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Lunes, 12 de octubre de 2026
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Jim Henson, el tipo que se negó a dejar morir al nene que llevaba adentro (y nos dejó a Gustavo y la Peggy como prueba del delito)

Repaso por la carrera del titiritero que a los 17 años arrancó en un programa cancelado a las tres semanas y construyó un universo que todavía seguimos mirando. Una filosofía simple, personajes memorables y una pregunta incómoda: ¿hay lugar para el humor absurdo y la ternura en la tele de hoy?

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Marta TolabaCultura y espectáculos · · 4 min de lectura
Jim Henson, el tipo que se negó a dejar morir al nene que llevaba adentro (y nos dejó a Gustavo y la Peggy como prueba del delito)

Empiezo con una perlita que a mí me resulta entrañable: Jim Henson se subió por primera vez a un escenario como titiritero a los 17 años, en un programa infantil que duró exactamente tres semanas en pantalla. Tres. Semanas. Cualquier otro hubiera tomado ese debut como una señal del universo para cambiar de rubro. Henson, en cambio, lo tomó como una clase particular de qué no repetir. Y fíjense lo que terminó armando el pibe: los Muppets, Barrio Sésamo, Fraggle Rock y un catálogo de personajes que siguen vivos después. Lo aclaro por las dudas que tengo: no, no me equivoqué con los caracteres. Es que la vigencia de este tipo atraviesa décadas y formatos sin pedir permiso.

El punto de partida fue Sam and Friends, un show que hizo junto a Jane Nebel, su futura esposa. Ahí empezaron a probar de todo: títeres, humor raro, situaciones que no entraban en ninguna categoría conocida. Iban armando un lenguaje propio, a los tropiezos, con la convicción de que los chicos y los grandes podían mirar lo mismo y reírse por motivos distintos. Spoiler: tenían razón.

La regla de oro: nunca matar al nene que llevás adentro

Henson tenía una frase que funcionaba como manual de instrucciones de toda su obra: "La gente más sofisticada que conozco son todos niños por dentro". No era un eslogan marketinero ni una frase de autoayuda para emprendedores. Era el motor de cómo pensaba cada personaje. La rana Gustavo, la Cerdita Peggy, el mismo Fozzie con sus chistes horribles: todos tenían algo de ese nene interior intacto, sin filtro y un poco descontrolado.

“Los personajes más interesantes que he creado tienen una fijación o un rasgo que podés exagerar. En lo que exagerás, se vuelve divertido y la gente ve ese rasgo en sí mismos.”Jim Henson

El absurdo como método, no como chiste barato

Acá viene uno de los puntos que más me interesa de su mirada. Henson no usaba el disparate como recurso fácil para hacer reír a cualquier costo. Para él el absurdo era una herramienta de precisión casi quirúrgica. Su definición es de esas que uno podría repetir varias veces al día: "Absurdo es tomar lo que es realmente la vida y llevarlo a una abstracción que la gente reconozca". Traducción al castellano rioplatense: exagerar la realidad justo en el lugar donde todos nos vemos reflejados, sin que duela tanto.

  • El debut profesional a los 17 años en un programa cancelado a las tres semanas, que sirvió como aprendizaje antes de Sam and Friends.
  • La obsesión por exagerar un solo rasgo de cada personaje para que el público se identifique con la caricatura de sí mismo.
  • El uso del absurdo como espejo y no como gag vacío, una filosofía que aplicó desde Barrio Sésamo hasta Fraggle Rock.
  • Una muerte temprana en 1990, a los 53, por un choque tóxico derivado de una infección bacteriana, con la carrera todavía en pleno vuelo.
  • El legado posterior con la incorporación de los Muppets y compañía al catálogo de Disney décadas más tarde.

Una pregunta que nos queda picando

Hay algo que me da vueltas y lo dejo planteado, aunque la respuesta la tienen que construir ustedes. ¿Cuánto lugar le queda hoy a una propuesta que combine ternura y disparate sin caer en lo ñoño ni en lo grotesco? Henson demostró que se podía. Que los chicos aprendieran el abecedario con un personaje amarillo que se tiraba pedos y los grandes se engancharan con un oso que contaba chistes malísimos era parte del mismo paquete. Hoy, con la fragmentación de la audiencia y los algoritmos que empujan contenidos de tres segundos, me cuesta imaginar dónde aparecería un experimento así. Pero también me niego a creer que sea imposible. Mientras tanto, me quedo con el recuerdo del pibe que arrancó a los 17 en un programa de tres semanas y terminó cambiándonos la infancia a todos.

Recomendación concreta para esta semana: si tienen a chicos cerca, busquen algún episodio suelto de Fraggle Rock en plataformas de streaming y mirenlo con ellos. Si están solos, también. Y si quieren ir a la fuente directa, busquen los cortos originales de Sam and Friends, que están dando vueltas por ahí y son la prueba viviente de que los Muppets no salieron de la nada: salieron de un tipo que se negó a dejar morir al niño que llevaba adentro.

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Marta TolabaCultura y espectáculos

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