La semana que Neuquén va a pasar bajo el agua: así se reparten las lluvias, el granizo y el viento hasta el viernes
El Servicio Meteorológico Nacional mantiene activa una alerta amarilla para toda la provincia desde el lunes 19 hasta el jueves 22, con un pico de tormentas previsto para el miércoles y un marcado descenso de temperatura hacia el fin de la semana.

Lo conozco a Don Vicente desde hace años, cada vez que paso por la esquina de su casa en el barrio Confluencia lo veo mirando el cielo con esa mezcla de respeto y desconfianza que tienen los neuquinos de toda la vida. El lunes a la madrugada me mandó un mensaje que decía solo tres palabras: "ya está cayendo". Y tenía razón: afuera de mi ventana, la lluvia pegaba contra el vidrio con esa insistencia que avisa que lo que viene no va a ser un chaparrón pasajero. El Servicio Meteorológico Nacional había emitido una alerta amarilla para toda la provincia de Neuquén y la cosa venía en serio, con acumulados que podían pasar los 20 milímetros en algunos puntos y un cronograma de inestabilidad que se extiende, como mínimo, hasta el jueves.
Voy a intentar explicar lo que dice la alerta con palabras simples, como si estuviéramos charlando en la cocina de casa. La alerta amarilla es el primer escalón del semáforo meteorológico, quiere decir que el fenómeno esperado puede causar algunos daños y que hay que estar atentos, sobre todo si se tienen actividades al aire libre o se circula por rutas de montaña, donde el agua acumulada suele complicar el tránsito. No es la más grave, pero tampoco es para hacerse los distraídos: durante cuatro días seguidos, el cielo neuquino va a estar descargando agua, rayos y, en algún momento, hasta piedras de hielo.
Lunes y martes: la previa que ya incomoda
El lunes 19 arrancó con lluvias débiles durante el día, una máxima que apenas llegó a los 20 grados y un viento del noreste que sopló a 29 kilómetros por hora con ráfagas que tocaron los 39. Pero la verdadera molestia se concentró hacia la tarde y la noche, cuando la temperatura se fue derechito a los 7 grados y las ráfagas saltaron a los 43 kilómetros por hora. El martes 20 repitió la receta: lloviznas débiles, máxima de 19, viento del noreste a 24 kilómetros, y otra noche fría con 7 grados de mínima. Son jornadas que, sin ser catastróficas, ya obligan a sacar el piloto grueso, revisar desagües y no dejar el auto estacionado debajo de un árbol grande.
- Miércoles 21, el día más bravo de la semana: tormentas eléctricas, chaparrones y probabilidad de granizo. La máxima se estanca en 19 grados, pero a la noche se viene el vendaval del sudeste a 37 kilómetros con ráfagas de 49 y una mínima que baja hasta los 6 grados.
- Jueves 22, el combo completo: ingresa una masa de aire polar que potencia las lluvias y derrumba la temperatura. La máxima no pasa de 15 grados, el viento del este llega a los 38 kilómetros con ráfagas de 46, y durante la madrugada del viernes el termómetro se desploma hasta los 3 grados.
- Viernes 23, el respiro: el cielo sigue cubierto pero las lluvias aflojan, la máxima sube a 17 grados y el viento se calma. El fin de semana asoma con condiciones más estables.
El punto que más me llamó la atención, y que creo que a ustedes también les va a importar, es el ingreso de la masa de aire polar el jueves. Piensen en la diferencia entre abrir la canilla del agua caliente y la canilla del agua fría en plena ola de calor: el cambio se siente de golpe, en todo el cuerpo. Eso mismo pasa cuando una irrupción polar se monta sobre un sistema de lluvias: el agua no afloja, pero se vuelve más pesada, más fría, y el viento parece que se hubiera puesto de acuerdo con el termómetro para recordarnos que el verano todavía no terminó de despedirse.
Quiénes tienen que prestar más atención estos días
Después de charlar con Don Vicente y de mirar los partes durante varias jornadas, lo que veo es un escenario que pide ciertos cuidados básicos. Quienes viven en zonas ribereñas o cerca de los cauces que suelen crecer con las lluvias tienen que controlar los niveles y tener a mano los contactos de Defensa Civil. Los que tienen que circular por rutas como la 40, la 237 o los pasos hacia el sur de Mendoza y el norte de Chubut, especialmente el miércoles y el jueves, mejor revisar el estado de las calzadas antes de salir, porque con 49 kilómetros por hora de ráfaga y agua encima, una piedra de granizo puede dejar un parabrisas como si le hubiera caído un piedrazo de esos de las tormentas de verano. Y los que tenían pensado hacer asado al aire libre, llevar los chicos a la plaza o arrancar una obra en el patio, la lectura del pronóstico les está diciendo, con bastante claridad, que lo mejor es postergar hasta el sábado.
Volví a pasar por lo de Don Vicente este martes al atardecer, con el cielo todavía cerrado y esa llovizna persistente que ya lleva más de 24 horas sin parar. Me miró, señaló el techo de chapa que tiene en el galón del fondo y me dijo, con la tranquilidad de quien ya vio muchas pasar: "mientras no vuele, acá estamos bien". Es la mejor síntesis que escuché de lo que hay que hacer esta semana: quedarse atentos, no exponerse de más y esperar que el viernes, tal como dice el Servicio Meteorológico Nacional, el agua por fin afloje y Neuquén pueda volver a mirar el cielo sin necesidad de calcular cuánto falta para el próximo chaparrón.
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