La capacidad intrínseca: el puntaje que la Organización Mundial de la Salud diseñó para medir el envejecimiento antes de que llegue la enfermedad
Investigadores de longevidad trabajan con un indicador que combina cognición, movilidad, sentidos, ánimo y energía. Aunque todavía no integra los controles de rutina, ensayos en Francia y en Estados Unidos buscan validarlo como herramienta clínica y hasta como criterio para aprobar fármacos dirigidos al envejecimiento.

Cuando un médico recibe a una persona mayor en el consultorio, la pregunta que suele guiarla es qué enfermedad tiene. Pero existe otra manera de mirar el paso del tiempo sobre el cuerpo, una que pregunta qué puede hacer ese cuerpo y qué puede hacer esa mente, juntas, en el mismo momento. Esa segunda mirada se llama capacidad intrínseca, y la Organización Mundial de la Salud la formalizó en 2015 como una suerte de puntaje integral del envejecimiento, construido sobre cinco dimensiones que se miden al mismo tiempo en lugar de analizarse por separado.
El concepto nació en el marco del programa de envejecimiento saludable que la OMS impulsa desde hace una década. La intención declarada fue correrse del modelo clásico, centrado en diagnosticar patologías una por una, para observar cómo funciona el organismo en su conjunto. La lógica es que dos personas con el mismo diagnóstico pueden estar muy lejos una de la otra en términos de autonomía, y que esa distancia es la que importa cuando se piensa en calidad de vida.
Las cinco dimensiones que se combinan en un solo número
- Cognición: memoria, atención, velocidad de procesamiento y razonamiento, evaluadas con pruebas estandarizadas que ya se usan en geriatría.
- Locomoción: fuerza muscular y movilidad, medidas a través de la velocidad al caminar y la fuerza de agarre de la mano, dos pruebas simples y de bajo costo.
- Capacidad sensorial: visión y audición, porque la forma en que una persona se relaciona con el entorno depende en gran medida de qué tan bien ve y oye.
- Bienestar psicológico: estado de ánimo, presencia o no de depresión y ansiedad, dimensiones que pesan tanto como las físicas sobre la autonomía.
- Vitalidad: niveles generales de energía, fatiga y tolerancia al esfuerzo físico, una dimensión que hasta ahora suele quedar afuera de los controles de rutina.
Varias de esas pruebas ya existían antes de que la OMS las reuniera bajo un mismo paraguas. La velocidad al caminar, la fuerza de prensión y los test de detección de deterioro cognitivo se aplican hace años en consultorios geriátricos. Lo verdaderamente nuevo, según explican los investigadores que trabajan en el área, es combinarlas en un índice único y, sobre todo, seguirlas a lo largo del tiempo en una misma persona, porque lo que importa no es tanto el número absoluto como la pendiente: si la curva baja, hay margen para intervenir antes de que aparezca una enfermedad grave.
“Incluso cuando las personas son bastante robustas y no tienen ninguna enfermedad, aún podemos detectar cambios en su capacidad.”John Beard, profesor de envejecimiento productivo en la Escuela de Salud Pública Mailman de la Universidad de Columbia y uno de los impulsores del concepto
En Francia se lleva adelante un ensayo en el que adultos mayores completan, de manera periódica, cuestionarios sobre su capacidad intrínseca y reciben recomendaciones personalizadas a partir del resultado. Si el puntaje cae por debajo de cierto umbral, el sistema los deriva a un médico generalista o a un especialista en geriatría para estudios adicionales. Los resultados todavía no son concluyentes, pero la experiencia ya muestra que la herramienta es viable a escala poblacional, algo que hasta hace poco parecía un horizonte lejano.
En paralelo, la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados para la Salud de Estados Unidos, conocida por la sigla ARPA-H, financia un programa que busca demostrar que la capacidad intrínseca refleja de manera fidedigna cómo se siente y cómo funciona una persona, y que puede mejorar tanto con ejercicio físico supervisado como con fármacos ya existentes en el mercado. Si esa hipótesis se confirma, el indicador podría terminar convertida en criterio regulatorio: una forma de medir si un medicamento dirigido al envejecimiento realmente sirve, algo que hoy las agencias sanitarias todavía no tienen definido cómo evaluar.
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