio · 5 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Soy Ramiro Segundo, y vengo siguiendo hace tiempo el trabajo que el cardiólogo Jorge Tartaglione viene difundiendo cada vez que le preguntan por la expectativa de vida, porque hay algo que repite con una convicción que a mí me resulta contagiosa: la vejez larga y sin enfermedad no es un regalo de la lotía genética sino, en buena medida, una decisión cotidiana.

El punto de partida de Tartaglione es tan simple como molesto para los que creemos que la longevidad nos viene dada. "Definimos nosotros el 75%", dijo el profesional, y con esa frase tiró abajo la idea de que esperar vivir muchos años es cuestión de heredar los genes correctos. El restante 25%, claro, también juega, pero el grueso de la cuenta la pagamos nosotros con lo que hacemos cada mañana al levantarnos.

Cinco comunidades, cinco geografías distintas y un patrón que se repite

  • Loma Linda, California: la comunidad adventista que vive unos diez años más que el promedio estadounidense. Tartaglione lo atribuye a la fe, porque esa fe organiza el día, ordena las comidas y sostiene los vínculos.
  • La zona rural de Costa Rica, donde el consumo habitual de frutas tropicales y un ritmo de vida tranquilo empujan a muchos habitantes a cruzar los 80 años sin grandes sobresaltos.
  • Icaria, una isla griega que la geografía misma condena al movimiento: las subidas y bajadas constantes hacen que sus residentes caminen de manera sostenida a lo largo de toda la jornada.
  • Cerdeña, en Italia, donde la dieta se arma con lo que la tierra ofrece sin envoltorios ni conservantes, y donde los ultraprocesados son casi una rareza.
  • Okinawa, Japón, donde los vecinos mayores se levantan con un propósito concreto, por más pequeño que parezca, y eso les da una razón para empezar cada mañana.
“Lo que sale de la tierra, lo que le da el sol, lo que se pudre. Con esa expresión el cardiólogo buscó nombrar a los alimentos frescos, sin aditivos ni conservantes, que son los que sostienen la mesa en esas comunidades.”Jorge Tartaglione, cardiólogo

Hay algo que me gusta especialmente de cómo lo cuenta Tartaglione cuando habla de Okinawa, y que vale la pena transcribir casi tal cual porque define una filosofía de vida más que una recomendación médica. "No significa que tenés que hacer algo enorme. Sino tomarte un mate con una amiga, salir a caminar, salir a pasar el perro, pero todos los días se levantan con una visión, se levantan con ganas de hacer algo", describió el cardiólogo. Y agregó que en esa isla hay personas de 90 años que se levantan a bailar, a cantar o a tocar música como si el día les debiera algo.

Si uno pone los cinco territorios en una misma mesa y los mira con detenimiento, el patrón aparece solo y es bastante menos misterioso de lo que parece a primera vista. Hay movimiento cotidiano integrado a la rutina y no como una obligación de gimnasio, hay alimentación poco procesada que sale del propio terruño, hay vínculos sociales activos que sostienen al individuo cuando el cuerpo empieza a pedir pausa, y hay alguna clase de motivación que organiza el día y le da sentido al despertador.

Lo que más me importa subrayar como periodista es lo que el propio material de base se encarga de dejar por escrito al cierre, porque a mí me parece la frase más importante de toda la nota: ninguno de esos hábitos requiere recursos extraordinarios ni condiciones excepcionales. No hacen falta cuentas bancarias abultadas ni clínicas de primer nivel para sentarse a comer lo que uno tiene cerca, para subir las escaleras del barrio en lugar de tomar el ascensor, para llamar a un amigo antes de que caiga la tarde o para decidir que hoy, aunque sea, uno se levanta con un plan.

Tartaglione suele recordar además que quienes hoy tienen entre 55 y 56 años conservan una probabilidad alta de sumar entre 20 y 25 años más de vida sin enfermedad, siempre que adopten ciertos hábitos a tiempo. No es una promesa mágica ni una publicidad engañosa: es una lectura seria de la evidencia que el cardiólogo viene cruzando con su práctica clínica. La comunidad médica internacional lleva años señalando que la longevidad saludable se construye mucho antes de la tercera edad, pero también que nunca es tarde para empezar a modificar lo que está en nuestras manos.

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Ramiro SegundoComunidades y territorio

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