La mujer que cosió el guardarropa íntimo de Moria Casán
Florencia Tellado pasó de la publicidad a la ficción más observada del año: vistió a Griselda Siciliani para la serie sobre La One y, de paso, encontró un taller donde soñar con vestir a Lady Gaga.

A mí me toca cubrir esta nota desde la redacción, pero mientras leo el material no puedo dejar de pensar en una escena que, seguro, se repitió decenas de veces en algún set de Buenos Aires: una persona sentada frente a una mesa llena de telas, con tijera y alfileres, decidiendo cómo se va a ver en pantalla una de las figuras más populares del espectáculo argentino. Esa persona es Florencia Tellado, y la serie en cuestión es la biografía de Moria Casán que protagoniza Griselda Siciliani. La conversación con ella empieza, justamente, en el ruido: Tellado recibió el aviso mientras estaba en un cumpleaños infantil, con un audio de WhatsApp de un director que le proponía hacerse cargo del vestuario de una ficción de gran porte.
Tengo que confesar que me llamó la atención un dato: esta diseñadora, que tiene 43 años y lleva 22 trabajando en publicidad y producción audiovisual, nunca antes había hecho vestuario para ficción. Es decir, el primer llamado fue directo al hueso. El proyecto, según me cuenta, arrancó en julio del año pasado y terminó en febrero de este año, siete meses de trabajo en los que tuvo que construir un universo de indumentaria que abarcara toda la vida de Moria sin seguir un orden cronológico. Eso, para quien no conoce del oficio, suena a un dolor de cabeza: cómo hacer para que el espectador reconozca cada etapa sin marearse. Tellado me lo explica con una frase que me quedó dando vueltas: 'Lo único que tenía en la cabeza era a Moria. Pensaba cómo representarla siendo fiel a su estilo tan único'.
El método: medida, alquiler, vintage y ferias americanas
Voy a intentar explicarles cómo se trabaja en un rodaje de esta escala, porque me parece un mundo que suele quedar escondido detrás del brillo de la pantalla. Las piezas más importantes, las que definen al personaje en escenas clave, se hacen a medida para cada actriz. Eso significa tomarles medidas, probar telas, hacer ajustes. Después viene el resto, que se alquila, se compra o se reforma, y una parte no menor sale de ferias americanas. Tellado y su equipo rastrearon durante meses esos puestos donde la ropa usada se vuelve materia prima para una producción. La pregunta del millón, me cuenta, es separar rápido lo que pertenece al universo de Moria de lo que no: 'Tiene un estilo muy definido. En los colores, los estampados, sabés cuáles son Moria y cuáles no', dice.
- Siete meses de producción, de julio de 2025 a febrero de 2026.
- Piezas centrales hechas a medida para cada actriz del elenco.
- Vestuario complementario alquilado, comprado o reformulado.
- Material vintage conseguido en ferias americanas durante los meses de rodaje.
- Una única reunión presencial con Moria Casán; el resto del vínculo fue virtual.
Cuando uno se pone a pensar en el detrás de escena, entiende por qué hay diseñadores que hablan del oficio como una artesanía silenciosa. Tellado, además, tiene una formación muy particular: es milliner, es decir, diseñadora de sombreros. Se formó con tres figuras muy concretas: Hilda Juárez, que es sombrerera del Teatro Colón; Laura Noetinger, la elegida por la reina Máxima de Holanda, y la londinense Noel Stewart, que trabajó para casas como Givenchy, Valentino, Mulberry y Roland Mouret. De esa etapa en Londres rescata dos palabras: silencio y precisión. Y lo dice con una convicción que a mí, personalmente, me parece clave para entender cualquier oficio: un error mínimo arruina el resultado final. Eso vale para un sombrero de alta costura tanto como para una chaqueta que tiene que entrar en cuadro en una toma.
“Tiene un estilo muy definido. En los colores, los estampados, sabés cuáles son Moria y cuáles no.”Florencia Tellado
Vuelvo al personaje del principio, a esa escena que imaginaba en un set de Buenos Aires. Tellado tuvo con Moria Casán una sola reunión presencial, según cuenta. El resto, imagino, fue virtual, como ocurre cada vez más en las producciones. Y sin embargo, el resultado está en pantalla: una serie que muestra a Moria como alguien con un estilo muy definido, reconocible al instante. Para mí, que sigo esta industria desde hace años, lo más interesante de la charla fue ver cómo alguien que viene de la publicidad puede desembocar en la ficción y, al mismo tiempo, sostener una carrera como milliner que ya la llevó a vestir a Paco Amoroso para su presentación en el Tiny Desk, y hasta a recibir un contacto por Instagram de la producción de Marilyn Manson.
Hoy, Florencia acaba de inaugurar un taller propio en la calle Matienzo, en Palermo, un loft de 145 metros cuadrados con luz natural que funciona como base de operaciones. Ahí recibe clientes para vestuario y accesorios, y desde ahí piensa su próximo desafío personal, uno que ella misma pone en boca de cualquier diseñador argentino con una sana dosis de irreverencia: vestir a Lady Gaga. No sé si lo logrará, pero me gusta que lo diga en voz alta. A veces, en este oficio, la diferencia entre el disparate y el proyecto posible la marca una sola decisión.
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