La mesa de todos los días: por qué la variedad en el plato es la primera defensa del intestino
Gases, hinchazón y cambios en las evacuaciones que se vuelven costumbre suelen ser señales de alerta. Especialistas y la Organización Mundial de la Salud coinciden en que la fibra, los fermentados y el movimiento son aliados, pero no reemplazan la consulta médica cuando los síntomas persisten.

Soy Ramiro Segundo, de Comunidades y territorio, y arranco esta nota con una pregunta que parece menor pero resume mucho de lo que nos pasa adentro: ¿cuántas comidas distintas comemos por semana? La dietista clínica Marcie Vaske lo dijo sin rodeos: convivir con gases, hinchazón, reflujo o cambios persistentes en las evacuaciones no debería volverse costumbre, y cuando esas molestias se prolongan en el tiempo lo que corresponde es sentarse frente a un profesional, porque pueden estar atadas a intolerancias, a enfermedades digestivas o a alteraciones de la microbiota que una recomendación genérica no alcanza a resolver.
La fibra como aliada y el piso que marca la OMS
Para el cuidado de todos los días, la primera clave está en la variedad de lo que se lleva al plato, porque la fibra alimenta a parte de los microorganismos intestinales y se consigue en frutas, verduras, legumbres, frutos secos y cereales integrales. La Organización Mundial de la Salud recomienda incluir esos grupos de alimentos y fijar como piso los 400 gramos diarios de frutas y verduras, una cifra que en la Argentina muchos hogares no alcanzan ni de cerca, sobre todo cuando el menú se repite y los ultraprocesados se terminan colando en el desayuno, en la merienda y en la cena.
Sobre ese punto la dietista Jenna Volpe fue tajante: sostener en el tiempo un patrón con poca diversidad y exceso de ultraprocesados puede modificar la microbiota y favorecer procesos inflamatorios, y agregó que los alimentos fermentados pueden formar parte de una dieta variada, pero incorporarlos no sustituye la consulta si las molestias vuelven a aparecer.
Antibióticos con receta y estrés fuera de la ecuación
El intestino no es un mundo aparte: ahí conviven bacterias, virus, hongos y otros microorganismos que participan en la digestión, en las defensas y hasta en la forma en que el cuerpo obtiene energía de los alimentos, y esa composición cambia con el paso del tiempo. El Instituto Nacional de Ciencias de la Salud Ambiental de Estados Unidos identifica a la alimentación y a los medicamentos entre los factores que pueden modificar ese equilibrio, y por eso los antibióticos, que son necesarios frente a infecciones bacterianas cuando están bien indicados, pueden afectar microorganismos beneficiosos si se usan de más: la recomendación sanitaria es tomarlos con prescripción médica y completar el tratamiento hasta el final.
En la misma línea, la gastroenteróloga Asma Khapra explicó que el estrés puede alterar los movimientos que desplazan el contenido del tubo digestivo y aumentar la sensibilidad intestinal, un dato que suele caer de madrug cuando uno repasa la semana y se da cuenta de que comió apurado, durmió poco y estuvo a los saltos.
El cuerpo también cuenta
- Incorporar frutas, verduras, legumbres, frutos secos y cereales integrales como base diaria de la alimentación.
- Sumar alimentos fermentados dentro de una dieta variada, sin esperar que reemplacen una consulta médica.
- Reservar los antibióticos para cuando hay prescripción y completar el tratamiento indicado.
- Atender las señales de estrés y, en lo posible, bajar un cambio el ritmo de las comidas.
- Mover el cuerpo: la OMS sugiere entre 150 y 300 minutos semanales de actividad física para personas adultas.
- Consultar a un profesional cuando los síntomas digestivos se repiten o se prolongan en el tiempo.
“La gente cree que un yogur o un poco de chucrut alcanzan para compensar meses de mala alimentación, y la verdad es que el intestino necesita variedad sostenida, antibióticos bien usados y un cuerpo que se mueva, no soluciones exprés.”Marcie Vaske, especialista en nutrición clínica
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