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Puchero, el perro que ya nadie imagina fuera de la bici en Neuquén

Duerme en su colchón en la Comisaría Primera, sale cada turno con los agentes y se ganó un chaleco con una frase que se hizo famosa en el barrio.

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Paola CardozoSalud y sociedad · 5 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

Lo conocí una tarde cualquiera, cuando el sol todavía pegaba fuerte sobre el asfalto de Ministro González y Mendoza. Ahí estaba él, tirado en su colchón dentro de la Comisaría Primera de Neuquén, como si el lugar fuera suyo desde siempre. Apenas vio movimiento, se levantó despacio, estiró las patas y caminó hasta la puerta, listo para lo que viniera. Así empieza cada jornada de Puchero, un perro de unos doce años que, sin portar placa ni uniforme oficial, hace la patrulla más larga y más querida de la ciudad.

Nadie lo trajo. Nadie lo buscó. Un día, hace más de una década, apareció por la seccional y decidió quedarse. Con el tiempo se convirtió en una presencia tan cotidiana que hoy, cuando alguien entra a la dependencia y no lo ve en su colchoneta, pregunta dónde está, como si fuera un agente más. Lo describen como un perro tranquilo, que convive sin dramas con sus colegas de cuatro patas y que, cuando algo se pone tenso, sabe exactamente cuál es su lugar: ladra para alertar y nada más.

Una rutina que empieza antes que el turno

Los bicipolicías son quienes más tiempo comparten con él. Esa modalidad de patrullaje nació en el año 2000 por iniciativa del entonces comisario Mario Barros, junto a un grupo de agentes de Cutral Co que empezaron a cubrir el territorio pedaleando. Puchero llegó después, adoptó la rutina como propia y hoy es, en los hechos, el primer integrante del grupo en estar listo para salir.

“Aparte de ser un compañero, es el primero que está listo para salir a hacer las tareas de prevención. Cuando pedaleamos siempre hacemos una parada fija para no cansarlo demasiado.”Nemesio Lagos, agente

El chaleco que se volvió leyenda

Sobre el torso lleva un impermeable azul con una leyenda que ya es parte del paisaje del barrio: No me lo robes, yo también tengo frío. Lo cosieron a mano integrantes de la agrupación Patas Unidas Neuquén, que un día se acercaron a la comisaría, le tomaron las medidas y le regalaron la prenda. Desde entonces, cada vez que Puchero camina por la calle, los transeúntes se detienen, lo fotografían y, muchas veces, preguntan si necesita un hogar. La respuesta es siempre la misma: ya lo tiene.

  • Duerme en un colchón propio dentro de la Comisaría Primera.
  • Se mueve por un radio amplio: pasa por el Jumbo, la Comisaría Segunda y la División Motorizada.
  • Vacunas al día y comida cubierta con aportes del propio personal.
  • Varios vecinos quisieron adoptarlo, pero él nunca aceptó irse.

La patrulla que se detiene cuando él lo necesita

La agente Aldana Campos, con tres años en la seccional, lo resume así: Se da cuenta enseguida. Solo se pone a ladrar para dar alerta, pero no pasa de eso. Lo dice con la misma naturalidad con la que contaría las tareas del día, porque para ellos Puchero dejó de ser una sorpresa hace mucho. Forma parte del equipo, con su olfato fino, su andar cansino y su manera de sentarse en las paradas como si entendiera que la bici no puede seguir sin una pausa para él.

Cuando me fui de la comisaría, ya caía la tarde y Puchero volvía a acomodarse en su colchoneta, como si la jornada hubiera sido apenas un trámite. Pensé en lo que significa para un perro tener un lugar así: no solo un techo, sino un propósito, un horario, un grupo humano que lo espera cada mañana. En un tiempo donde tantas mascotas terminan en la calle, Puchero encontró algo distinto. Encontró, sin buscarlo, un trabajo, una familia y una ciudad entera que lo reconoce como propio.

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Paola CardozoSalud y sociedad

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