Tres horas y pico con la mujer que quiso cambiar el mundo (y casi lo desarma): el documental que rompe todos los rankings
"You Can See Everything", de Nathan Fielder y Lance Oppenheim, registró durante tres años la vida cotidiana de Elizabeth Holmes en la cárcel y se convirtió en un fenómeno de crítica y público en cuestión de horas.

Empecemos por una verdad incómoda: nadie espera hacer fila para ver un documental sobre una condenada por fraude que dura más de dos horas y cuarenta minutos. Y, sin embargo, eso fue exactamente lo que pasó en las salas de Estados Unidos con "You Can See Everything". La película explotó, los comentarios explotaron y hasta los rankings explotaron: pasó al primer puesto histórico de Letterboxd en tiempo récord.
(Aclaración para quien no haya caído en la referencia: Elizabeth Holmes es esa joven de ojos claros y voz grave que fundó Theranos en Silicon Valley prometiendo revolucionar los análisis de sangre con una tecnología que,spoiler alert, nunca existió como decía. Condenada a once años y tres meses de prisión, se transformó en el rostro más conocido del fraude corporativo del siglo XXI.)
Tres años de filmación secreta y una sola pregunta
La rareza del asunto es que Fielder y Oppenheim filmaron durante tres años y, según relatan, Holmes les abrió las puertas a apenas 34 días de haber pisado la cárcel. Es decir: la protagonista de la historia les entregó su vida cotidiana, el detrás de escena más íntimo, en el momento exacto en que su imperio de mentira ya se había derrumbado. El resultado es un documental que no se parece a ningún otro retrato de la — su tech, su escena, su mundillo — al que estamos acostumbrados.
- Letterboxd: 4,76 sobre 5, con más de 87.000 votos. Superó a "Harakiri" (4,68) que llevaba años en lo más alto.
- Rotten Tomatoes: 99% de reseñas positivas de la crítica especializada.
- IMDb: 9,3 de promedio, en empate con "Cadena perpetua" en el primer puesto histórico.
- Duración: más de dos horas y cuarenta minutos de metraje.
El golpe en la butaca: silencio absoluto al terminar
El dato de color que más circuló entre quienes ya lo vieron no fue ninguna cifra: fue el silencio. Cuentan los espectadores que, al finalizar la proyección, nadie aplaudió, nadie murmuró, nadie sacó el celular. Solo un silencio espeso, como si la sala entera necesitara unos minutos para volver al mundo real después de convivir casi tres horas con la caída más espectacular del capitalismo moderno. Es la clase de respuesta que ningún estudio puede comprar con marketing: se llama, simplemente, incomodidad.
De los artistas poco conocidos rescato hoy a Lance Oppenheim, codirector del documental. Tiene apenas veintipocos, viene del mundo de los cortos y de la crónica en video para publicaciones independientes, y acá se planta como un narrador visual de primera línea. Fielder, su socio en esta aventura, ya era una cara conocida por sus provocaciones en televisión; pero el hallazgo, el que se lleva el crédito visual y estructural, es Oppenheim. Vale la pena seguirle el rastro desde acá.
¿La recomendación concreta? No esperen a que llegue traducido, no lean reseñas, no miren trailers. Cuando se estrene en la Argentina, saquen entrada para la primera función del día, sin café encima, y dedíquense tres horas sin interrupciones. Es el tipo de documental que después no se puede comentar con alguien que no lo vio: o se padeció junto, o no se entiende. Y si no se animan a casi tres horas de una estafadora en penitenciaría, también está perfecto: hay cientos de atajos en el catálogo que rinden menos, pero cuestan menos tiempo. Ustedes verán.
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