Pergolini se mandó el vinilero del fondo y ahora cualquiera puede mirar qué escucha
El conductor armó una estructura con soportes impresos en 3D para exhibir discos en el estudio de No preguntes por Rusia. Hay un laserdisc de Prince, una edición japonesa de Nirvana y un lugar para Spinetta que emociona.

Lo de Mario Pergolini no es una nota de color, es una declaración de principios. En una época en la que los sets de televisión parecen shoppings, el tipo decidió que el fondo de su programa tenía que ser un kiosco de vinilos, con perdón de la redundancia (y de los que aún se enojan cuando alguien confunde kiosco con disquería).
La movida es concreta: armó una estructura para exhibir discos, la fabricó él mismo con una impresora 3D y ya avisó que las tapas van a ir rotando. O sea que ningún coleccionista puede dormirse: lo que hoy está en cuadro, mañana puede haber cambiado. Es la primera vez en mucho tiempo que un fondo de TV genera algo de ansiedad en este país, que ya es decir.
Lo que se ve (y lo que se lee)
Pergolini mostró parte de la selección al aire. Entre los argentinos se cuelan Luis Alberto Spinetta (con Peluson of milk, un disco que no es cualquiera), Babasónicos, Catupecu Machu, Los Tipitos, Los Piojos, La Renga, Daniel Melengo, Viejas Locas, Ataque 77 y Fito Páez. El arco es generoso: va del rock barrial a la música popular de exportación, sin pedirle permiso a nadie.
En la vereda internacional aparecieron Pink Floyd, Huey Lewis & The News con Fore!, Manu Chao, The Velvet Underground, The Rolling Stones, Barry Manilow (sí, Manilow, y bienvenido sea a cualquier altar), AC/DC, Foo Fighters y Nirvana. Lo más llamativo: un laserdisc de Prince y una edición japonesa de Nirvana, esas cosas que un fan guarda como reliquia y que acá están servidas en la sobremesa televisiva.
“Los vamos a ir cambiando.”Mario Pergolini
El disparador del recorrido fue el columnista Nico Etevenaux, que se acercó hasta una figura de un Stormtrooper de Star Wars, miró los vinilos y preguntó qué onda. Pergolini, con esa honestidad de manual, le dijo que los había instalado él. Hasta un soldado imperial quedó en segundo plano, lo que ya es un logro estético.
El hallazgo que me llevo
A mí, personalmente, me rescató la presencia de Manu Chao entre tanto gigante angloparlante. Es el disco que, en una pantalla de cuarenta y dos pulgadas, dice más que mil rótulos: habla de viaje, de calle, de un mundo que se entiende mejor con auriculares. Si Pergolini quiere ir cambiando, que le haga lugar. Y a los que se quejan de que "la tele ya no educa": miren esto, aprendan nombres, y después hablamos.
- Spinetta siempre, en cualquier formato y en cualquier pared.
- Manu Chao como puente entre la calle y la radio.
- El laserdisc de Prince como objeto de museo (y de devoción).
- La edición japonesa de Nirvana: el fan service bien entendido.
- Manilow, Manilow, Manilow: la ironía también decora.
El espacio sigue siendo el mismo sótano prestado desde el arranque de la temporada 2026, con sus paredes oscuras, las luces azuladas, una guitarra, un sillón, una lámpara de pie y una estantería con compactos en otra pared. La diferencia es que ahora el fondo cuenta una historia. Y eso, en la televisión argentina de hoy, es un pequeño milagro.
Recomendación concreta: la próxima vez que pasen por una disquería, compren un vinilo que les cambie el día y péguenlo en la pared de la casa. No hace falta impresora 3D. Hace falta decisión.
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