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Tres años en lista de espera, treinta kilos menos y, de golpe, la regla volvió a aparecer: lo que cuenta una paciente chaqueña sobre la cirugía bariátrica y la fertilidad

Un estudio británico publicado en Obesity Surgery volvió a poner el tema sobre la mesa: nueve de cada diez mujeres con síndrome de ovario poliquístico que se operaron dejaron de tenerlo. Una investigación chica, sí, pero que reabre el debate sobre cómo se aborda la obesidad en las consultas de ginecología.

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Paola CardozoSalud y sociedad · 14 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

A Mariana le diagnosticaron ovarios poliquísticos a los veintitrés años, en una guardia del Hospital Perrando de Resistencia, después de seis meses sin menstruar y dos años peleándola con reglas que aparecían cada cuarenta, cincuenta, a veces sesenta días. Cuenta que el ginecólogo le dijo algo que todavía recuerda textual: «bajá diez kilos y volvé a verme». Bajó cinco, lo recuperó, bajó siete, los recuperó. Hasta que a los treinta y dos, harta de la montaña rusa, se anotó en el programa de cirugía bariátrica del hospital público. Le hicieron un bypass gástrico en marzo del año pasado. Perdía peso casi sin darse cuenta y, al cuarto mes, la menstruación empezó a llegar cada veintiocho días, como un reloj. En diciembre se enteró de que estaba embarazada. Hoy, con treinta y cuatro, tiene a Lautaro en brazos y todavía le parece mentira.

La historia de Mariana no aparece en ningún paper, pero ayuda a entender por qué un estudio publicado el 7 de septiembre en la revista Obesity Surgery generó ruido en los consultorios de ginecología de medio mundo. La investigación, firmada por un equipo de la Universidad de Surrey, en el Reino Unido, comparó a 84 mujeres con obesidad que pasaron por el quirófano con otras 18 que eligieron no operarse. Las primeras perdieron en promedio más de 30 kilos en los dos años posteriores a la intervención. Y esa pérdida de peso, que en la jerga médica es muchísimo más que un tema estético, trajo consigo cambios hormonales que los propios investigadores definen como «significativos».

Qué pasó con los ciclos, las hormonas y los ovarios

Para entender por qué bajar de peso puede mejorar la fertilidad hay que pensar en el cuerpo como una casa con muchas cañerías conectadas entre sí, no como piezas sueltas. La grasa corporal, sobre todo la que se acumula en el abdomen, funciona como una fábrica de hormonas: produce estrógenos en exceso y desequilibra otras, como la insulina y la testosterona. Cuando esa fábrica se achica, las cañerías dejan de recibir presión de más y empiezan a funcionar como deberían. Por eso las mujeres del estudio no solo perdieron peso: también vieron cómo sus ciclos menstruales se regularizaban, sus niveles hormonales se estabilizaban y, en el caso del síndrome de ovario poliquístico (también llamado síndrome metabólico poliendocrino ovárico en su nueva denominación clínica), la condición directamente desaparecía en nueve de cada diez pacientes operadas. En el grupo que no se operó, las mejoras fueron mucho más modestas.

“Los niveles hormonales desregulados, las reglas irregulares y condiciones como los ovarios poliquísticos se ven afectados por la obesidad. Al reducir esto, lo que hemos visto es que puede conducir a mejoras sin necesidad de medicación.”Kathryn Hart, profesora asociada de nutrición y dietética en la Universidad de Surrey (Reino Unido)
  • Pérdida de peso promedio superior a los 30 kilos en dos años.
  • Regulación de los ciclos menstruales, que pasaron de ser irregulares a predecibles.
  • Estabilización de los niveles hormonales vinculados a la fertilidad.
  • Desaparición del síndrome de ovario poliquístico en 9 de cada 10 mujeres que lo padecían antes de la cirugía.
  • Diecisiete embarazos saludables registrados después de la intervención en el grupo operado.

Por qué este estudio importa y por qué hay que tomarlo con cautela

El trabajo tiene dos limitaciones que los propios autores reconocen y que cualquier especialista repite antes de cambiar una guía clínica: la muestra es chica (apenas 102 mujeres en total) y el grupo de comparación es reducido (solo 18 pacientes). Eso significa que los resultados son una pista muy prometedora, pero no una prueba definitiva. Aun así, la investigadora Kathryn Hart fue categórica: los datos deberían llevar a los médicos a considerar la cirugía bariátrica como una vía para tratar tanto las irregularidades menstruales como los problemas de fertilidad, y no solo como una herramienta para bajar de peso.

Lo que a mí me queda dando vueltas, después de repasar el paper y de cruzar lo que dice con lo que cuentan pacientes como Mariana, es que durante décadas tratamos la obesidad y la fertilidad como dos conversaciones separadas: una en el consultorio del clínico o el nutricionista, otra en el del ginecólogo. Lo que este estudio viene a decir, con todas las salvedades del caso, es que tal vez esas dos conversaciones deberían ser una sola. Sobre todo para las mujeres en edad reproductiva que llevan años escuchando que tienen que bajar de peso sin que nadie les ofrezca, en serio, un camino para hacerlo.

¿Conocés algún caso cercano de alguien que haya pasado por una cirugía bariátrica y haya notado cambios en su ciclo o en su fertilidad? Contame qué viste, qué te contaron o qué te hubiera gustado que te cuenten. Las leo.

PC
Paola CardozoSalud y sociedad

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