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Poleas para el pecho: la rutina en cuatro movimientos que equilibra brazos y exige al abdomen

El especialista Raúl Notario propone una secuencia unilateral con tres series de 12 a 15 repeticiones por brazo. Cambian los apoyos, las trayectorias y el nivel de activación del tronco.

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Paola CardozoSalud y sociedad · 26 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Acomodate en el sillón del living, que te cuento una escena que me quedó dando vueltas. Hace unas semanas, mientras cubría una nota sobre entrenamiento en un gimnasio de Buenos Aires, vi a un hombre de unos cincuenta y tantos parado frente a una polea, con una pierna adelantada y la otra atrás, empujando el cable con un solo brazo como si le fuera la vida en eso. No era un atleta ni un fisicoculturista: era un contador que me dijo, mientras secaba el sudor con la toalla, que llevaba meses con un dolor en el hombro que se le fue cuando dejó de cargar barras y empezó a trabajar así, con poleas y de a un brazo por vez. Esa imagen me devolvió, ya en la redacción, a la propuesta que viene difundiendo Raúl Notario, graduado en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte y máster en Actividad Física y Salud: una rutina de pecho pensada justamente para repartir el trabajo lado por lado, sin que el brazo dominante se lleve todo el esfuerzo.

Cuatro movimientos, un mismo volumen

Lo primero que Notario aclara, y que a mí me sirve para entender la lógica de la secuencia, es que la pauta es la misma para todos los ejercicios: tres series de 12 a 15 repeticiones por cada brazo. La cuenta va por lado, no es la suma de los dos. Esa decisión de ejecutar de manera unilateral, es decir con un solo brazo a la vez, es lo que permite equilibrar la distribución del esfuerzo entre el pectoral derecho y el izquierdo, algo que cuando uno empuja una barra con las dos manos al mismo tiempo, me confesaba el especialista, queda tapado por el lado más fuerte.

  • Press con zancada: una pierna adelantada, firme durante todo el empuje, la otra atrás como soporte.
  • Aperturas: posición de rodillas, con intervención marcada de glúteos, espalda baja, oblicuos y transverso.
  • Elevaciones con polea: de nuevo sobre rodillas, con abdomen, glúteos y zona lumbar sosteniendo la postura.
  • Cierre unilateral: de pie, con el tronco firme mientras el brazo cruza la línea media del abdomen.

Pensalo como una mudanza de casa. Cuando cargás una heladera entre dos, el que más fuerza tiene termina haciendo trampa y cargando más peso del que le toca. Ahora imaginate que la heladera va por una cinta, como las cintas transportadoras de las fábricas, y la sostenés solo con una mano. El control del tronco pasa a ser clave, porque ya no podés compensar con el otro brazo: tu cintura, tu abdomen profundo y tu espalda baja tienen que mantener la estructura parada mientras la heladera avanza. Eso, traducido al gimnasio, es lo que Notario llama estabilidad del tronco, y es lo que hace que cada ejercicio de esta rutina, más allá de mover el pecho, reclute músculos posturales que muchas veces ni sabemos que estamos entrenando.

Qué cambia entre un movimiento y otro

La diferencia entre las variantes no está solo en el apoyo, sino también en cómo termina el brazo y en si el codo se flexiona o se mantiene estirado. En el cierre unilateral, por ejemplo, el recorrido exige que el brazo pase la línea central del abdomen mientras el tronco se queda quieto como una pared. Notario vincula ese gesto con el trabajo de las zonas inferior y lateral del pectoral, además de los músculos del hombro. En las elevaciones, en cambio, los brazos deben permanecer extendidos durante todo el recorrido, y el énfasis pasa a la parte superior del pecho, esa que muchos sienten que les falta cuando se miran al espejo. El press, finalmente, incluye flexión y extensión del codo: ahí la indicación concreta es tomar aire al flexionar y expulsarlo al extender, algo que parece menor pero que marca la diferencia entre un movimiento controlado y uno a los saltos.

Volvamos al contador del principio. Cuando le pregunté qué había cambiado en su rutina, me dijo algo que me pareció honesto y simple: pasó de hacer press banca con barra a trabajar con poleas, de a un brazo, y aprendió a prestar atención a la postura. No bajó de peso de un día para el otro ni descubrió ningún secreto mágico. Lo que hizo, en el fondo, fue prestarle atención al cuerpo que ya tenía y entender que la estabilidad de la panza y la espalda baja no es un tema solo de abdominales marcados, sino de cómo sostenés la estructura mientras un brazo empuja. Esa, me parece, es la parte más interesante de la propuesta de Notario: la polea no es un accesorio moderno ni una moda de gimnasio, es una herramienta para obligar al tronco a trabajar mientras el pecho hace lo suyo. ¿Y vos, lector, alguna vez te sentaste frente a una polea o te la cruzaste de largo creyendo que era solo para los más avanzados?

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Paola CardozoSalud y sociedad

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