Dos verdes, un pueblo perdido y un misterio que tiene más de Fargo que de Marvel
La nueva serie de DC se anima a dejar los puñetazos para abrazar el thriller lento y ASADO de los pueblos del medio oeste. Kyle Chandler y Aaron Pierre se prenden la soga al cuello en una historia que no le pide permiso a nadie.

Confieso que cuando me dijeron que venían por Linterna Verde yo ya estaba preparando el bostezo. Capa, anillo, un tipo con voluntad férrea y de yapa un montón de extraterrestres berreando justicia cósmica. Pero NO. La serie se llama Linternas, tiene a dos de esos personajes y los manda a Nebraska, a un pueblo que parece sacado de un Polaroid viejo, donde los vecinos se conocen por el ruido de la cortadora de césped. Ahí empieza el quilombo.
Hal Jordan, el veterano, y John Stewart, el discípulo, reciben una señal rarísima desde el propio anillo de Hal: una especie de holograma que activa todas las alarmas y los lleva hasta Rushville. Lo que parecía un trámite burocrático del cuerpo de Linternas Verdes termina destapando una conspiración que, según nos adelantan, tiene escala planetaria (nunca mejor dicho, considerando que los anillos defienden el universo entero).
Una historia que vuela bajo
El punto es el tono. Más que un blockbuster de superhéroes, la serie se comporta como una miniserie policial al estilo de las que EEUU viene cocinando desde hace décadas: oscura, con el misterio como combustible y la acción apareciendo cuando la trama lo pide y no al revés. Los creadores lo sabían: Tom King (con un currículal extenso en los cómics de la editorial) y Damon Lindelof (que ya había probado con material de DC en Watchmen) construyeron esta historia por fuera de las pelis previas del universo. O sea: nula atadura a lo que ya se vio en pantalla. Manga fresca.
Kyle Chandler se pone la capa de Hal Jordan y Aaron Pierre la de John Stewart. La química entre los dos es la posta: uno veterano al que le pesa el hombro, el otro más joven y con ganas de comerse el mundo, los dos chocando cada vez que coinciden criterios. Cada discusión, cada acuerdo a regañadientes, carga con lo emocional de la tira. Pero hay un nombre al que vale la pena seguirle el rastro y que no es ninguno de los dos: Kyle Chandler. Sí, el mismo de Friday Night Lights y de la saga El club de la pelea, uno de esos actores norteamericanos que sabe poner la cara de póker mientras todo a su alrededor arde. Encarnar al Linterna Verde cansado de ser Linterna Verde le queda como anillo al dedo.
La crítica especializada la metió en el lote de las mejores ficciones de ciencia ficción del año, y eso ya es un dato para tener en cuenta (aunque a veces esos rankings huelen a pacto entre críticos que se copian la lista). Lo concreto es que promete tensión, no superpoderes. Si te copa Fargo, Mindhunter o cualquier drama policial con (perdón, se me escapó: con sospechosos), probablemente te guste más de lo que esperás. Y si vas en busca de explosiones planetarias cada cuatro minutos, mejor reserva otro rato. Recomendación concreta: ve los primeros dos capítulos antes de juzgarla. Después me contás.
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