Doce series para no aburrirse este finde: del colapso social al vértigo de los corderos en Yorkshire
Una guía desordenada y personal para recorrer el catálogo que va de los ocho capítulos agobiantes de la serie francesa a las cuatro temporadas de una familia inglesa en una isla griega, pasando por conspiraciones, pueblos sospechosos y universitarios en duelo.

Aceptémoslo: elegir qué serie ver se volvió un deporte de riesgo. Uno se sienta frente al catálogo, se estira, dice "hoy sí" y termina mirando el techo del living durante cuarenta minutos. Por eso, cuando aparece una selección como esta, uno se agarra de lo que puede. Son doce ficciones, de varios países y varios formatos, que se pueden tomar como un menú o como una excusa para postergar el resto de la vida adulta. Van desde los ocho episodios breves y asfixiantes de El colapso (cada uno, un plano secuencia de unos veinte minutos sobre el fin del mundo) hasta las cuatro temporadas de Los Durrell, esa familia inglesa que se fue a Corfú a arruinarse con encanto.
Si lo que uno quiere es suspenso, hay tres caminos bastante distintos. La ruta del dinero es una producción danesa que arranca con un trabajador muerto en un parque eólico y termina mostrando cómo se cocinan ciertas prácticas empresariales. Glue, del guionista Jack Thorne, lleva el misterio a un pueblo rural inglés donde aparece un cadáver debajo de un tractor y los adolescentes del lugar empiezan a quedar expuestos. Y si lo que apetece es la conspiración desatada, Utopia, de Dennis Kelly, tiene lo suyo: un grupo de usuarios de un foro se topa con el manuscrito de una novela gráfica que parece anticipar catástrofes, y a partir de ahí empieza una persecución que no termina bien para nadie.
Los vínculos, las pérdidas y alguna que otra oveja
Después viene el lote de las historias que se ensucian con lo emocional. En The Virtues, Stephen Graham hace de un hombre que vuelve a Irlanda a enfrentar un trauma de la infancia y a reencontrarse con su hermana. Es de esas ficciones que uno ve solo y después no le cuenta a nadie de qué va. Big Boys, en cambio, se anima a meter el duelo en una universidad: Jack llega después de pasar un año encerrado en su casa por la muerte de su padre y termina conviviendo con Danny, su compañero de cuarto. La serie tiene tres temporadas y no se agota con el golpe inicial.
También hay sitio para amistades adultas en Leonard y Hungry Paul, con Alex Lawther y Laurie Kynaston, que sobreviven a una muerte, una boda y un romance sin perder del todo la sonrisa. Y si el lector quiere algo más largo y amable, Todas las criaturas grandes y pequeñas lleva seis temporadas siguiendo al joven veterinario James Herriot en el Yorkshire de los años treinta, con sus vacas, sus perros y sus pueblos donde todos se enteran de todo.
- El colapso: ocho episodios breves, plano secuencia, fin del mundo en tiempo real.
- Los Durrell: cuatro temporadas, una familia en Corfú y muchos animales.
- La ruta del dinero: suspenso danés con muertos en parques eólicos.
- Glue: pueblo inglés, tractor sospechoso, adolescentes en problemas.
- Utopia: conspiraciones, novelas gráficas proféticas y persecuciones.
- The Virtues: Stephen Graham en Irlanda, buscando cerrar heridas viejas.
- Big Boys: duelo, universidad y un compañero de cuarto entrañable.
- Leonard y Hungry Paul: dos amigos, una boda, un duelo y algo de humor inglés.
- Todas las criaturas grandes y pequeñas: seis temporadas de Yorkshire y veterinaria.
- Queer As Folk: tres hombres gays en el Manchester de Russell T. Davies.
- Nolly: Helena Bonham Carter como Noele Gordon, reina de la tele británica.
- Such Brave Girls: hermanas, madre soltera y humor ácido británico.
Un rescate y una recomendación
De toda la lista me quedo con un nombre que suele quedar eclipsado por los más conocidos: Laurie Kynaston, el partenaire de Alex Lawther en Leonard y Hungry Paul. Es de esos actores jóvenes que todavía no son famosos pero ya sostienen escenas enteras con la mirada. Si alguien quiere empezar por ahí, hágalo: la serie es corta, los personajes respiran y el tono está a mitad de camino entre la comedia y el golpe bajo emocional. Y si lo que se busca es pasar el rato sin pensar demasiado, Such Brave Girls cumple con un humor ácido que no le pide permiso a nadie.
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