Ted Lasso aprende la lección que no aprendió con Nate y la aplica con la nueva incorporación del Richmond
La cuarta temporada introduce a Alice Chilton, una asistente del equipo femenino con talento, frustración y una agresividad que recuerda al camino que tomó Nate Shelley. Pero esta vez, Lasso reacciona a tiempo.

Volvió Ted Lasso y, como era de esperarse, no vino solo. La cuarta temporada de la serie de Apple TV arrastra un fantasma conocido: el conflicto con Nate Shelley, el personaje que pasó de del material a villano emocional en cuestión de dos temporadas. Pero el fantasma, esta vez, tiene cara nueva. Se llama Alice Chilton, la interpreta Tanya Reynolds y aparece como asistente del equipo femenino del AFC Richmond. Mismo punto de partida, distinto desenlace. O eso promete la serie.
El espejo de Nate
Chilton arranca como Roy Kent versión femenina: entrenadora asistente con carácter, llegada al grupo, respeto inmediato. Hasta que el quinto episodio la manda al territorio donde mejor se mueve el guionista Bill Lawrence: el de la frustración que se pudre adentro. Chilton siente que no recibe la atención que merece, que las jugadoras están más pendientes de la vida sentimental de Ted que de sus tácticas, y empieza a tratarlas como Nate trataba al equipo en sus peores momentos: con crueldad disfrazada de exigencia.
El paralelo con Nate Shelley, interpretado por Nick Mohammed, no es sutil ni pretende serlo. Nate fue el protegido de Ted, el ascenso meteórico desde el banco de suplentes hasta el cuerpo técnico, y también fue la prueba de que el optimismo mal administrado puede ser una bomba de tiempo. Cuando Nate dejó de sentirse visto, empezó a destruir. La tercera temporada intentó una redención que dejó a más de uno con gusto a poco.
- Nate: talento reconocido, confianza de Ted, resentimiento acumulado, caída pública.
- Chilton: talento reconocido, sensación de ninguneo, irritación creciente, conflicto abierto.
- Ted en las primeras temporadas: permisivo, confiado, lento para ver la señal de alerta.
- Ted en la cuarta temporada: suspende a Chilton durante un partido antes de que el daño sea irreparable.
Y acá está lo interesante. La serie no cuenta dos veces la misma historia: cuenta la misma historia con un personaje que reacciona distinto. Ted ya no es el coach que banca a todo el mundo hasta que el grupo se rompe. Esta vez, corta el problema de raíz. La decisión de suspender a Chilton en pleno partido es chica en la pantalla y enorme en el arco del personaje. Es la prueba de que Lasso finalmente entendió algo que Nate le enseñó a la fuerza: ayudar a alguien no es tolerar que lastime a otros.
Hay un antecedente que pesa. Chilton tiene historia con Gemma, la jugadora interpretada por Abbie Hern que en algún momento se alejó del fútbol por los cruces duros con la asistente. Cuando un grupo ya vio a una compañera salir dañada por tu trato, el margen de error se acorta. Eso lo sabe Ted, eso lo sabe el vestuario y eso, sospecho, lo va a saber Chilton cuando termine de ver el partido desde el banco.
La temporada todavía tiene capítulos por delante y la pregunta queda flotando, casi como un pase filtrado al vacío: ¿podrá Chilton torcer el camino que Nate no supo torcer a tiempo, o la serie le va a guardar el mismo final amargo? Mientras tanto, dejo la recomendación de siempre: maratonear los primeros cuatro episodios de esta entrega y prestar atención a las escenas del entrenamiento. Ahí, en los gestos chicos, está la verdadera declaración de intenciones de los guionistas. Algo que Ted Lasso nunca deja escapar, aunque ahora, al menos, lo corte a tiempo.
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