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Cuando el dolor no se anuncia de golpe: cómo reconocer las señales que dejan los jóvenes antes de un suicidio

En la Argentina, 5.209 personas se quitaron la vida en 2025 y la franja de 15 a 34 años es la más golpeada. La directora del Centro de Asistencia al Suicida de Buenos Aires explica qué mirar, qué preguntar y qué dejar de creer.

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Paola CardozoSalud y sociedad · 8 DE SEPT DE 2026 · 5 min de lectura

A María Fernanda Azcoitía le toca atender, una y otra vez, el teléfono que suena del otro lado del silencio. Es psicóloga, dirige el Centro de Asistencia al Suicida de Buenos Aires y hace años repite una misma idea, casi como un mantra clínico: el suicidio no llega de improviso, deja huellas, y la mayoría de las veces alguien cercano las vio pasar sin saber qué hacer con ellas. En la Argentina, esas huellas se multiplicaron de un modo que ya nadie puede mirar para otro lado: en 2025 se contabilizaron 5.209 muertes por suicidio, contra 3.304 en 2017. El salto, del 57,7%, empujó a esa causa de muerte hasta el primer lugar entre los 15 y los 34 años, por encima de los accidentes de tránsito, y la convirtió en una urgencia que ya no es solo de salud mental sino también de conversación cotidiana.

La tasa nacional pasó de 8,2 a 11,8 casos cada 100.000 habitantes en ese mismo período, según los registros oficiales. El fenómeno no es exclusivamente argentino: la Organización Mundial de la Salud viene advirtiendo desde hace más de una década sobre el crecimiento sostenido de la depresión y el suicidio a escala global. Pero en el país, dice Azcoitía, hay un dato que suele quedar afuera de los gráficos: el aislamiento social de la pandemia dejó una marca particular en quienes por entonces cursaban la escuela secundaria. Para los chicos y chicas que ya tenían dificultades para vincularse, el regreso a las aulas fue mucho más que volver a una rutina: fue reencontrarse con exigencias sociales, académicas y afectivas para las que, después de meses encerrados, no tenían los mismos recursos desarrollados.

El proceso nunca es un rayo en cielo despejado

La especialista insiste en una frase que repite cada vez que puede: "El suicidio siempre es multicausal, nunca hay una sola razón." Factores psicológicos, biológicos, familiares y relacionales se entrelazan como cables en un mismo circuito. Un derrumbe económico, una separación, un conflicto en la escuela o un duelo pueden ser parte del contexto, pero ninguno alcanza por sí solo para explicar una muerte. Buscar un único responsable, dice Azcoitía, es tan inútil como pretender arreglar una cañería mirando solo la gotera del techo: el problema casi siempre viene desde más adentro, y se expresa afuera con señales que los de alrededor pueden aprender a leer si se toman el trabajo de mirar con otra atención.

“El suicidio siempre es multicausal, nunca hay una sola razón. Factores psicológicos, relacionales, familiares y biológicos se combinan.”María Fernanda Azcoitía, directora del Centro de Asistencia al Suicida de Buenos Aires

Qué mirar en casa y en el aula

La pregunta del millón que cualquier madre, padre, docente o compañero de trabajo se hace es cómo distinguir una mala semana de algo más grave. Para Azcoitía no alcanza con recitar una lista de síntomas universales: lo que importa es comparar con la línea de base de cada persona. Un adolescente que siempre fue de abrazo fácil y de pronto se apaga; una chica tímida que de un día para el otro empieza a protagonizar episodios disruptivos; un pibe que deja de sentarse con sus amigos en el recreo y empieza a contestar con monosílabos: esos cambios, sobre todo cuando se sostienen en el tiempo, son los que encienden las luces de alerta. El aislamiento por sí solo no es una sentencia, es la diferencia con el patrón previo lo que hay que registrar, como cuando uno nota que la heladera hace un ruido nuevo: puede no ser nada, pero conviene abrirla y revisar antes de que se rompa algo.

  • En jóvenes que aún viven con su familia, la señal más concreta es el cambio brusco y sostenido respecto del carácter habitual: retraimiento donde había apertura, o irritabilidad donde había calma.
  • En jóvenes adultos que viven solos, la responsabilidad de advertir suele recaer en compañeros de trabajo o amigos; la desconexión progresiva de los espacios compartidos es una de las pistas más repetidas.
  • El uso de redes sociales como único canal de comunicación eleva el riesgo, sobre todo cuando desplaza los vínculos presenciales.
  • Las adicciones, los trastornos de la alimentación, el bullying, los abusos y los conflictos familiares funcionan como factores que potencian el cuadro, no como causas únicas.
  • Sobre las plataformas digitales, la especialista evita una condena general, pero advierte que su impacto cambia cuando la persona que las usa ya venía vulnerable.

Vuelvo al inicio, a ese teléfono que suena del otro lado del silencio. Azcoitía atiende llamados de personas que ya están pensando en hacerse daño y también de familiares o docentes que acaban de descubrir, muchas veces tarde, las señales que habían pasado por alto. Por eso subraya algo que parece obvio y sin embargo se olvida: el proceso nunca es instantáneo. Si en casa o en la escuela hay un joven que dejó de ser el de siempre, la conversación incómoda vale más que el diagnóstico certero. Preguntar, escuchar sin apuro y activar la red de ayuda puede ser la diferencia entre un final anunciado y una vida que vuelve a encontrar motivos para seguir.

A dónde recurrir

En la Ciudad de Buenos Aires funciona el Centro de Asistencia al Suicida (CAS), que atiende las 24 horas todos los días del año. Para quienes se encuentren en otras jurisdicciones, el Ministerio de Salud de la Nación dispone de líneas gratuitas y de información actualizada por provincia, mientras que la mayoría de las obras sociales y hospitales públicos cuentan con servicios de guardia en salud mental que pueden actuar como puerta de entrada. Pedir ayuda, del lado de quien la necesita y del lado de quien sospecha, no es un gesto menor: suele ser el primer paso concreto para que el dolor deje de ser un secreto.

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Paola CardozoSalud y sociedad

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