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Cuando el embarazo se reparte: la historia de Pamela y Mariana y el método que une a las dos madres en un mismo proyecto

Una pareja de mujeres relata cómo atravesó la técnica de reproducción asistida que permite que una aporte los óvulos y la otra geste. El especialista Agustín Pasqualini describe el procedimiento y explica cómo se define quién cumple cada rol.

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Paola CardozoSalud y sociedad · 17 DE SEPT DE 2026 · 5 min de lectura

A Pamela Visciarelli todavía le quedan en la memoria esas preguntas que le llegaron durante el embarazo de Mariana, su pareja. La miraban en la panza de ella y le preguntaban, con una mezcla de curiosidad y confusión, qué lugar ocupaba en esa familia que estaba por nacer. Ella respondía lo mismo, una y otra vez, con la paciencia de quien sabe que está abriendo una conversación que todavía a muchos les cuesta: yo también soy la mamá. Esa insistencia cotidiana, me cuenta Pamela cuando la busco para esta nota, fue la primera manera en que la maternidad se volvió pública antes de que Juana siquiera llegara al mundo.

Lo que permitió que Juana naciera lleva un nombre técnico que suena a sigla y esconde algo profundamente humano: ROPA, Recepción de Ovocitos de la Pareja. Se trata de una variante de la fecundación in vitro pensada específicamente para parejas de mujeres, en la que una aporta los óvulos y la otra lleva adelante el embarazo. Las dos quedan implicadas en el proceso, una con sus gametas y la otra con su útero, y por eso se suele decir que es un método que reparte la maternidad biológica. Yo, que cubro esta sección desde hace años, había leído sobre la técnica en papers y congresos, pero nunca la había escuchado relatada desde la sala de espera y el living de una casa, con una nena corriendo alrededor y la otra durmiendo en el moisés.

Cómo se decide quién aporta y quién gesta

Para entender por qué Pamela y Mariana terminaron haciendo lo que hicieron, conviene aclarar primero cómo se elige el reparto de roles. Agustín Pasqualini, especialista en medicina reproductiva, me lo explicó con una imagen que me quedó dando vueltas: dijo que no hay una regla fija y que la decisión se cocina entre tres ingredientes, que son los deseos de cada una, la historia clínica y, cuando los dos roles son viables, cómo imagina cada mujer su maternidad. La que aporta los óvulos entra en juego con su edad y con lo que en el lenguaje médico se llama reserva ovárica, una forma de medir cuántos óvulos útiles le quedan en el banco. La que va a gestar, en cambio, se evalúa con la salud general, los antecedentes ginecológicos y la condición del útero.

En otras palabras, y usando una comparación que a mí me sirve para explicárselo a quien me lee: si pensar en los óvulos es como pensar en una cuenta de ahorro que se va vaciando con los años, pensar en el útero es más bien como revisar las paredes y las instalaciones de una casa antes de mudarse. Las dos revisiones son distintas, y por eso la elección no se hace en abstracto, sino con estudios concretos sobre la mesa.

  • Edad y reserva ovárica de quien aportará los óvulos.
  • Salud general y antecedentes ginecológicos de quien gestará.
  • Condiciones del útero, evaluadas mediante estudios específicos.
  • Deseos de cada mujer sobre cómo quiere vivir la maternidad.

El procedimiento, paso a paso

Una vez definido quién hace qué, el tratamiento empieza con la estimulación ovárica de la mujer que donará los óvulos. Ella se aplica medicación durante varios días para que sus ovarios produzcan más óvulos que en un ciclo natural. Cuando están maduros, se los extrae en una punción guiada por ecografía. En paralelo, a la otra mujer se le prepara el endometrio, que es la capa interna del útero donde se implanta el embrión, con hormonas que se ajustan semana a semana. En el laboratorio, los óvulos se fecundan con semen de un donante anónimo y, unos días después, el embrión resultante se transfiere al útero de la futura gestante. Si todo va bien, lo que sigue es esperar el resultado del análisis de sangre que confirma el embarazo, y a partir de ahí, el seguimiento obstétrico habitual.

“Algunas parejas eligen esta alternativa para participar las dos corporalmente del proceso reproductivo. En otras, la distribución de roles responde además a motivos médicos.”Agustín Pasqualini, especialista en medicina reproductiva

La experiencia de Pamela y Mariana

Pamela y Mariana llegaron al método ROPA después de varios intentos frustrados. Su médica, Liliana Blanco, les propuso entonces un esquema concreto: que Pamela aportara los óvulos y que Mariana fuera quien gestara. Hasta ese momento, Mariana había hecho todos los tratamientos con óvulos propios, sin suerte. La idea de cambiar la estrategia, me cuenta Pamela, fue un sacudón pero también un alivio, porque por fin aparecía un plan que las incluía a las dos. Ellas ya habían charlado en casa quién llevaría el primer embarazo: por la diferencia de edad, querían que Mariana viviera esa experiencia antes de que el reloj biológico se les pusiera más estricto. Así fue como Juana nació de ese primer tratamiento, y dos años después, con los roles invertidos, llegó Eva, gestada por Pamela. Según recuerda, en ambos casos el embarazo se logró en la primera transferencia.

Vuelvo al principio de la nota, a esas preguntas que Pamela escuchaba en la calle mientras Mariana estaba embarazada de Juana. Lo que ella describe no es un detalle menor: es la prueba de que, aunque la biología puede repartirse con bastante precisión entre dos cuerpos, la mirada social todavía no termina de entender cómo una nena puede tener dos mamás y, al mismo tiempo, haber sido gestada por una sola de ellas. Esa incomodidad ajena, me dice Pamela, la obligó a explicarse más de lo que imaginaba, pero también le confirmó algo que ya sentía desde antes: que ser madre no se agota en el embarazo, y que la llegada de Juana fue, para ella, el momento en que pudo reconocerse como mamá sin necesidad de haber parido. Hoy, con Juana y Eva en casa, esa certeza dejó de ser una frase y se convirtió en una vida entera que crece a su alrededor.

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Paola CardozoSalud y sociedad

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