Ramallo Club recorta a USD 9.000 el ingreso a su red de franquicias y se ilusiona con duplicar la cantidad de locales
La cadena de sándwiches de miga eliminó a un intermediario comercial y bajó la inversión inicial casi a la tercera parte del promedio del sector gastronómico. Apunta a cerrar 2027 con 50 puntos de venta.

Veintiséis locales, seis propios y veinte franquiciados, repartidos por el área metropolitana de Buenos Aires, forman hoy la red de Ramallo Club, una cadena que concentra su oferta en los sándwiches de miga y que acaba de dar un golpe de timón en su política de expansión. La compañía redujo la inversión inicial que exige a quien decide sumarse a su sistema de USD 17.000 a USD 9.000, una cifra que se ubica muy por debajo de los USD 30.000 que, según el segmento, se manejan como referencia en la mayoría de las franquicias gastronómicas del país. Vamos a los números: la baja equivale a una reducción del 47% respecto del valor anterior y a prácticamente un tercio del promedio sectorial.
Cómo se logró el recorte
El ajuste no fue producto de un recorte de servicios ni de un achique del paquete que se ofrece al franquiciado. La explicación es más precisa: la empresa dejó de trabajar con una firma intermediaria que se encargaba de la comercialización de las licencias y absorbió esa tarea dentro de su estructura. De ese modo, desapareció del circuito la comisión que el intermediario cobraba, y el precio que el proveedor le pasa a Ramallo Club es el mismo que la cadena le traslada al nuevo franquiciado, sin recargos adicionales.
“Apuntamos más a vender el producto que a tener ganancias en la venta de la franquicia. Ahora manejamos el negocio en forma directa, entonces no tenemos ese costo. El precio que nos pasa el proveedor es el que le pasamos al franquiciado.”voceros de Ramallo Club
Comparado con lo que pedía la propia compañía hace un año, cuando el ticket de entrada rondaba los USD 17.000, la diferencia es de USD 8.000 por local. Frente al promedio del sector, el ahorro se agranda hasta cerca de USD 21.000 por punto de venta, un dato relevante en un contexto donde el costo de dolarizar una inversión inicial suele ser la principal barrera de entrada para los emprendedores PyME que evalúan sumarse a una marca conocida.
La ecuación económica de cada local
- Inversión inicial para un local de unos 30 metros cuadrados: USD 9.000.
- Precio de venta al público de cada sándwich de miga: $1.700.
- Producción mensual de la planta de Munro: cerca de 70.000 sándwiches.
- Facturación promedio anual estimada por local: USD 110.000.
- Proyección de crecimiento de la facturación total de la compañía para 2026: 30% interanual.
Toda la producción de sándwiches sale de una sola planta ubicada en Munro, provincia de Buenos Aires, desde donde se distribuye a cada punto de venta. Esa centralización permite homogeneizar el producto y sostener un precio uniforme, pero también deja a la red con un único punto de elaboración, un factor a observar si la expansión geográfica avanza hacia zonas alejadas del área metropolitana. Por lo pronto, la facturación media de cada local se ubica en el orden de los USD 110.000 anuales, lo que deja un volumen agregado cercano a los USD 2,8 millones para la red actual, siempre que la facturación efectivamente se acerque a esa marca promedio en los veintiséis puntos en operación.
El plan hasta 2027
La compañía se propuso alcanzar los 50 locales hacia 2027, lo que implicaría sumar veinticuatro puntos de venta en poco más de un año, o prácticamente el doble de los locales franquiciados que hoy están funcionando. Para r ese crecimiento, la empresa incorporó nuevas categorías además del sándwich de miga: papas fritas, encurtidos, pizzas y cafetería. La estrategia apunta a aumentar el ticket promedio por cliente sin necesidad de ampliar la superficie de venta. En paralelo, la firma ya analiza desembarcar en otras provincias. Neuquén aparece como uno de los mercados bajo estudio, donde se evalúa un esquema de máster franquicia con operadores que desarrollen la marca en esa región, una modalidad que permite crecer sin que la casa matriz asuma directamente la inversión en cada local. La pregunta que queda picando es si la eliminación del intermediario, que hoy explica buena parte de la baja en el costo de entrada, resistirá el ritmo de crecimiento que la propia compañía se propuso: ¿mantendrá Ramallo Club la gestión directa de sus franquicias cuando la red supere los cincuenta locales y los mercados queden a cientos de kilómetros de Munro?
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