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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Los primeros noventa días con antipsicóticos: la ventana donde el metabolismo empieza a jugarte en contra

Un estudio británico con casi 97.000 pacientes demostró que el azúcar en sangre y el peso se disparan con mucha más fuerza en los tres meses iniciales del tratamiento. Especialistas recomiendan controles metabólicos antes de empezar y durante ese período crítico para anticipar una diabetes que muchas veces llega sin aviso.

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Paola CardozoSalud y sociedad · · 5 min de lectura
Los primeros noventa días con antipsicóticos: la ventana donde el metabolismo empieza a jugarte en contra

Recuerdo a María como si la hubiera visto ayer en la guardia. Tenía 52 años, un diagnóstico reciente de trastorno bipolar y una carpeta llena de estudios que la psiquiatra había pedido antes de empezar con la medicación. Lo que nadie le había explicado con claridad era que, en las semanas siguientes, su cuerpo iba a empezar a cambiar de una manera que ella no esperaba. Engordó seis kilos en poco más de dos meses. Cuando volvió al consultorio, la médica le pidió un análisis de glucosa y el número dio alterado. No era casualidad. Era, justamente, lo que empieza a mostrar la evidencia más reciente sobre los antipsicóticos de segunda generación.

Una investigación publicada el 14 de octubre en la revista The Lancet Psychiatry llegó para ponerle números a esa historia que muchos profesionales intuyen en el día a día pero pocas veces pueden demostrar con tanta claridad. El trabajo analizó datos de cerca de 97.000 adultos en Inglaterra que comenzaron a tomar antipsicóticos de segunda generación entre 2000 y 2023, y llegó a una conclusión que cambia la manera de pensar los controles: los primeros noventa días de tratamiento son la ventana de mayor riesgo metabólico, un período donde el azúcar en sangre y el peso suben a una velocidad muy superior a la que se observa antes de empezar a tomar la medicación.

Cifras que preocupan: azúcar y peso se aceleran desde el primer día

Lo que encontraron los investigadores es bastante elocuente si uno lo traduce a la vida cotidiana. Durante los primeros tres meses, el nivel de glucosa en sangre subió aproximadamente catorce veces más rápido que en el período previo al inicio del tratamiento, mientras que el peso corporal lo hizo alrededor de nueve veces más rápido. No se trata de cambios menores: estamos hablando de una aceleración muy marcada que muchas veces pasa inadvertida porque los pacientes están más atentos a cómo responde la salud mental que a lo que les marca la balanza o el análisis de laboratorio.

Ahora bien, no todos los fármacos se comportan de la misma manera. El estudio comparó cuatro de los antipsicóticos de segunda generación más usados: olanzapina, quetiapina, risperidona y aripiprazol. La olanzapina fue la que mostró los cambios más pronunciados, con un azúcar en sangre que creció unas cincuenta veces más rápido y un peso que se modificó unas diez veces más rápido durante esos primeros noventa días. La quetiapina también tuvo un impacto considerable, mientras que el aripiprazol fue el que mostró el perfil más amigable desde el punto de vista metabólico, aunque ningún medicamento del grupo quedó libre de riesgo.

Quiénes pagan el precio más alto: prediabéticos y mujeres

El riesgo, además, no se reparte de manera pareja. Las personas que ya tenían prediabetes al momento de iniciar el tratamiento desarrollaron diabetes tipo 2 en el 19 por ciento de los casos dentro de los dos años siguientes, frente a apenas el 3 por ciento de quienes partían con niveles normales de glucosa. Es una diferencia enorme: tener el azúcar un poquito alterada antes de empezar a tomar el antipsicótico multiplica por más de seis la chance de terminar con un diagnóstico de diabetes en muy poco tiempo.

Las mujeres, mientras tanto, mostraron una aceleración mayor que los hombres en los primeros noventa días: su azúcar en sangre subió unas veinticuatro veces más rápido contra unas diez veces en los varones. No está del todo claro por qué ocurre esta diferencia, pero los autores sugieren que puede haber una combinación de factores hormonales, de composición corporal y de respuesta farmacológica que todavía hay que seguir estudiando.

“Nuestro estudio muestra que los primeros noventa días después de comenzar el tratamiento son un período clave en el que pueden comenzar los cambios relacionados con la diabetes y el aumento de peso. Con esta información en mente, los profesionales de la salud deberían verificar tanto el peso como el nivel de azúcar en la sangre antes de comenzar el tratamiento y nuevamente durante los primeros meses posteriores.”Juan Carlos Bazo-Alvarez, investigador principal y docente de University College London

Pensemos en el cuerpo como una casa a la que le estamos haciendo una reforma importante. Mientras los albañiles trabajan en la estructura central, conviene pasar seguido por las habitaciones que no se tocan para ver si aparece alguna grieta nueva. La medicación antipsicótica muchas veces salva la salud mental, pero al mismo tiempo puede empezar a mover los cimientos del metabolismo sin que nadie lo note. Por eso el control temprano funciona como esa recorrida periódica: si uno detecta la humedad apenas aparece, puede secarla antes de que la pared entera se manche.

Qué hacer antes y durante los primeros meses

El mensaje práctico que deja el trabajo es bastante concreto y se puede resumir en una lista corta de acciones que los propios investigadores y los especialistas consultados recomiendan incorporar a la práctica clínica habitual:

María, la paciente de la guardia del principio, hoy está bien. Ajustaron la medicación, le cambiaron el antipsicótico por una opción con mejor perfil metabólico, la acompañaron con controles periódicos y trabajó con una nutricionista para acomodar la alimentación. Bajó los kilos que había ganado, el azúcar volvió a valores normales y, sobre todo, entendió que cuidarse la salud mental no tiene por qué estar reñido con cuidarse el cuerpo. Cada vez que un profesional le repite los análisis y le pregunta cómo viene comiendo, María siente que alguien está mirando la casa entera, no solamente la habitación donde se originó el problema. Y eso, en definitiva, es lo que este estudio viene a recordarnos: que en psiquiatría, el metabolismo también necesita su turno.

PC
Paola CardozoSalud y sociedad

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