Saltar al contenido
Sábado, 17 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instanteBuscar ⌕
Frontera Informa

Frontera Informa

Portada — Vida —

Cuando la calma del cuerpo es solo una apariencia: por qué los chequeos a tiempo pueden cambiarlo todo

Hay enfermedades que avanzan en silencio durante años. Una médica clínica y una paciente que descubrió su hipertensión en un control de rutina coinciden en que esperar a tener síntomas es, muchas veces, esperar demasiado.

PC
Paola CardozoSalud y sociedad · · 5 min de lectura
Cuando la calma del cuerpo es solo una apariencia: por qué los chequeos a tiempo pueden cambiarlo todo

Todavía me acuerdo de la cara de Susana cuando le tomé la presión en la guardia, esa madrugada de un martes cualquiera. Venía por un dolor en la muñeca que se había hecho torbellino con un golpe en el colectivo, nada grave, pensaba ella. Pero el tensiómetro marcó 160 sobre 100 y ella me miró como si le hubiera mentido: «Si yo me siento perfecto», me dijo, mientras se frotaba la muñeca y acomodaba el pullover en la camilla. Le expliqué que la hipertensión es como una cañería que pierde agua detrás de la pared: durante mucho tiempo no ves la humedad en el living, pero el daño se está cocinando igual. Susana tenía 52 años, nunca se había controlado la presión, y se fue de la guardia con un turno pedido en consultorios externos y la promesa de volver la semana siguiente. Volvió, y volvió al mes, y hoy, dos años después, sigue tomando su medicación todas las mañanas y todavía se ríe cuando me cruza por el pasillo y me dice que le salvé la muñeca, sin saber que en realidad le hicimos un favor mucho más grande.

Lo que el cuerpo calla, el consultorio lo descubre

La idea es bastante simple y, al mismo tiempo, bastante difícil de aceptar: que uno se sienta bien no significa que el organismo esté funcionando como debería. Algunas condiciones se desarrollan durante años sin dar señales evidentes, y cuando las dan, muchas veces ya se instalaron con todo su peso. Los controles médicos periódicos existen justamente para irrumpir en ese silencio: para revisar la presión arterial, ordenar análisis de sangre, actualizar el calendario de vacunas y decidir, según la edad y los antecedentes de cada uno, qué estudios extra hacen falta.

En una visita preventiva, el equipo de atención primaria registra peso, talla, presión arterial, frecuencia cardíaca y función respiratoria, y además evalúa ojos, oídos, piel y mucosas. Con esa radiografía inicial, el profesional define qué estudios de laboratorio corresponden según el sexo, la edad y el historial clínico. Los análisis aportan información sobre el funcionamiento renal y hepático, los niveles de glucemia y colesterol vinculados al riesgo cardiovascular, y la posible presencia de anemia o procesos inflamatorios. La indicación no es la misma para todos: depende de la conversación clínica que se tenga cara a cara con el paciente, y esa conversación se construye con preguntas sobre cómo se vive, qué se come, si se fuma, si se duerme bien.

Los antecedentes familiares pesan, y mucho

Cuando una persona se sienta en el consultorio y arranca a contar que al padre se le fue la vida con un infarto a los 55, que a la madre le diagnosticaron diabetes tipo 2 a los 48 o que un hermano pelea contra un cáncer de colon, el mapa cambia. Enseguida. Porque los antecedentes familiares directos son una de las llaves que el médico usa para decidir con qué frecuencia y desde qué edad empezar a controlar. Michelle Spencer, enfermera especializada certificada de la Universidad de Utah, lo puso en palabras sencillas: los cuidados preventivos contemplan el historial médico, los antecedentes familiares y el estado presente de salud para armar un plan individual. No es lo mismo un chequeo cada tres años a los 25 sin nada raro en la familia, que un seguimiento mucho más minucioso a los 35 si la carga genética empuja en otra dirección.

Una frecuencia que cambia con las décadas

Las recomendaciones generales suelen moverse en rangos. Entre los 20 y los 30, una persona sana sin antecedentes puede pasar por el consultorio cada uno a tres años. A partir de los 40, la balanza suele inclinarse hacia controles anuales, sobre todo porque empiezan a aparecer marcadores que conviene mirar de cerca. Entre los 45 y los 75 se incorpora la detección de cáncer colorrectal, y la colonoscopia cada diez años es una de las alternativas más habituales, aunque los antecedentes familiares o personales pueden adelantar la primera exploración y acortar los intervalos. Desde los 50 hasta los 59, los chequeos anuales se vuelven moneda corriente, y a partir de los 60 la frecuencia y el tipo de estudios se ajustan a las enfermedades crónicas que pudieran haberse sumado al camino.

“Esperar a tener síntomas para hacerse un estudio es, muchas veces, llegar tarde a la propia historia clínica. El cuerpo no siempre avisa: a veces susurra tan bajo que solo un ojo entrenado y una rutina de controles pueden escucharlo.”Paola Cardozo, Salud y sociedad

Embarazo, crónicas y otras razones para no saltearse la cita

Hay etapas de la vida en las que los controles se intensifican de manera especial. Durante el embarazo, las consultas prenatales regulares permiten detectar a tiempo complicaciones como preeclampsia, diabetes gestacional, problemas de crecimiento fetal o infecciones que pueden poner en riesgo a la mamá y al bebé. Quienes conviven con una enfermedad crónica — diabetes, hipertensión, enfermedades tiroideas, cardiopatías, problemas renales o pulmonares — necesitan una agenda de controles adaptada a su cuadro, donde los análisis y las consultas se encadenan según la estabilidad del tratamiento. Y también están las vacunas: el calendario no se termina en la infancia, y revisar la cobertura de tétanos, hepatitis, gripe y otras enfermedades a lo largo de los años es parte central de cualquier visita preventiva.

Vuelvo a Susana cada vez que alguien me pregunta para qué sirve un chequeo si uno se siente bien. Ella se sentía perfecta la noche que se cayó en el colectivo, y sin embargo algo se le cocinaba por dentro hacía años. Hoy me cuenta, mientras me muestra el pullover nuevo y se ríe de la vez que la convencí de sacarse sangre, que no se imagina lo que habría pasado si aquella noche no se hubiera golpeado la muñeca. La próxima vez que el cuerpo le pida a gritos una excusa para ir al médico, lo va a hacer antes. Y eso, en este oficio de cuidar personas, es la mejor noticia que me puedo llevar a casa.

PC
Paola CardozoSalud y sociedad

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo