Las aulas que viajan: cómo Neuquén lleva oficios a los pueblos donde no llega nada
Siete unidades móviles equipadas con herramientas, maquinaria y hasta paneles solares recorren la provincia desde 2025. En nueve meses ya capacitaron a 463 personas en once localidades que no contaban con formación profesional cercana.

A Celina le faltaban tres meses para terminar la secundaria en Huinganco, un pueblo chico perdido entre los cerros del norte neuquino, cuando se enteró de que un camión con herramientas iba a estacionar una semana en la plaza central para dar un curso de mecánica de motores fuera de borda. Ella siempre había ayudado a su papá a arreglar el bote con el que bajan al río, pero nunca imaginó que eso podía convertirse en un oficio con certificado. Se anotó, hizo el curso completo, y hoy trabaja en un taller de la zona reparando motores que antes había que llevar hasta Zapala o Cutral Có, a más de cien kilómetros por rutas de ripio.
La historia de Celina es una de las 463 que se repiten desde principios de 2025 en Neuquén, donde el Ministerio de Educación provincial y el Instituto Nacional de Educación Tecnológica vienen empujando una idea tan sencilla como poderosa: si la gente no puede ir a estudiar, que el estudio vaya a la gente. Para eso montaron una red de siete aulas móviles, cada una equipada como un taller completo según la especialidad que le toca enseñar, y las hacen girar por parajes rurales, localidades cordilleranas y zonas turísticas donde la densidad de población no justifica construir un edificio educativo fijo, pero donde hace falta formación.
Qué lleva un aula que viaja sobre un camión
Pensar en un aula móvil como un camión con un pizarrón es subestimarlo. Cada unidad está acondicionada y equipada de acuerdo al oficio: hay tornos, soldadoras, paneles solares para armar e instalar, mesas de corte y costura para indumentaria, herramientas para motores nafteros y fuera de borda. Es, literalmente, un taller ambulante que se planta donde hace falta y se va cuando el curso termina.
- Soldadura y tornería.
- Mecánica automotriz, de motos y de motores fuera de borda.
- Metalmecánica.
- Instalación de sistemas solares fotovoltaicos y térmicos.
- Gasista domiciliario.
- Moldería, patronaje y confección de indumentaria.
- Formación técnica docente.
La selección de cursos no se hace a dedo ni desde una oficina en la capital. Hay un trabajo previo de detección de necesidades, porque una cosa es lo que falta en Villa Pehuenia, enclavada en la zona de los lagos y con turismo todo el año, y otra muy distinta lo que urge en Chos Malal, en el corazón petrolero del norte. Las aulas se adaptan a la demanda productiva real de cada comunidad. En Aluminé, por ejemplo, la oferta se concentra en energías renovables; en Plaza Huincul, la tornería; en San Patricio del Chañar, el gas domiciliario y la soldadura; en Mariano Moreno, el rubro textil.
Una rueda que no se detiene
Detrás del funcionamiento hay un andamiaje institucional que vale la pena nombrar, porque sin él las aulas seguirían varadas en un depósito. El Ministerio de Trabajo y Desarrollo Humano de la provincia firma convenios con cada municipio que las recibe. La Dirección de Educación Técnica y el Centro de Formación Profesional N°43 son los que coordinan la logística y adaptan la currícula a lo que cada región pide. Es una cadena de acuerdos donde cada eslabón es local, porque nadie mejor que el intendente o el delegado comunal sabe qué oficio falta en su pueblo.
Desde enero de 2025 las aulas pasaron por once localidades: Lonco Mula, Villa La Angostura, Villa Pehuenia, San Martín de los Andes, Aluminé, Plaza Huincul, Chos Malal, Huinganco, Mariano Moreno, Centenario y San Patricio del Chañar. La mayoría de los oficios que se enseñan tienen demanda laboral comprobable en la región, lo que convierte al curso en una salida concreta y no en una capacitación huérfana, de esas que quedan lindas en el curriculum pero no sirven para ganarse el pan.
Volví a pensar en Celina mientras escribía esta nota. La vi en Huinganco, en el patio del módulo, con las manos negras de grasa y una sonrisa enorme, explicándole a un chico más chico que ella cómo regular una bomba de nafta. Nunca había pisado un aula fija de formación profesional, y probablemente no lo hubiera hecho en mucho tiempo. El camión llegó, le cambió el verano, y le abrió un camino que antes ni se imaginaba. Para los miles de neuquinos que viven lejos de todo, esta es la pregunta que queda dando vueltas: ¿saben que esta opción existe cerca de su casa?
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