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Pausas activas: el truco de dos minutos que afila la atención y la memoria en plena jornada

Una revisión de 25 ensayos clínicos reunió a más de mil participantes y encontró que intercalar caminatas, estiramientos o ejercicios breves entre tareas sedentarias mejora el rendimiento cognitivo al volver al trabajo o al aula.

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Ramiro SegundoComunidades y territorio · 20 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Soy Ramiro Segundo, desde Comunidades y territorio, y arranco esta nota volviendo a algo que cualquiera que haya pasado una jornada entera frente a la pantalla conoce de memoria: el momento en que la cabeza empieza a pesar y los ojos ya no procesan lo que está escrito. Un equipo de investigadores, encabezado por Yongming Li, decidió poner bajo la lupa una costumbre que muchos adoptan de manera intuitiva y que en los últimos años ganó lugar en oficinas, escuelas y hasta en mesas de familias que comparten el teletrabajo con la escolaridad de los chicos: levantarse, caminar un tramo, estirar las piernas o subir unas escaleras antes de volver a la silla. La pregunta que guiaba la revisión era simple pero concreta: ¿esas pausas de movimiento, repartidas durante el tiempo sedentario, sirven para que el cerebro funcione mejor cuando se retoma la tarea?

La respuesta que arrojó el trabajo, difundido en el marco de publicaciones revisadas por pares, fue que sí, aunque con una letra chica importante. La mejora promedio en el rendimiento cognitivo fue pequeña en términos estadísticos (un valor de 0,24 sobre la escala que los investigadores utilizan, donde 0,2 ya indica un efecto menor), pero consistente en distintos estudios y especialmente marcada cuando las rutinas se sostuvieron durante varias semanas y cuando se aplicaron en ámbitos escolares o laborales, dos de los entornos donde más horas se pasan sentados.

Qué se probó y durante cuánto tiempo

  • Actividades evaluadas: caminata, yoga, subir escaleras, bicicleta fija, ejercicios de resistencia, corrida estática y saltos, todas por debajo de los diez minutos.
  • Frecuencia de las pausas: dos minutos cada media hora o cada una hora, según el ensayo.
  • Duración de los protocolos: los más beneficiosos se extendieron varias semanas y se aplicaron en escuelas y lugares de trabajo.
  • Edades participantes: 1.115 personas de entre 8 y 78 años, reunidas en 25 ensayos clínicos controlados.

En lo que hace a la atención y a la memoria, los beneficios abarcaron cuatro dimensiones que los neuropsicólogos suelen medir por separado: la atención sostenida (mantener el foco en una tarea por un rato prolongado), la capacidad de cambiar de consigna (dejar lo que se estaba haciendo para pasar a otra actividad sin perder el hilo), el control inhibitorio (frenar respuestas impulsivas) y la memoria de trabajo, esa suerte de pizarrón mental donde uno mantiene un número de teléfono mientras marca, una dirección mientras busca las llaves o un dato recién leído mientras redacta una respuesta.

“Para quienes trabajan sentados, la frecuencia de las interrupciones aportó otro dato: las pausas separadas por una hora mostraron una ventaja ligeramente mayor que las realizadas cada treinta minutos. La diferencia fue reducida. En las escuelas, Mark Hamer, investigador del University College London, destacó la posibilidad de incorporar movimientos sencillos antes de continuar una lección, sin equipamiento deportivo.”Mark Hamer, investigador del University College London

Del otro lado del mundo, Mike Trott, investigador de la Universidad de Queensland, aportó una hipótesis para explicar por qué esas pausas cortas parecen devolver un poco de filo mental: el movimiento breve favorecería la liberación de dopamina y noradrenalina, dos neurotransmisores asociados a la alerta, la motivación y la velocidad de procesamiento, junto con un mayor flujo sanguíneo cerebral, que ayudaría a que distintas regiones del cerebro reciban oxígeno justo cuando vuelve la exigencia cognitiva. Es una explicación plausible, coinciden los autores, aunque todavía falta recorrido para confirmarla con la misma solidez que muestran los resultados conductuales.

Lo que esta revisión no reemplaza, y los propios investigadores subrayan con insistencia, es la recomendación clásica de mover el cuerpo con regularidad a lo largo de la semana. Las pausas activas son un complemento, no un sustituto: sirven para cortar tramos largos de sedentarismo y para mejorar el rendimiento en la tarea inmediata, pero no desplazan a las caminatas, los paseos en bicicleta o las clases de educación física que la mayoría de los médicos y los organismos de salud pública sugieren para mantener una buena salud cardiovascular y metabólica. Dicho de manera directa: levantarse dos minutos a estirar las piernas es una buena noticia para la cabeza, no una licencia para cancelar el resto del movimiento cotidiano.

Cierro esta columna como empecé: del lado de la silla, pero ya con los pies listos para dar un par de vueltas por la oficina. Si la próxima vez que el lector se siente agotado por una pantalla prueba con dos minutos de caminata antes de volver al teclado, y nota que la siguiente hora de trabajo rinde un poco más, ya tiene el dato en el cuerpo. Lo que la comunidad científica, a través de estos 25 ensayos, pidió textualmente fue algo muy sencillo: que no esperemos a terminar la jornada para movernos, y que cada tanto le regalemos al cerebro una excusa breve para despertar.

RS
Ramiro SegundoComunidades y territorio

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