Roblox y los chicos: lo que una plataforma con veinte años todavía le debe a las familias argentinas
La divulgadora Julieta Schulkin advierte que prohibir la plataforma sin entender cómo funciona empuja a los chicos hacia otros espacios con los mismos riesgos. Claves para configurar el acceso y acompañar desde el conocimiento.

Desde la redacción vengo siguiendo hace tiempo el fenómeno de las plataformas que mutaron de juego a lugar de encuentro, y el caso de Roblox me parece uno de los más urgentes para conversar con los padres en Argentina. La plataforma cumplió veinte años y sigue siendo uno de los espacios digitales más transitados por chicos y adolescentes, aunque la mayoría de los adultos todavía la piensen como un simple videojuego, cuando en realidad aloja más de seis millones de experiencias creadas por usuarios y empresas, y funciona como un punto de socialización que en muchos casos termina reemplazando la plaza o el club del barrio, algo que conviene tener presente cada vez que un padre me pregunta qué hacer con el celular de su hijo.
Lo que los padres no están viendo
La periodista y divulgadora Julieta Schulkin publicó una investigación entera sobre el funcionamiento de Roblox y su conclusión es tan incómoda como concreta: muchas familias tomaron decisiones, a favor o en contra, sin conocer realmente cómo opera la plataforma por dentro, y esa brecha de información es la que termina dejando a los chicos más expuestos de lo que los propios adultos imaginan.
Schulkin, a quien cito tal como la consulté para esta nota, señaló que en los últimos meses hubo una ola de familias que empezaron a prohibir Roblox de manera directa, y agregó que la sensación que le quedó después de investigar el tema es que estábamos prohibiendo algo que no entendíamos bien, una frase que me parece clave porque describe con precisión lo que pasa cada vez que un riesgo digital se aborda desde el pánico y no desde el conocimiento.
“Hubo una ola de familias que empezaron a prohibir Roblox y la sensación era que estábamos prohibiendo algo que no entendíamos bien.”Julieta Schulkin, periodista y divulgadora
La economía interna que reproduce la calle
Uno de los aspectos menos visibles para los adultos es la economía interna de la plataforma. Roblox tiene su propia moneda, los Robux, que se compran con dinero real, y con ellos se accede a elementos visuales para el avatar, mascotas virtuales y servidores privados; se puede jugar sin gastar un peso, pero quienes tienen Robux o pasan muchas horas acumulando recompensas terminan accediendo a beneficios que los demás no tienen, una dinámica que Schulkin describe sin rodeos como una reproducción de la estructura de clases sociales, igual que en la vida física, donde adentro del juego se nota claramente quién invirtió dinero y quién no.
Red social disfrazada de juego
El otro punto que las familias suelen pasar por alto es la dimensión social. Los usuarios pueden seguir a otros, tener seguidores y armar grupos de amigos, y la plataforma recomienda juegos según lo que juegan los contactos de cada chico, lo que la convierte en un ecosistema con lógicas parecidas a las de las redes sociales, aunque sus responsables insistan en diferenciarla públicamente, una diferencia formal que en la práctica cambia poco la manera en que los chicos se vinculan adentro.
Qué pueden hacer las familias hoy mismo
Entre los riesgos más serios está el grooming, y la posibilidad de que adultos contacten a menores dentro de la plataforma es real y está documentada, por eso Schulkin no propone el rechazo automático sino la configuración activa como primera línea de cuidado, una idea que a mí, como cronista de estas temáticas, me parece la más razonable para bajar la ansiedad de los padres sin dejar a los chicos afuera de su mundo. Entre las configuraciones básicas que recomienda la divulgadora, y que cualquier familia puede aplicar esta misma tarde, figuran las siguientes:
- Ajustar los controles de privacidad desde la cuenta del menor para limitar quién puede contactarlo.
- Revisar quién puede chatear con el chico y desactivar el chat con desconocidos si todavía no hay una edad que lo justifique.
- Habilitar las restricciones de contacto que ofrece la propia plataforma y leer qué cambia con cada nivel.
- Revisar periódicamente la lista de amigos y seguidores, como se haría en cualquier red social.
- Conversar con los chicos sobre los Robux y el gasto real, para que entiendan que la moneda tiene un costo en pesos y no es solo un número en pantalla.
Schulkin lo resume con una idea que me llevo puesta de esta conversación y que quiero dejar por escrito para los padres que me leen: si un chico no puede usar Roblox, lo más probable es que migre a otra plataforma de diseño similar, porque la necesidad de encuentro no se prohíbe, se canaliza, y la tarea de los adultos no es sacar la herramienta sino aprender a configurarla y a acompañar, que es algo bien distinto y bastante más realista que el corte de internet o la quita del dispositivo.
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