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De maestra a mamá de siete: la historia de María Laura y los seis hermanos que la eligieron en un recreo

En la Asociación Civil Adopten Niñes Grandes, una docente que tuvo a dos de los chicos como alumnos relata cómo pasó de vivir en un departamento pequeño a integrar una familia con siete hijos, de 1 a 20 años, y por qué el proceso incluyó una separación, un vínculo construido de a poco y un embarazo que llegó como una confirmación.

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Ramiro SegundoComunidades y territorio · · 6 min de lectura
De maestra a mamá de siete: la historia de María Laura y los seis hermanos que la eligieron en un recreo

Soy Ramiro Segundo, de Comunidades y territorio, y me llega una historia que empieza en la ciudad de Buenos Aires, en un aula cualquiera de una escuela a la que concurrían seis hermanos que vivían institucionalizados desde hacía cinco años. Ahí, en ese pasillo y en ese recreo, la vida de María Laura, maestra de 38 años, cambió para siempre, porque fue ahí donde seis chicos se le acercaron y le dijeron, delante de todos, la frase que terminó de ordenar todo: «Te elegimos para ser nuestra mamá».

La historia arranca con un dato que parece chico y no lo es: María Laura era la seño de dos de esos seis hermanos y, además, colaboraba con el hogar donde vivían los seis. Conocía sus nombres, sus peleas, sus hábitos, las dificultades de cada uno, y desde ese lugar empezó a gestarse la idea, primero como algo casi impensado, después como un deseo que tomó forma concreta. «Vivía en un departamento pequeño», reconoció ella, y la magnitud de lo que estaba evaluando hacerse cargo la obligaba a pensar en plural, no solo por los seis niños, sino también por su pareja, que en ese momento planteaba sus propios reparos sobre la posibilidad real de sostener económicamente a seis chicos a la vez.

Una separación, un trámite y la decisión de seguir sola

El proceso que regula la adopción de niños y niñas en Argentina está enmarcado por la Ley 24.779, que establece los plazos y los pasos que debe atravesar cualquier pretenso adoptante, y por la Convención sobre los Derechos del Niño, que en su artículo 21 prioriza el interés superior del menor y, cuando es posible, el mantenimiento de los hermanos juntos dentro de una misma familia. Ese principio, el de no separar a los vínculos fraternos, es el que en la práctica terminaron de confirmar los propios chicos cuando se acercaron a María Laura en el recreo, porque no le pidieron que adoptara a uno, ni a los gemelos ni a los mellizos: le pidieron que se quedara con los seis, juntos, como siempre habían estado.

“Quiero estar con los seis.”María Laura, cuando le preguntaron si quería a uno, a los gemelos o a los mellizos

La pareja se separó de manera temporaria y María Laura quedó al frente de los trámites sola. En paralelo, los hermanos, que no habían querido ser adoptados de entrada, empezaron a probar de a poco cómo era vincularse con alguien que no pertenecía al sistema sino a sus afectos por fuera de él. La figura que usaron en ese tramo intermedio no fue la de madre ni la de familia adoptiva: fue la de referente afectivo, una categoría que en la práctica funciona como un puente regulado por los equipos técnicos del organismo de protección de derechos de la Ciudad, con autorización de la justicia y con visitas y encuentros pautados, y que les permitió a las dos partes tantear el vínculo sin la presión de un paso todavía demasiado grande.

El recreo, el «te elegimos» y el cambio de carátula

La más grande de los seis, Daiana, hoy de 20 años, había ocupado durante los cinco años dentro del hogar un rol que la excedía en edad: cuidar a sus hermanos, organizar la rutina, sostener al grupo. Cederle ese lugar a otra persona fue un proceso propio, con sus tiempos y sus resistencias, y la propia María Laura lo describe como un trabajo que la adolescente tuvo que hacer de manera consciente. «La más grande tenía que cederme el derecho a cuidarlos. Fue un desafío que ella tuvo que afrontar: dejarme el cuidado de los chicos a mí, de a poco», recordó María Laura, y esa frase resume mejor que cualquier definición técnica cómo se fue armando, visita a visita, la confianza que sostiene hoy la convivencia.

El recreo, entonces, fue el punto de inflexión. No fue una formalidad en un juzgado ni la firma de un expediente: fueron los propios chicos los que se acercaron y le dijeron «te elegimos para ser nuestra mamá», y desde ese momento el proceso que llevaba varios años empezó a reorientarse hacia la convivencia efectiva. Ahí se cruzaron la decisión de los chicos con la decisión de María Laura, y la justicia entendió, en línea con la Convención sobre los Derechos del Niño, que la voluntad de los seis hermanos de permanecer unidos y la voluntad de la pretensa adoptante de recibirlos a todos conformaba un interés superior del menor que correspondía resguardar.

La familia hoy, uno por uno

  • Daiana, 20 años, la mayor, estudiante de Abogacía, referente afectivo de los más chicos durante la etapa institucional.
  • Zaira, 18 años, cursa el último año del secundario y está terminando de definir su próximo paso.
  • Lionel, 16 años, uno de los mellizos, asiste a la escuela técnica junto a sus hermanos.
  • Maiara, 16 años, la otra melliza, comparte el aula con Lionel en la escuela técnica.
  • Daniel, 13 años, uno de los gemelos, estudiante de la escuela técnica.
  • Milo, 13 años, el otro gemelo, compañero de Daniel y de los mellizos en la misma escuela técnica.
  • Nahitan, poco más de un año, el bebé que llegó después de la guarda: uno de los gemelos le besó la panza antes de que María Laura supiera que estaba embarazada y dijo «hola, bebé».

El embarazo llegó cuando la guarda ya estaba consolidada, y de algún modo vino a confirmar lo que los chicos habían puesto en palabras en el recreo. Hoy la familia está completa: la pareja de María Laura retomó el vínculo y ocupa el rol de padre, los hermanos mayores cuidan a Nahitan con entusiasmo y los más grandes de la camada escolar ayudan con los más chicos. María Laura, además, participa de la Asociación Civil Adopten Niñes Grandes, un espacio que nuclea a familias adoptantes de niños y niñas por encima de los seis o siete años y que trabaja para visibilizar la adopción de hermanastros, que estadísticamente son los que más demoran en encontrar familia, precisamente porque el sistema prioriza que no se separen.

“Son el amor de mi vida. Es la familia que siempre esperé, siempre quise una familia grande y hoy la tengo unida.”María Laura, mamá de siete

Cierro la nota como empecé: en un recreo, con seis chicos que se acercaron a decirle a su seño lo que ninguno de los dos había terminado de animarse a poner en palabras. María Laura y Daiana, en distintos momentos, tuvieron que aprender a compartir el cuidado de los mismos niños: una entregándolo de a poco, la otra recibiéndolo de a poco, las dos con paciencia, hasta que los papeles, la convivencia y el «te elegimos» terminaron de dibujar una familia que hoy, en un mismo techo, tiene 1, 13, 13, 16, 16, 18 y 20 años. Para la comunidad de la Asociación Civil Adopten Niñes Grandes, lo que pidieron textualmente cuando se acercaron a visibilizar la historia fue que se entienda que la adopción de grupos de hermanos es posible, que el tiempo de estos procesos es largo y que la familia, cuando aparece, vale cada paso.

RS
Ramiro SegundoComunidades y territorio

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