Convivencia en altura y silencio: cómo se reconfiguró la vida con gatos en los hogares argentinos
El último relevamiento de la consultora Voices muestra que la presencia de felinos pasó del 40 al 52 por ciento entre quienes tienen mascotas, en paralelo al avance de los hogares unipersonales y los departamentos en las grandes ciudades. Especialistas y rescatistas marcan qué necesita un gato para vivir bien dentro de una vivienda chica.

En la Ciudad de Buenos Aires, en cualquier pasillo de un edificio de_PROPERTY_LINE_ENDPHASE_HERE_LETTER_IN_ERROR_OUTPUT_BOUNDARIES_en cualquier pasillo de un edificio de propiedad horizontal, lo que antes era un departamento con un perro en la puerta hoy aparece con un plato de agua, un rascador y una caja de arena. La escena no es nueva, pero se volvió masiva: según la consultora Voices, entre los encuestados argentinos que tienen mascotas, la presencia de gatos subió del 40 por ciento en 2018 al 52 por ciento en 2026, mientras que la de perros bajó del 88 al 83 por ciento en el mismo período.
El movimiento coincide con un cambio profundo en la composición de los hogares. El Censo 2022 registró que en la Ciudad de Buenos Aires casi el 40 por ciento de las viviendas están habitadas por una sola persona y que cerca de tres cuartas partes de las unidades son departamentos. Para Silvina Muñiz, presidenta de la Asociación de Veterinarios especializados en Animales de Compañía en Argentina (AVEACA), esa combinación de personas que viven solas, jornadas laborales extensas y superficies reducidas ayuda a entender por qué los gatos se vuelven una elección cada vez más frecuente, aunque aclara que esa autonomía no equivale a prescindir del vínculo cotidiano con las personas.
Cómo se vive un gato en un departamento
Desde el refugio Proyecto 4 Patas sostienen que la vida dentro de una vivienda puede ser satisfactoria si el animal cuenta con superficies elevadas, rascadores, piedras sanitarias, actividades que estimulen el olfato y momentos diarios de interacción con quien comparte el hogar. Esa mirada coincide con la de Muñiz, que subraya que la cercanía física, el ronroneo y la compañía en un mismo ambiente aportan bienestar a personas que, en muchos casos, llegan a su casa después de largas horas de trabajo.
“Son más independientes, pero igualmente necesitan compartir tiempo con alguien.”Alejandro, 27 años, convive con Limón en un departamento
La desconfianza de los rescatados
Fernanda Lazzarino, voluntaria de Proyecto 4 Patas, explica que durante la última década se desarmó la idea de que los gatos callejeros son necesariamente distantes o incapaces de adaptarse a una casa. Entre los tres y los cuatro meses existe una etapa clave para que esos felinos se familiaricen con las personas, y después de ese período construir confianza sigue siendo posible, aunque puede demandar más dedicación y paciencia por parte de quien los adopte.
- Disponer superficies en altura para que el gato observe el ambiente desde lugares elevados.
- Ofrecer rascadores verticales y horizontales para mantener las uñas activas y cuidar los muebles.
- Ubicación accesible y limpia de la piedra sanitaria, preferentemente alejada del plato de comida.
- Juegos diarios que estimulen el olfato y la búsqueda, como esconder alimento en distintos puntos del departamento.
- Rutina de presencia y caricias: la autonomía del gato no reemplaza la necesidad de contacto con quien convive.
El número final, que la convivencia con gatos alcanzó a más de la mitad de los hogares que tienen mascotas en la Argentina, describe un proceso y, al mismo tiempo, plantea un recordatorio: detrás de cada felino que duerme al pie de la cama o se acomoda en la mejor silla del living hay un animal que, como decía Alejandro mientras Limón le pasaba por encima de los pies, también necesita que alguien le haga un rato de compañía antes de volver a sus propios asuntos.
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