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Cómo actúan los medicamentos para la obesidad y por qué el seguimiento médico resulta clave para sostener los resultados en el tiempo

Pilar Quevedo, jefa de la División de Nutrición Clínica y Metabolismo del Hospital de Clínicas de la UBA, explicó ante este medio cómo intervienen la semaglutida y la tirzepatida sobre las señales del hambre y la saciedad, y describió el tipo de controles que requieren quienes los utilizan, con el objetivo de reducir grasa, preservar músculo y mantener el descenso de peso a lo largo del tiempo.

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Ramiro SegundoComunidades y territorio · 21 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Lo primero que quiero dejar en claro, porque siempre que se habla de medicamentos para bajar de peso aparece la misma confusión, es que estamos hablando de tratamientos que deben ser indicados y supervisados por profesionales de la salud, y no de soluciones mágicas que se toman por cuenta propia ni de reemplazos de la alimentación y la actividad física; con esa idea como punto de partida, la conversación con Pilar Quevedo, jefa de la División de Nutrición Clínica y Metabolismo del Hospital de Clínicas de la Universidad de Buenos Aires, se vuelve mucho más clara y aleja definitivamente la idea de que adelgazar sea una cuestión de fuerza de voluntad o de un supuesto autocontrol que, según cómo se lo mire, muchas veces no existe como tal.

Una evaluación médica antes de empezar y controles periódicos durante todo el proceso

Antes de recetar cualquiera de estos fármacos, el equipo de salud realiza una evaluación completa del paciente, porque no alcanza con mirar el peso en una balanza y nada más, sino que hay que conocer los antecedentes clínicos, los análisis de laboratorio, la composición corporal y, sobre todo, los objetivos reales de cada persona, ya que el descenso de peso no es igual para todos y tampoco lo es el tiempo en el que se logra; la dosis se va aumentando de manera gradual, en lo que en medicina se conoce como titulación, y cada paso se ajusta según la respuesta del organismo, la tolerancia y los eventuales efectos adversos que puedan aparecer a lo largo del camino, que es justo lo que hace indispensable el acompañamiento profesional permanente y no un control aislado al inicio y otro al final del tratamiento.

  • Preservación de la masa muscular durante el descenso de peso, evitando que se pierda tejido que el cuerpo necesita para mantenerse sano y fuerte.
  • Incorporación de ejercicio físico, combinando trabajo de fuerza con actividad cardiovascular según las posibilidades de cada paciente.
  • Plan alimentario sostenido en el tiempo, que contemple hidratación adecuada, descanso suficiente y acompañamiento profesional permanente.
  • Consideración del entorno familiar y laboral, ya que los hábitos cotidianos dependen en gran medida de las condiciones en las que cada persona vive y trabaja.

Qué hacen la semaglutida y la tirzepatida dentro del organismo

Lo que más me interesa transmitir, y lo que la especialista remarco con énfasis, es que la semaglutida y la tirzepatida son medicamentos que reproducen señales que el intestino humano genera de manera natural y que se comunican con otros órganos como el cerebro, el estómago y el páncreas, de modo que no se trata de sustancias externas que fuercen al cuerpo a algo desconocido, sino de herramientas que imitan procesos fisiológicos existentes; mientras la semaglutida actúa sobre un único receptor, la tirzepatida interviene sobre dos vías complementarias, y en ambos casos el resultado es una modificación de las señales relacionadas con el hambre, la saciedad y, en el caso de la tirzepatida, también con el control de la glucemia, lo que las vuelve especialmente útiles en personas que además de obesidad presentan diabetes o resistencia a la insulina.

“En el consultorio son muy frecuentes los relatos de hambre intensa, de dificultad para sentirse satisfecho con las comidas habituales y de episodios de consumo entre comidas, y todas esas experiencias forman parte de una enfermedad multifactorial que no se explica solamente apelando a la voluntad individual de cada paciente.”Pilar Quevedo, jefa de la División de Nutrición Clínica y Metabolismo del Hospital de Clínicas de la UBA

Hay un punto sobre el que Quevedo insiste y que vale la pena repetir porque cambia la mirada que muchas personas tienen sobre el tema, y es que después de adelgazar el organismo puede activar mecanismos fisiológicos que favorecen la recuperación del peso perdido, de modo que estos medicamentos también cumplen un papel importante en sostener el descenso durante el período de uso indicado por los profesionales, aunque al suspenderlos puede producirse una recurrencia, sobre todo si no existe una estrategia integral que acompañe el tratamiento, y eso explica por qué el seguimiento no termina cuando se deja la medicación sino que se extiende mucho más allá en el tiempo, con controles sucesivos que permiten verificar qué pasa con el cuerpo, con los hábitos incorporados y con la calidad de vida de quien atravesó todo el proceso.

Quiero cerrar esta nota, como suelo hacerlo cuando un tema toca fibras tan sensibles como las que se ponen en juego cuando se habla del propio cuerpo y del vínculo con la comida, volviendo a lo que la comunidad médica especializada viene pidiendo con insistencia, y es que el abordaje de la obesidad deje de pensarse como una responsabilidad individual atravesada por la culpa y pase a entenderse como lo que efectivamente es, es decir una enfermedad crónica y multifactorial que requiere un equipo interdisciplinario, controles sostenidos en el tiempo, políticas públicas que garanticen el acceso a los tratamientos y, sobre todo, el respeto por la dignidad de cada paciente que decide dar este paso.

RS
Ramiro SegundoComunidades y territorio

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