Neuquén mete primera con monopatines públicos: llegan a la calle antes del verano y prometen tarifa accesible
La capital neuquina licita 100 monopatines eléctricos para circular por el centro. Arrancan con una prueba piloto de 30 unidades, se operan desde el celular y se bloquean solos cuando vencen los minutos o el usuario se va del área habilitada. Te explico cómo se activan, qué pide la ordenanza y cuánto costaría desbloquear uno.

Me lo imagino en la plaza de cualquier barrio del centro neuquino, en plena siesta patagónica: un pibe de jeans y camperon sale del trabajo, se acomoda el casco, mete la mano en el bolsillo y desbloquea el monopatín con el celu. En cinco minutos, en vez de esperar el colectivo, ya está cruzando la calle para llegar a la oficina. Esa escena todavía no existe en Neuquén, pero está a punto de volverse cotidiana. La Municipalidad acaba de abrir la licitación para sumar cien monopatines eléctricos al sistema de movilidad sustentable que hoy, entre bancas y baterías, ya muestra a sus vecinas y vecinos pedaleando en bicis públicas por la calle principal. La capital patagónica, con su perfil petrolero y su ritmo de ciudad pujante, se prepara así para dar un salto que varias capitales del país todavía miran de reojo.
Yo se lo dije porque estaba todo claro: el sistema de bicicletas ya está aceitado, ya hay músculo administrativo, ya hay plata presupuestada y ya se sabe cómo se cuida un parque de vehículos sin que terminen todos dados de baja. Por eso, en lugar de empezar de cero, el Ejecutivo neuquino decidió patear el tablero y abrir el juego a los privados. Se presentó al menos una empresa interesada en quedarse con la licitación. La ganadora deberá proveer las cien unidades, desarrollar la aplicación que las comanda y hacerse cargo del mantenimiento, mientras la Municipalidad oficia de reguladora y de garante del cumplimiento de las reglas de juego.
Cómo se usan, paso por paso
- Bajás una aplicación en el celu y te das cuenta en la pantalla del mapa dónde está el que te queda más cerca.
- Escaneás el código QR que lleva pegado el monopatín y, una vez leído, pagás la tarifa para soltarle el freno.
- Andá al toque: el vehículo se desbloquea al instante y empezás a rodar.
- Cuando se vence el tiempo o cuando saliste del cuadrante habilitado, el monopatín se bloquea solito y deja de moverse. No lo vas a poder mover más hasta volver a pagar.
- Lo dejás apoyado en la vereda, sin estación fija ni candado ni anclaje. La aplicación ya sabe que lo soltaste ahí.
La coordinadora Administrativa e Institucional de la Municipalidad, Noelia Rueda Cáceres, le puso números a la seguridad. Cada unidad va a salir con un chip satelital encendido las veinticuatro horas, de modo que la app sabe, en todo momento, dónde está cada monopatín. Si alguien lo levanta en brazos y lo intenta sacar del área habilitada, el sistema lo detecta y dispara una alerta. Como me dijo la propia funcionaria: "Si alguien lo levanta y lo saca de ese cuadrante, eso se va a reportar a la policía y ahí comienza un trabajo de recuperación". La experiencia con las bicis eléctricas, según ella misma recordó, muestra que después de los primeros tres meses la vigilancia por GPS redujo sensiblemente los episodios de vandalismo. No es magia, es tecnología puesta al servicio de un bien público.
Ahora bien, no todo es llegar y subir. La ordenanza vigente, la misma que ya rige para las bicis del municipio, es bastante clara respecto de quién puede y quién no puede subirse a uno de estos monopatines, y de qué elementos tiene que llevar encima el día que lo haga. Para empezar, solo lo pueden usar mayores de dieciséis años. Si tenés diecisiete o dieciocho, la app te va a pedir los datos del programa Mi Primera Licencia; si ya tenés registro, te va a pedir el carnet del registro de conducir. En segundo lugar, casco y chaleco reflectivo son dos elementos obligatorios: la empresa no los entrega, cada usuario los lleva desde su casa. Y en tercer lugar, la circulación tiene que andar por la ciclovía o la bicisenda, y donde no haya, por la calzada, pegado a la derecha, como si fuera una bici más en el flujo del tránsito.
En cuanto al precio, Rueda Cáceres anticipó que la tarifa va a quedar apenas por encima de la que ya pagan los usuarios de las bicis eléctricas públicas, y que se va a actualizar de manera periódica según el servicio. Para que el lector se haga una idea, el valor estimado por hora de uso está en el entorno de los mil cien pesos, suficiente como para que cualquier viaje corto por el centro cueste menos que un café con medialunas en un bar de la zona. A mí, como vecina imaginaria de la ciudad, todo me suena razonable: si sumamos que no hace falta volver a una estación fija, que se bloquea solo, que tiene GPS y que se alquila desde el celu, lo que tenemos enfrente es, en definitiva, una segunda red de transporte liviano montada sobre la primera.
La letra chica del pliego ya está escrita: la empresa que gane la licitación va a tener sesenta días desde la firma del contrato para desarrollar la aplicación y desplegar los primeros treinta monopatines en la calle. El objetivo oficial es que la prueba piloto esté operativa antes del verano, justo cuando la ciudad se llena de turistas, de familias de visita y de profesionales que pasan el día entre oficinas y reuniones. Si funciona como se espera, después del verano Neuquén podría pasar de treinta a cien unidades circulando por el microcentro. Para mí, que vengo siguiendo de cerca este tipo de políticas públicas, lo más interesante no es el monopatín en sí, sino lo que recién está empezando a montarse alrededor: un ecosistema de movilidad urbana donde la bici y el monopatín se complementan. Eso que en las grandes capitales del mundo ya es una postal de todos los días, acá está a punto de dejar de ser ciencia ficción y empezar a rodar por nuestras calles.
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