La isla no era el purgatorio y otros años de confusión masiva
Damon Lindelof volvió a desmentir la teoría más querida por los fans de Perdidos y explicó, con un texto budista mediante, de dónde salieron los flash sideways de la última temporada. Todo lo que pasó en la isla fue real. Punto.

A esta altura, pedirle a un fan de Perdidos que admita que la isla no era el purgatorio es casi un acto de herejía. Más de quince años después del final de la serie, la teoría sigue tan viva como el humo negro y se resiste a morir. Pero Damon Lindelof, cocreador junto a J.J. Abrams de una de las ficciones más discutidas de la historia de la televisión, volvió a la carga con la misma claridad de siempre: la isla fue real, la Iniciativa Dharma fue real, y lo último que se ve en pantalla, Jack cerrando los ojos, pertenece al relato principal. No a un limbo. No a una alucinación. Al hilo de lo que efectivamente sucedió.
Lo que nunca fue real, según Lindelof, es la línea narrativa paralela de la sexta temporada, esos flash sideways donde los personajes no se conocen y el vuelo 815 de Oceanic nunca se estrella. Esa dimensión no representa una realidad alternativa ni una paradoja temporal: es, ni más ni menos, la experiencia de los personajes después de muertos. Una idea tan ambiciosa como arriesgada, y que durante años el público se empeñó en leer mal.
Un libro tibetano, una muerte pensada desde la tercera temporada
La construcción de ese mundo post mortem no fue improvisada. Los guionistas sabían desde temprano que la serie terminaría con la muerte de Jack. La simetría entre el ojo que se abre en el piloto y el ojo que se cierra en el final les parecía la conclusión inevitable. El problema era otro: cómo mostrar lo que le pasaba al personaje después.
La respuesta apareció entre la tercera y la cuarta temporada, y vino con manual incluido. El Bardo Thodol, conocido en Occidente como el Libro tibetano de los muertos, describe un estado intermedio en el que una persona muere pero no sabe que está muerta. Nadie puede decírselo, aunque puede recibir señales. Lindelof lo resumió con una frase que parece escrita para una sinopsis: La idea de Bardo es un lugar al que vas cuando mueres pero no sabés que estás muerto. Nadie puede decírtelo.
“Todo lo que siempre te hemos mostrado, todo lo que ocurre en la isla, ocurrió. Absolutamente, al cien por cien.”Damon Lindelof
- La isla no fue el purgatorio: todo lo que pasó allí fue real, incluida la Iniciativa Dharma.
- Los flash sideways de la sexta temporada representan la experiencia de los personajes después de muertos.
- La decisión de matar a Jack se tomó entre la tercera y la cuarta temporada, buscando simetría con el piloto.
- El concepto del Bardo Thodol guió la construcción de esa dimensión post mortem.
- Los viajes en el tiempo del final de la cuarta temporada fueron una cortina de humo para que el público no descifrara el recurso demasiado pronto.
- Al terminar la serie, Hurley y Ben continuaban operando la isla.
Para que el truco no se notara desde el arranque, los guionistas metieron los viajes en el tiempo al cierre de la cuarta temporada y construyeron toda la quinta sobre esa base. La intención era doble: que el público leyera los flash sideways como una paradoja temporal hasta que los propios personajes, al recordar cosas que en esa línea nunca habían vivido, forzaran la pregunta del millón. ¿Cómo puede alguien recordar algo que nunca le pasó? La respuesta, claro, es la más incómoda: porque ya está muerto y todavía no lo sabe.
En esa lista de artistas poco reconocidos que esta columna rescata siempre, me toca hoy homenajear a la paciencia de los guionistas de Perdidos, ese ejército anónimo que sostuvo seis temporadas de acertijos sin que se les notara demasiado el temblor en las manos. Y ojo: al final de la serie, Hurley y Ben seguían a cargo de la isla. Dos personajes que empezaron como secundario y villano y terminaron como la pareja más improbable de la televisión de los dos mil. Si todavía no revisitaron la serie, este es un buen momento. Si ya la vieron, también: la segunda vez se disfruta muchísimo más cuando uno se libera, de una vez por todas, de la idea del purgatorio.
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