Fernando Confessore se fue con un chiste y un cielo sin pronóstico

Hay una regla no escrita en los noticieros argentinos: el meteorólogo siempre tiene la culpa. Llueva, truene o haga un calor de novela, alguien va a mirarlo a la cara y reclamarle por el paraguas que se olvidó. Fernando Confessore sobrevivió treinta años a esa presión con la única herramienta que importa: no tomarse demasiado en serio. Se fue el viernes, de golpe, en su casa de Versailles, con un libro de meteorología coescrito en el 2006, tres hijas (Julieta, Candela y Jimena), una esposa llamada Paula Franco y la camiseta de Vélez Sarsfield puesta hasta en el alma. Tenía 58. Y una frase pendiente: Yo voy a estar siempre.
La tormenta que le cambió la vida
(Acá va una de esas ironías que la vida escribe sola.) Confessore se volvió meteorólogo el 31 de mayo de 1985, a los 16 años, no por una vocación temprana ni por un libro de ciencias, sino porque ese día Buenos Aires se le vino abajo. Cayeron 330 milímetros en 48 horas, un cuarto de la Capital quedó bajo el agua y hubo catorce muertos. El pibe iba camino al colegio y se encontró con el agua a la altura de las rodillas. Miró al cielo y resolvió que alguien tenía que contarle a la gente qué iba a pasar para que estuviera preparada. Lo recordó Santiago do Rego, su colega y conductor, que compartió con él años de noticiero. De ahí en más, cada mapa satelital, cada isoterma y cada alerta temprana tuvieron un poco de aquel chico empapado del 85.
“Yo voy a estar siempre. Estaba acá, no me veías, pero estaba acá. Siempre presente.”Fernando Confessore, en su último pronóstico del jueves
Su último pronóstico lo dio el jueves por la tarde. Antes de irse del estudio, bromeó con sus compañeros. Horas más tarde, en su domicilio de Versailles, sufrió una descompensación y murió. Eso es todo y, a la vez, es demasiado. Porque un hombre que se despide diciendo que va a estar siempre y al día siguiente no está, deja un agujero del tamaño de un frente de tormenta en cualquier noticiero que se precie.
Los que lo despidieron
Mauricio Saldívar, su socio en el libro Meteorología para todos (2006), publicó una foto de los dos bajo cielo abierto: Qué tristeza y sorpresa enorme. Un placer haber compartido contigo la pasión por la meteorología. Hasta siempre, Fernando. Cecilia Martí, colega de muchísimas tardes de mesa de noticiero, lo despidió con la cuota de humor que el propio Confe habría festejado: Confe, ¿va a nevar en Buenos Aires? Me divertía mucho picantearte y vos, siempre con esa respuesta tan seca, terrenal y divertida. Eleonora Cole fue al hueso: sencillo, de perfil bajo, profesional como pocos y un tipazo de corazón enorme.
El club, la familia y una jugadora de vóley
Su hija mayor, Julieta, jugadora de vóley, eligió las redes para despedirlo. Dos historias con fotos familiares y una sola frase: Te voy a amar y extrañar toda la eternidad. El Club Atlético Vélez Sarsfield, del que Confessore era socio y vecino, emitió un comunicado oficial: Su claridad para comunicar, su profesionalismo y su cercanía con el público lo convirtieron en una de las figuras más reconocidas de la meteorología televisiva. Su partida genera una profunda tristeza en la familia velezana. Detrás del protocolo, lo que había era un hincha más despidiendo a uno de los suyos.
- Fernando Confessore tenía 58 años y más de tres décadas frente a cámaras en distintos noticieros argentinos.
- Su debut como meteorólogo se remonta a la histórica tormenta del 31 de mayo de 1985, cuando él tenía 16 años y Buenos Aires quedó bajo el agua.
- Estaba casado con Paula Franco y era padre de tres hijas: Julieta, Candela y Jimena.
- En 2006 coescribió con Mauricio Saldívar el libro Meteorología para todos.
- Era socio del Club Atlético Vélez Sarsfield, que lo despidió con un comunicado institucional.
- Falleció en su casa de Versailles tras una descompensación, un día después de su último pronóstico en televisión.
(Rescato, sí, a un hombre que nunca pidió que lo rescataran: a Santiago do Rego, que tiene la mejor de las virtudes en un noticiero, la memoria. Fue él quien guardó el origen de la vocación de Confessore y lo contó cuando ya no estaba. Esos colegas que recuerdan fechas exactas y frases textuales son los que hacen que la tele no se la lleve el viento.) Si nunca lo vieron trabajar y les queda la curiosidad, busquen cualquier archivo de los noticieros donde él explicaba el clima. Van a encontrar a un tipo con la voz calma, la respuesta seca y el chiste corto. Exactamente igual a cómo se fue.
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