Cuando la gripe se complica: las señales que obligan a correr al médico y por qué ningún cuadro está libre de riesgo
El infectólogo Dhatri Kotekal advirtió que la mejoría aparente puede ser la antesala de una infección secundaria como neumonía o sepsis, y que personas sin antecedentes tampoco están exentas de terminar internadas. Cuáles son los síntomas de alarma, qué grupos deben extremar los cuidados y por qué la vacunación anual sigue siendo la herramienta central de prevención.

Sentirse mejor durante un cuadro gripal y, de un día para otro, volver a encontrarse mal no es un capricho del cuerpo ni una recaída menor: es una de las señales más claras de que algo se complicó, y de que hay que consultar sin demora. Así lo explicó Dhatri Kotekel, especialista en enfermedades infecciosas consultado por la Clínica Cleveland, al repasar las complicaciones graves que puede arrastrar la influenza cuando el organismo no logra controlar al virus y queda expuesto a infecciones secundarias que, en los casos más severos, terminan en terapia intensiva.
Las señales de alarma que no admiten espera
- Dificultad para respirar o sensación de falta de aire, incluso en reposo.
- Dolor o presión persistente en el pecho.
- Labios o uñas con tono azulado, indicador de insuficiente oxigenación.
- Confusión súbita, desmayo o alteración del nivel de conciencia.
- Vómitos intensos o deshidratación severa que impide retener líquidos.
- En niños pequeños, respiración acelerada y llanto que no se calma con los cuidados habituales.
Kotekel fue enfático al remarcar que la evolución del cuadro importa tanto como los síntomas del comienzo, y que ese cambio de tendencia tras una mejoría temporaria suele ser la pista que orienta hacia una neumonía bacteriana sobreinfectando un sistema ya debilitado por el virus.
Quiénes están en la primera línea de riesgo
Aunque la gripe puede complicarse en personas previamente sanas, hay grupos donde el deterioro puede producirse en apenas 24 o 48 horas: quienes viven con diabetes, enfermedades renales, cardiopatías, patologías pulmonares como asma o EPOC y obesidad. También integran ese listado los menores de cinco años, los mayores de 65 y las embarazadas, una población en la que la infección puede además comprometer al bebé.
De la neumonía al infarto: el abanico de complicaciones
La neumonía es la complicación potencialmente mortal más frecuente, ya sea por avance directo del virus hacia los pulmones o por una infección bacteriana que aprovecha las defensas debilitadas. Le siguen la sepsis, una reacción extrema del sistema inmunitario que termina dañando tejidos y órganos propios; el empeoramiento del asma o la EPOC; la insuficiencia respiratoria aguda; y, en pacientes con cardiopatías previas, alteraciones del pulso y la presión arterial que pueden desembocar en un infarto o en un accidente cerebrovascular.
Tanto la influenza A como la B pueden causar cuadros severos, por lo que el tipo de virus circulante no descarta el riesgo individual: estar sano antes de contagiarse reduce las chances, pero no las elimina. Por eso el especialista insistió en que la herramienta de prevención más sólida sigue siendo la vacunación anual, sumada a la consulta temprana ante los primeros signos de alarma, una decisión que, en los grupos vulnerables, puede marcar la diferencia entre pasar la gripe en casa y terminar internado.
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