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Semana al dente: un menú que pide cuchara, pan y un poco de paciencia

Siete días, siete opciones para no aburrirse en la mesa: sándwich de huevo y palta, tarta de zapallitos, morrones rellenos, buñuelos de espinaca, pizza y dos pollos que piden fuego lento. Y de postre, un cupcake con alma de limonero.

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Marta TolabaCultura y espectáculos · 21 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

Acá estamos, otra vez frente a la pregunta existencial de cada domingo: qué carajo cocinar en la semana que arranca. La propuesta que me llegó a la mesa combina sándwiches, verduras rellenas, dos pollos con sus respetivas guarniciones y hasta una pizza con pera, queso azul y un chorrito de miel. Vamos por partes, porque el menú tiene más recovecos de los que parece a primera vista.

Verduras que piden mimo, no apuro

Empiezo por las verdes, que son las que más atención piden. La tarta de zapallitos sale bien solo si uno entiende algo básico: los zapallitos largan agua y, si esa agua se va a la masa, chau tarta. La cocción tiene que ser destapada, para que el líquido se evapore, y después un rato de escurrido antes de mandarlos al relleno. Parece un detalle menor, pero es el que decide si la masa queda crocante o se transforma en un papelón húmedo.

Los morrones rellenos de arroz son más democráticos: van los tres colores, del tamaño que se consigan en la verdulería. Eso sí, conviene elegir piezas parejitas para que se cocinen parejo en el horno. La base es vegetariana, pero admiten pollo desmenuzado, atún o huevo duro si la billetera o el hambre piden más proteína. Se comen solos como plato principal o de acompañamiento, y rinden bien para una visita inesperada.

Para el apuro y para la olla

  • Sándwich de huevo duro y palta: la palta hace de mayonesa natural, el pan tostado aporta el crujido y las hojas verdes se agreban en el momento. Listo en diez minutos y se lleva perfecto en una vianda.
  • Buñuelos de espinaca: funcionan como entrada, como acompañamiento o como picoteo de media tarde, según el humor del día.
  • Pollo a la cacerola con tomate: fuego bajo, paciencia de abuela y un arroz blanco al lado para absorber esa salsa que sale como premio.
  • Pollo con polenta: la salsa se cocina sin apuro hasta espesar, y la polenta recibe todo el jugo con los brazos abiertos.
  • Pizza de queso azul, pera y rúcula: el contraste salado, dulce y amargo se completa con un hilo de miel antes de cortar el primer trozo.

Las dos preparaciones con pollo comparten una filosofía que a veces se olvida en la cocina moderna: el tiempo es un ingrediente. Fuego bajo, olla tapada y a dejarlos hacer. La carne queda tierna y la salsa queda con cuerpo, que es exactamente lo que uno quiere para acompañar un arroz blanco o una polenta que no se deshaga en el plato.

El postre que no es un cupcake cualquiera

Para el cierre dulce, la idea es agarrar una magdalena o un muffin ya hecho y rellenarlo con una crema de limón bien ácida, coronada con merengue o chantillí. El contraste entre la acidez del relleno y la dulzura de la cobertura es lo que justifica el esfuerzo, porque una magdalena sola, a esta altura del partido, no le dice nada a nadie.

“¿Qué plato sumarías a tu menú de esta semana? La pregunta queda flotando, porque entre sartenes, ollas y tuppers siempre hay lugar para un capricho más. Mi recomendación concreta: arrancar el lunes con la tarta de zapallitos, dejar el pollo a la cacerola para el miércoles —que entre el trabajo y la vida, uno necesita un plato que se cocine solo— y guardar la pizza de pera y queso azul para el viernes a la noche, con una copa de algo fresco. El resto, que se acomode como pueda.”Marta Tolaba, Cultura y espectáculos
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Marta TolabaCultura y espectáculos

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