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Lunes, 5 de octubre de 2026
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Cruise, Plemons y un magnate que sólo existe sobre las tablas: llega Digger, lo nuevo de Iñárritu

La película del director mexicano cruza crisis climática, capitalismo y teatro con un giro de perspectiva que cambia todo después del primer acto. Acá, los detalles del argumento y un final que deja más preguntas que respuestas.

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Marta TolabaCultura y espectáculos · · 3 min de lectura
Cruise, Plemons y un magnate que sólo existe sobre las tablas: llega Digger, lo nuevo de Iñárritu

Hay una ironía enorme en que Tom Cruise, el actor que más hizo por sostener la idea de que el cine es supervivencia pura, termine acá interpretando a un actor dentro de una película. Y ni siquiera queda claro desde el arranque. Eso, que parece un capricho, es en realidad la llave de entrada a Digger, lo nuevo de Alejandro González Iñárritu, que ya tiene trailer y trama filtrada al público.

La historia arranca con un magnate. Un tipo con un imperio, un apellido y un mundo que se fue al diablo. Para respirar en esa distopía hay que andar con mascarilla, y las mascarillas se venden. ¿Quién las vende? La familia del magnate, convenientemente. Ahí aparece Jesse Plemons como el sobrino, que es el verdadero motor de los negocios y, de paso, el que financia una obra de teatro donde se cuenta la vida de su tío.

El giro que redefine todo

Después del primer acto se cae la ficha: Cruise no es el magnate. Es el actor que lo interpreta sobre el escenario. Toda la primera parte, esa especie de biopoem empresarial de tío poderoso, era una puesta en escena. Y lo que se ve como el pasado del personaje es, dentro de la ficción, el origen del mundo roto que vemos afuera del teatro.

Acá quiero rescatar algo que no siempre se dice: Plemons se come la película. Cruise tiene la marca, el nombre en el cartel, la cara que se vende sola. Pero el sobrino que sostiene el imperio con las mascarillas y que, a la vez, paga para que la historia de su tío se convierta en espectáculo, es el verdadero corazón del relato. Es el que une los dos planos, el comercial y el artístico, el negocio y la escena. Y lo hace sin levantar la voz, que es la forma más efectiva de levantar la voz.

El final, que es lo que importa

En la función se representa la caída y la muerte del magnate, el tal Digger. El público aplaude, festeja, celebra el final. Cuando termina la obra, los espectadores se ponen las mascarillas, salen a la calle y tratan de no cruzarse con la policía. Teatro,, mesma merda. La sátira climática y la sátira capitalista se dan la mano y se van caminando.

Hay un detalle sonoro que me gustó y que merece mención: la música de los créditos ofrece momentos de alivio, aire, respiro, y los corta de golpe, sin aviso. Como si la película no te dejara tranquilo ni dos segundos después de terminada. Detrás de la butaca, en la vereda, en la sala de tu casa: el mismo aire enrarecido.

¿Mi recomendación? Esperen el estreno con paciencia, lean lo menos posible sobre los spoilers del segundo acto (si es que se filtran) y vean Digger en pantalla grande. La puesta teatral dentro del film pide butaca de cine, no living con celular. Iñárritu viene haciendo cosas discutibles desde Birdman para acá, pero esta tiene la pinta de ser de las que se defienden solas.

MT
Marta TolabaCultura y espectáculos

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