Gabriel Rolón y la trampa de vivir en los recuerdos: por qué idealizar el pasado puede dejar sin presente
El psicólogo y escritor advirtió que aferrarse a una versión editada de lo vivido o postergar la felicidad en nombre de los sueños puede dejar a una persona fuera de su propia vida actual.

Yo arrancaría esta nota desde un lugar que conozco bien, porque me toca de cerca cada vez que alguien se sienta frente a mí y me cuenta que todo lo bueno le pasó hace veinte años o que todo lo bueno le va a pasar cuando se jubile, cuando los chicos se vayan, cuando ahorre lo suficiente. Es una conversación que se repite en los barrios, en las plazas, en las mesas de los domingos, y que el psicólogo y escritor Gabriel Rolón volvió a poner en el centro de la escena con una advertencia tan simple como incómoda: cuando la felicidad queda siempre ubicada en otro tiempo, el presente se queda sin dueño.
La idea central de su planteo es que tener proyectos y valorar lo vivido puede acompañar la búsqueda de bienestar, pero existe una delgada línea entre usar el pasado como combustible y quedar atrapado en él como si fuera el único lugar donde se puede estar bien. Según explicó el especialista en una entrevista reciente, la dificultad no aparece cuando alguien reconoce que hubo momentos felices, sino cuando esos recuerdos empiezan a funcionar como un refugio que desplaza la posibilidad de construir nuevas satisfacciones hoy.
Los sueños como meta y como excusa
Rolón no discute la importancia de los proyectos. Al contrario, los considera parte constitutiva de una vida con dirección. Lo que cuestiona es otra cosa: la postergación permanente del bienestar en nombre de un futuro que nunca termina de llegar. La frase que eligió para resumirlo fue directa y, al mismo tiempo, una pequeña orden para el que la escucha.
“Intentemos algo aquí, ahora.”Gabriel Rolón, psicólogo y escritor
Esa invitación a probar en el presente no niega que haya horizontes hacia los cuales caminar. Lo que pone sobre la mesa es que la búsqueda de sentirse bien también puede y debe tener lugar en la vida que se está viviendo, no solamente en la que uno imagina o en la que ya pasó.
La memoria como archivo editado
Sobre los recuerdos, Rolón planteó algo que a mí, como cronista de la vida cotidiana, me resulta especialmente atendible: la memoria no guarda una copia fiel de lo ocurrido, sino una versión que el propio psiquismo va moldeando con el paso del tiempo. El especialista usó una imagen muy gráfica para describir ese mecanismo, que él vincula con la manera en que las personas reconstruyen escenas, personas y etapas enteras de su biografía.
“Hacemos como una edición, un photoshopeo de los recuerdos.”Gabriel Rolón, psicólogo y escritor
Como ejemplo, mencionó que es frecuente que alguien recuerde a sus padres ya fallecidos con mayor nobleza o sensibilidad de la que tal vez tenían en la vida diaria, o que reconstruya la propia infancia como una etapa más bella de lo que efectivamente fue. Para el psicólogo, esas experiencias conservan su valor, permiten comprender el recorrido personal, reconocer los esfuerzos realizados y valorar los vínculos construidos, aunque ya no puedan recuperarse tal como fueron. El punto clave, insistió, es cuánto espacio termina ocupando esa reconstrucción en la vida actual.
Cuando el pasado se vuelve más importante que el presente
Hay una frase de Rolón que me parece de las más lúcidas que escuché en mucho tiempo y que vale la pena leer con atención, porque describe un movimiento muy frecuente en personas de todas las edades: hay quienes, sin darse cuenta, prefieren haber sido felices antes que construir felicidad ahora. Esa preferencia, explicó, suele expresarse en una especie de melancolía permanente que no termina de habilitar nada nuevo.
“No nos bajemos de la vida antes de tiempo.”Gabriel Rolón, psicólogo y escritor
La propuesta que dejó Rolón permite, en definitiva, trazar una distinción que a mí me parece clave para quien esté leyendo esta nota y se haya sentido interpelado por algo de lo que se dijo aquí: conservar la historia personal es valioso y necesario, pero quedar detenido en ella puede terminar costándole a uno el único tiempo del que efectivamente dispone, que es este. Los recuerdos ayudan a entender quién se es, los proyectos ayudan a proyectar quién se quiere ser, y el presente, mientras tanto, sigue esperando a ver si alguien se anima a habitarlo.
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