Cinco glampings en territorio bonaerense para dormir entre lagunas, sierras, bosques y playa sin resignar confort
De Villa Rosa a Tornquist, un recorrido por propuestas que combinan naturaleza y servicios de hotel: distancias desde CABA, capacidades, precios orientativos y qué actividades ofrece cada lugar para escapadas en pareja, en familia o en grupo.

Vivo en un departamento de dos ambientes en el primer piso de un edificio de Villa Urquiza y, cada vez que un paciente me cuenta que se va a "desenchufar" al campo, me acuerdo de lo difícil que es para cualquiera de nosotros encontrar un lugar que reúna naturaleza y, al mismo tiempo, una cama con sommier. Por eso, cuando empecé a relevar esta nota sobre cinco glampings de la provincia de Buenos Aires, lo primero que hice fue mirar el mapa: desde la Panamericana hasta la ruta 72 que cruza Tornquist, hay opciones para todos los bolsillos y para todas las camadas familiares, y la distancia desde la Ciudad de Buenos Aires suele ser el primer dato para decidirse.
Villa Rosa, a 40 kilómetros: la escapada más cercana y con jacuzzi
El primer punto del recorrido está en Villa Rosa, Partido de Pilar, a apenas 40 kilómetros de la Capital Federal, lo que lo convierte en la opción ideal para una salida exprés de un fin de semana o, incluso, para una sola noche. El complejo Rezabal 701, con acceso por la ruta provincial 25, dispone de seis unidades dobles pensadas exclusivamente para parejas, equipadas con jacuzzi privado, frigobar, climatización y desayuno incluido. El predio cuenta además con un quincho con parrilla, una pileta habilitada por temporada y un restaurante que sólo sirve cenas, lo que obliga a resolver el almuerzo por cuenta propia o a programar la llegada temprano. Aceptan mascotas y ofrecen paquetes especiales para cumpleaños y aniversarios, una alternativa cada vez más buscada por quienes quieren festejar sin el ajetreo de un salón.
Chascomús, sobre la laguna Vitel: domos para cinco con kayak y pesca
A 135 kilómetros de la Ciudad, tomando las rutas provinciales 2 y 20, aparece la segunda parada: un complejo de 24 hectáreas con 1.200 metros de costa sobre la laguna Vitel, a unos 10 kilómetros de la ciudad de Chascomús. Los domos, construidos para recibir hasta cinco huéspedes, vienen con cocina completa, baño privado y aire acondicionado, una configuración útil para familias con chicos o para grupos de amigos que quieran compartir gastos. En el terreno hay proveeduría, parrillas y juegos infantiles, y la propuesta de actividades gira alrededor del agua: kayak, paseos en bote, observación de aves y pesca deportiva. Para quienes vienen deCapital, es un buen punto intermedio entre la cercanía y el cambio de aire real.
Pardo, en Las Flores: yurtas para ocho con talleres y cabalgatas
Para grupos más grandes, la opción está en Pardo, una localidad del partido de Las Flores ubicada a 220 kilómetros de CABA por la ruta nacional 3. Lo que ofrecen son cuatro yurtas -estructuras circulares de origen centroasiático-, cada una con capacidad individual de hasta ocho personas, levantadas con materiales nobles como tierra, paja, arcilla y madera, que ayudan a mantener una temperatura agradable sin depender tanto de la calefacción. Todas tienen baño privado y desayuno. El terreno de cuatro hectáreas, lindante con un canal, se puede recorrer sin guía, y la propuesta se completa con talleres y cabalgatas, dos actividades pensadas tanto para quienes viajan con chicos como para grupos de adultos que buscan algo más que "mirar el paisaje".
Mar de las Pampas: diez domos con clases de surf y servicio de playa
Si la prioridad es el mar, hay que desviarse hacia la costa atlántica. En Colonia Marina, sobre el paseo 163 y la avenida 3 de Mar de las Pampas, funcionan diez domos ubicados entre los bosques de pinos y la playa, a 380 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires. Las unidades incluyen una pequeña cocina, desayuno y terraza con reposeras, lo que permite armar comidas rápidas sin salir del alojamiento. El complejo dispone de restaurante propio y, durante el verano, suma servicio de playa con sombrillas y reposeras. Entre las actividades figuran clases de surf, alquiler de bicicletas y cabalgatas por los senderos del bosque, una combinación clásica de esta zona del partido de Villa Gesell.
Tornquist, en el sur bonaerense: la propuesta más lejos y más serrana
El recorrido termina en Tornquist, ya en el sudoeste de la provincia, a 560 kilómetros de CABA. El complejo se ubica sobre la ruta provincial 72, en el kilómetro 2,6, a menos de 10 kilómetros del casco urbano y con las sierras como telón de fondo. La propuesta combina la experiencia del glamping -camas con sommier, baño privado y servicios de hotel- con actividades típicas del paisaje serrano: caminatas, cabalgatas y excursiones a los saltos y al Parque Provincial Ernesto Tornquist. Es la opción más lejos de la Ciudad, pero también la más distinta del resto de la lista, porque cambia el verde de la laguna y el azul del mar por el perfil agreste de las sierras de Ventania.
- Villa Rosa, a 40 km de CABA: seis unidades dobles con jacuzzi, ideal para parejas y escapadas cortas.
- Chascomús, a 135 km: domos para cinco personas sobre la laguna Vitel, con kayak, bote y pesca.
- Pardo (Las Flores), a 220 km: cuatro yurtas para hasta ocho personas con talleres y cabalgatas.
- Mar de las Pampas, a 380 km: diez domos entre bosque y playa, con clases de surf y servicio de playa en verano.
- Tornquist, a 560 km: glamping serrano con caminatas y excursiones al Parque Provincial.
Antes de cerrar, vale la pena detenerse en un dato práctico que muchos subestiman: la distancia y la cantidad de viajeros son los dos ejes que ordenan esta lista. Si la idea es una escapada exprés en pareja, Villa Rosa resuelve todo a menos de una hora; si lo que se busca es agua dulce y espacio para una familia, Chascomús ofrece la relación más directa entre costa, servicios y precio; los grupos grandes encuentran en Pardo la capacidad que en otros lados no aparece; y los que privilegian el mar o la sierra aceptan las cinco o más horas de viaje a cambio de un paisaje que no se consigue más cerca. Como suelo decirle a los pacientes que me preguntan adónde ir: lo que importa no es sólo el destino, sino cuánto están dispuestos a manejar y con quién van a compartir la mesa. El resto, lo pone la naturaleza.
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