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Se fue el Negro que habló en las mañanas: González Oro murió en Punta del Este a los 74 años

El conductor que durante quince años reinó en la AM con El oro y el moro había dejado Buenos Aires en 2020 y dejó la diaria en 2021, tras 35 años de micrófono. La noticia la confirmó su entorno en Uruguay, donde vivía con amigos y dedicaba tiempo a sus hijos.

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Marta TolabaCultura y espectáculos · 25 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

Murió Oscar González Oro. El Negro, como le decían casi todos, se fue este viernes 25 de septiembre en Punta del Este, a los 74 años, en la ciudad que eligió como refugio cuando la rutina porteña le quedó grande. Lo que sigue es un repaso, sin vueltas, de una de las carreras radiales más reconocibles de las últimas décadas en la Argentina.

Un conductor que amaneció durante quince años

El oro y el moro fue el ciclo que lo tuvo al frente de la mañana durante quince años y que, según el material de base, lideró la audiencia de la radio AM durante una década. Para quien haya madrugado entre 1990 y mediados de los 2000 con una AM prendida, la voz de González Oro fue casi un despertador con opinión: anécdotas, política, humor y esa cercanía de mesa de café que la radio argentina cultivó como ninguno. (Dicen los memoriosos que había algo de sicoanalista barato y algo de cura de parroquia en esos micrófonos.)

El 2 de abril de 2021 dejó la conducción diaria, al completar 35 años de carrera. En la última emisión hubo recuerdos, familiares, compañeros y público. Y cerró con una frase breve, de esas que resumen medio siglo de oficio: "Me han hecho muy feliz". No hacía falta más.

Por qué se fue a Uruguay

La mudanza a Punta del Este se concretó en 2020. Dejó la casa de San Isidro, tramitó la residencia y armó vida nueva. Entre las razones que dio mencionó la cuarentena, la muerte de varios amigos y, sobre todo, el desgaste de escuchar a diario los problemas de sus oyentes. Pocas veces un conductor radial admite en voz alta que el costo humano del micrófono lo empujaba a correrse.

Días antes de su despedida de la diaria, lo había explicado con claridad: quería más tiempo para sus hijos. La decisión fue meditada, no un arranque, y combinó lo laboral con lo afectivo, algo que no siempre se ve en esta profesión donde casi todo se posterga.

Los últimos años: lejos, pero no tanto

Aunque se instaló en Uruguay, no se desenchufó. Desde su casa hizo entrevistas y tuvo participaciones ocasionales en radio y televisión. Mantuvo el vínculo con el público a través de sus redes, donde compartía recuerdos y reflexiones. La periodista Denise Pessana recordó una cena que compartieron un mes antes de su muerte y destacó su cultura y las anécdotas que contaba, aunque señaló que lo había visto frágil. Una imagen que se repite, la del contador de historias que ya empieza a ahorrar energía.

Qué queda de su paso por la radio

  • Una mañana de AM que durante una década lideró la audiencia con El oro y el moro.
  • 35 años de carrera interrumpidos por decisión propia, no por fracaso.
  • La mudanza a Punta del Este como gesto de autocuidado, en una profesión que suele quemarte sin pedir permiso.
  • Una despedida pública con frase final memorable: "Me han hecho muy feliz".
  • Una vida social activa en Uruguay, con cenas, anécdotas y un círculo de amigos que hoy lo despide.

Si sos de los que crecieron con la radio de fondo mientras preparaban el mate, te toca detenerte un segundo. González Oro fue uno de los últimos grandes de una camada que entendía que la mañana no se gana con un título: se gana con presencia, con humor y con saber cuándo callar. Que se haya ido en Punta del Este, lejos del estudio, tiene algo de paradoja: construyó su carrera en Buenos Aires y eligió terminarla en el silencio de otra costa. Pero los que lo escucharon saben que el silencio con él nunca fue total: siempre quedó resonando algo.

Recomendación concreta para esta noche: si tenés algún recorte, audio o video de El oro y el moro guardado en el celular o en un viejo cassette, sentate a escucharlo. Y si te cruzás con algún oyente de esa época, convidá un café y dejá que arranque la charla. Las mejores despedidas son las que se cuentan en primera persona, alrededor de una mesa, como a él le gustaba.

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Marta TolabaCultura y espectáculos

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