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Cuando el rencor se vuelve una segunda piel

El cuerpo puede seguir reaccionando como si la ofensa acabara de ocurrir. El estrés sostenido afecta el corazón, el sueño, el sistema inmunológico y el aparato digestivo, aunque el rencor por sí solo no determine una enfermedad.

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Paola CardozoSalud y sociedad · 7 DE SEPT DE 2026 · 2 min de lectura

A cualquiera le puede pasar: una discusión, una traición o una laboral queda dando vueltas en la cabeza durante días. Pero cuando el recuerdo vuelve una y otra vez, sin disminuir con el tiempo, deja de ser una molestia pasajera y se convierte en una carga que también se instala en el cuerpo.

El primer impacto se registra en el sistema cardiovascular. La presión arterial puede mantenerse elevada y la frecuencia cardíaca acelerarse incluso durante el descanso, como si el organismo continuara preparado para reaccionar frente a un peligro. El cortisol, la hormona asociada al estrés, también permanece más tiempo activo de lo habitual. Esa activación sostenida altera el sueño, favorece la acumulación de grasa abdominal y reduce la sensibilidad a la insulina.

Un estado de alerta que no termina

Para explicarlo de una manera sencilla, el cuerpo funciona como una casa con una alarma que nunca se apaga: el ruido original puede haber terminado, pero el sistema sigue esperando que vuelva a ocurrir. El psiquiatra Norberto Abdala, especialista en psiconeuroendocrinología, précise que no existe evidencia sólida para afirmar que el rencor provoque una enfermedad específica, pero sí que mantiene activados mecanismos perjudiciales para el organismo de forma sostenida. En ese sentido, señala que el cuerpo que paga la factura es siempre el propio.

La respuesta inmunitaria también se ve afectada. La demanda constante de alerta puede reducir las defensas frente a infecciones y favorecer una inflamación de bajo grado, un proceso silencioso relacionado con distintas enfermedades crónicas. A la vez, el cuello, la mandíbula y la espalda suelen acumular rigidez, lo que puede contribuir a cefaleas tensionales sin una causa médica aparente. El eje intestino-cerezo, por su parte, hace que el aparato digestivo sea especialmente sensible al estado emocional.

  • Presión arterial elevada y frecuencia cardíaca acelerada.
  • Alteraciones del sueño y fatiga sin relación con el esfuerzo físico.
  • Mayor rigidez muscular y posibilidad de cefaleas tensionales.
  • Inflamación de bajo grado y menor capacidad de respuesta inmunitaria.
  • Molestias digestivas derivadas de la relación entre intestino y cerebro.

La fatiga que provoca el rencor no necesariamente aparece después de hacer un gran esfuerzo físico. Es el desgaste de sostener, sin pausa, una respuesta de emergencia que el cuerpo había preparado para durar poco. Cuando el recuerdo se reactiva, aunque la amenaza ya no esté presente, el organismo vuelve a pagar los costos de esa vigilia. Por eso, la persona que sigue reviviendo una ofensa no solo carga con una historia: también puede cargar con las consecuencias de mantener al cuerpo en estado de alerta.

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Paola CardozoSalud y sociedad

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