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Lunes, 12 de octubre de 2026
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Cuando la web la navegan las máquinas: el dilema del tráfico que ya no es humano

El crecimiento de los agentes de inteligencia artificial está reconfigurando la economía del contenido digital: los sitios pierden visitas, ingresos publicitarios y suscriptores, mientras la industria debate cómo cobrar por el uso de sus datos en el entrenamiento de modelos.

IE
Iván Escobar NazarCampo y producción · · 3 min de lectura
Cuando la web la navegan las máquinas: el dilema del tráfico que ya no es humano

Durante décadas, la economía del contenido digital se sostuvo sobre un acuerdo implícito que casi nadie se molestaba en poner por escrito: los buscadores rastreaban e indexaban las páginas de los medios y, a cambio, derivaban hacia ellas a usuarios que podían convertirse en lectores, suscriptores o audiencias publicitarias. Ese pacto silencioso, que ordenó buena parte de la expansión de internet, comenzó a erosionarse con la masificación de los modelos de inteligencia artificial y hoy se encuentra ante una encrucijada que los principales actores del sector todavía no logran resolver.

La novedad no es la mera presencia de bots en la red, un fenómeno conocido desde hace años, sino un cambio de escala y de naturaleza. Los agentes de inteligencia artificial ya generan más tráfico que los usuarios humanos, y lo hacen de un modo cualitativamente distinto: ejecutan múltiples tareas en paralelo, de forma automática y en fracciones de tiempo que un visitante real jamás podría igualar. El resultado es lo que varios analistas describen como una internet de dos capas: una visible, la que recorren las personas, y otra paralela, invisible para el lector común, donde los agentes operan de manera continua sobre el contenido publicado.

El fin del intercambio que financiaba a los medios

Las consecuencias para los productores de contenido son directas y, en muchos casos, devastadoras para sus modelos de negocio. Un agente de inteligencia artificial no hace clic en un aviso publicitario, no completa un formulario de suscripción ni genera una impresión facturable para el editor. El material es consumido, indexado, procesado y devuelto al usuario final en forma de respuesta, pero el intercambio económico que durante años sostuvo la producción periodística simplemente no ocurre.

Los diarios son un caso especialmente ilustrativo, porque su valor para los modelos es doble: por un lado, están escritos por periodistas con dominio del lenguaje, lo que los convierte en materia prima de calidad para entrenar sistemas generativos; por otro, publican información de actualidad que los modelos no pueden obtener de otra fuente, ya que se trata de datos posteriores al corte de entrenamiento de cualquier sistema cerrado.

“La cuestión de fondo es que el contenido es consumido, pero el intercambio económico que lo financiaba no ocurre.”Descripción del nuevo escenario

La búsqueda de un mercado para los datos

Frente a este escenario, distintas empresas de infraestructura web trabajan en el desarrollo de mecanismos que permitan a los creadores decidir qué bots pueden acceder a su contenido y bajo qué condiciones económicas. La propuesta más ambiciosa apunta a construir un mercado donde el uso de datos por parte de un modelo de inteligencia artificial implique, de manera automática, una compensación para quien los produjo. Hasta el momento no existe un estándar consolidado ni una regulación global que lo vuelva obligatorio, aunque hay antecedentes regulatorios: en 2021 Australia sancionó una ley que obliga a las grandes plataformas digitales a negociar pagos con los medios de comunicación.

La cuestión del tráfico de referencia también se volvió más compleja. Cuando un usuario llegaba a un sitio desde un buscador, quedaba registrado de dónde venía y el editor podía atribuir esa visita a una fuente concreta. Con los modelos de inteligencia artificial esa trazabilidad se diluye, porque la información se ofrece como respuesta directa sin que el usuario necesite visitar la página original, lo que borra cualquier señal sobre el origen del contenido.

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Iván Escobar NazarCampo y producción

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