Saltar al contenido
Viernes, 2 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instanteBuscar ⌕
Frontera Informa

Frontera Informa

Sangre azul, albóndigas y un muerto: la aristocracia según Jim O'Hanlon

Fackham Hall llega a las pantallas con la solemnidad de un retrato isabelino y las ganas de hacer reír de un sketch nocturno. Una comedia británica que se ríe de los Davenport, de sus casamientos arreglados y de ese otro gran pasatiempo de la nobleza: esconder cadáveres a la hora del té.

MT
Marta TolabaCultura y espectáculos · · 3 min de lectura
Sangre azul, albóndigas y un muerto: la aristocracia según Jim O'Hanlon

Hay una escena que resume el espíritu de Fackham Hall, traducida acá como Un muerto a la hora del té, y no la voy a spoilear: alcanza con decir que a alguien se le cae el té cuando descubre lo que acaba de pasar en el salón. La imagen condensa el pacto que propone Jim O'Hanlon: partir de los modales de una familia aristocrática británica y reírse de ellos hasta que la porcelana diga basta. La película se presenta como un drama de época y se comporta como una comedia que no termina de creerse la solemnidad que muestra.

La historia arranca con la boda frustrada de Poppy Davenport (Emma Laird) y su primo Archibald (Tom Felton), un casamiento que ya desde el vamos huele a negocio inmobiliario con apellido. Cuando la ceremonia se cae, la responsabilidad de asegurar el futuro de la dinastía recae sobre la hermana menor, Rose, a quien Thomasin McKenzie le imprime una mezcla de candidez y terquedad muy del gusto de la audiencia que se enganchó con Downton Abbey. A Rose se le cruza Eric Noone (Ben Radcliffe), un carterista que llega a la mansión para entregar una carta y termina contratado por el servicio. El amor entre patrones y sirvientes ya es un clásico: acá viene condimentado con la diferencia de clase y con un guiño permanente a los enredos de herencia.

Un Hércules Poirot con bigotes y con panza

La investigación queda en manos del detective Watt, al que Tom Goodman-Hill le pone cuerpo y bigote postizo. Es un homenaje cariñoso y un poco burlón a Hércules Poirot: el personaje se agarra la barriga, acomoda el mostacho y lanza deducciones que suenan impresionantes hasta que uno se da cuenta de que está leyendo la revista equivocada. A ese hilo policial se suma el ojo del guionista Jimmy Carr, humorista conocido por sus monólogos donde el remate siempre llega dos beats tarde, y eso se nota en varios chistes: la gracia se demora, llega cuando el espectador ya bajó la guardia y lo agarra con la guardia baja, justamente.

  • Jim O'Hanlon, director de la adaptación de Emma de 2009, vuelve a meter cámara dentro de una mansión inglesa, esta vez con voluntad de parodia.
  • Jimmy Carr, del equipo de guionistas, aporta un humor de remate retardado que se nota en los diálogos.
  • Elenco central: Thomasin McKenzie (Rose), Ben Radcliffe (Eric), Emma Laird (Poppy) y Tom Felton (Archibald).
  • La historia se apoya en la tensión entre familia y servicio, un recurso habitual del género, y la empuja hasta el absurdo.
  • El detective Watt (Tom Goodman-Hill) caricaturiza a Poirot con bigote, barriga y deducción a destiempo.

(Acá va el rescate obligatorio: si el material me lo permite, y me lo permite, me quedo con Ben Radcliffe, que carga con la parte más difícil de la película. Es el que tiene que enamorar a la heredera, esconder que es un carterista y sostener la mitad de las escenas físicas. Radcliffe, a quien muchos recordarán por la serie Jamestown, le pone al personaje una torpeza entrañable, de esas que hacen querer abrazar al muchacho en vez de denunciarlo.)

El guión apunta a dos blancos principales: los casamientos entre primos como estrategia de conservación del patrimonio y la obsesión de la aristocracia por mantener la sangre azul, aunque la sangre termine azul por otros motivos menos nobles. Fackham Hall se ríe de todo eso con la misma elegancia con la que los sirvientes sirven el té: ceremonia intacta, contenido derramado. Y en el medio, como no podía ser de otra manera, aparece el muerto, que no es uno solo y que le da al título la mitad de su razón de ser.

Mi recomendación concreta: si te bancás las comedias británicas con casamiento, mayordomo y algún cadáver decorativo, reservale una noche a Fackham Hall. Si venís de Downton Abbey esperando solemnidad, mejor andá preparando el pañuelo: te van a hacer reír con las mismas cosas que allá te conmovían. Y si sos de los que pide pochoclo para una peli de época, pedilo sin culpa: la película se banca las dos cosas al mismo tiempo.

MT
Marta TolabaCultura y espectáculos

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo