La inteligencia artificial reescribe el mapa de las proteínas y promete fármacos a medida, pero el acceso sigue siendo un privilegio del norte global
Mustafa Suleyman, cofundador de DeepMind, sostiene que combinar datos genéticos, químicos y clínicos abrirá la puerta a tratamientos personalizados y a una longevidad sin precedentes. La herramienta AlphaFold ya permite analizar estructuras a gran escala, aunque el futuro que dibuja el autor aún es una proyección, no un resultado.

Buenos Aires decidió incursionar en inteligencia artificial aplicada a la salud sin consultar a los sistemas públicos del norte argentino, que atienden a las provincias con menor capacidad tecnológica. Mientras la capital debate algoritmos y big data, en Salta, Jujuy y Tucumán los pacientes siguen esperando turnos para estudios básicos. La brecha se agranda, no se acorta.
El libro La ola que viene, de Mustafa Suleyman, cofundador de DeepMind, describe un escenario donde la inteligencia artificial combina información genética, química y clínica dentro de un mismo modelo. Esa integración permitiría detectar enfermedades en etapas tempranas, diseñar terapias específicas y ajustar los tratamientos a las particularidades de cada paciente, según la perspectiva del autor.
¿Qué aporta AlphaFold a la investigación médica?
AlphaFold, la herramienta desarrollada por DeepMind, permitió examinar estructuras de proteínas a gran escala, un avance que sirve como base para investigar enfermedades y avanzar en el diseño de medicamentos. El sistema no se limita a procesar información con rapidez: puede trabajar con grandes conjuntos de datos biológicos y simular secuencias moleculares, capacidades que aceleran la búsqueda de tratamientos.
¿Qué compañía investiga reprogramar el epigenoma para frenar el envejecimiento?
Suleyman menciona a Altos Labs entre las compañías que estudian la reprogramación del epigenoma, los mecanismos que controlan la actividad de los genes. El objetivo declarado es explorar maneras de frenar o revertir el envejecimiento. A partir de esos desarrollos, el autor imagina un futuro en el que alcanzar los cien años con buena salud sea una proyección habitual, aunque aclara que los avances descriptos todavía no equivalen a haber alcanzado ese resultado.
La promesa de medicamentos personalizados y longevidad saludable convive con advertencias del propio Suleyman: las posibles mejoras físicas y cognitivas plantean preguntas sobre el acceso, la regulación y los límites éticos. El norte global diseña las herramientas; el sur global, por ahora, mira desde afuera. Quién controle los datos, controlará la medicina del futuro.
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