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La batalla de Chile: tres películas para entender cómo se cae un gobierno

El documental de Patricio Guzmán sigue en tiempo real las tensiones del gobierno de Allende, las asambleas obreras y el golpe que instaló a Pinochet. Una pieza clave del Tercer Cine que sigue vigente.

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Marta TolabaCultura y espectáculos · 16 DE SEPT DE 2026 · 2 min de lectura

Hay documentales que se ven y documentales que se atraviesan. La batalla de Chile, del chileno Patricio Guzmán, pertenece a la segunda categoría: uno no mira desde el sillón cómo se desangra un país, sino que termina sudando la camiseta con quienes intentan sostenerlo. Y eso, en pleno siglo XXI, no es poco.

La obra reconstruye el proceso que llevó al golpe de Estado que instaló a Pinochet, pero no lo hace con la voz en off solemne ni con el archivo repeinado de los noticieros. Guzmán metió la cámara en el Parlamento y, sobre todo, en las asambleas obreras, ahí donde se discutía a los gritos qué hacer mientras el mundo se caía encima.

Tres partes, un mismo temblor

  • La insurrección de la burguesía: el primer capítulo muestra cómo los sectores de derecha fueron tejiendo su ofensiva contra el gobierno de Salvador Allende.
  • El golpe de estado: la segunda entrega registra el día en que la intervención militar terminó con el gobierno constitucional.
  • El poder popular: el cierre rescata el rol de los trabajadores organizados y sus discusiones internas como motor del período.

La cámara de Guzmán trabaja como un cronista que llega antes que la policía y se queda después que las ambulancias. Registra los enfrentamientos en torno al gobierno, pero también las discusiones sobre cómo responder a la situación, incluidas las diferencias dentro de la propia izquierda (ese lujo que sólo se dan los movimientos cuando todavía creen que van a ganar).

Aquí aparece otro acierto: el documental no se queda en la tribuna parlamentaria. Convoca a las reuniones obreras, a las instancias de organización de los trabajadores, y las pone en el mismo plano que las decisiones políticas. Así, la película funciona como un rompecabezas a dos voces: la de los representantes y la de los representados, discutiendo casi en la misma habitación.

La película se inscribe en el Tercer Cine, aquella corriente surgida en Latinoamérica que buscaba despegarse del modelo comercial de Hollywood y pensaba al documental como herramienta para registrar procesos históricos. En La batalla de Chile, esa idea se nota: el montaje combina recursos cinematográficos, periodísticos y explicativos, y arma un relato coral donde la violencia convive con el debate y la organización.

Mi recomendación

Si te interesa entender de verdad qué pasó en Chile entre 1970 y 1973, empezá por La insurrección de la burguesía, después seguí con El poder popular y reservá El golpe de estado para el final. Vista en ese orden, la trilogy pega mucho más fuerte: primero ves cómo se empuja, después ves cómo se organiza la resistencia, y al final llegás al golpe con el estómago ya en la garganta. Y si podés, buscala en buena calidad: esta es una de esas obras que merecen verse dos veces.

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Marta TolabaCultura y espectáculos

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