Un pibe, un malambo y un tren con nombre de río: llega El tren fluvial a Buenos Aires
El debut de Toto Ferro en la dirección larga, que codirigió con Lucas Vignale, se proyecta desde el 8 de octubre en la Lugones y desde el 10 en el Malba. Milo Barría, un chico de nueve años que quiere conocer la ciudad, sostiene una historia pequeña y llena de aire.

Vaya paradoja: el cine argentino siempre tiene un tren a punto de partir, y alguien a última hora que se sube. El tren fluvial, la ópera prima de Lorenzo Toto Ferro codirigida con Lucas Vignale, vuelve a la ciudad donde fue pensada y filmada. Después de pasar por la Berlinale, BAFICI y San Sebastián, la película tiene funciones confirmadas desde el 8 de octubre en la Sala Leopoldo Lugones y desde el 10 en el Malba. Quien quiera ver cine argentino reciente en pantalla grande, sin streaming mediante, tiene dos ventanas concretas y muy porteñas.
Un viaje de nueve años y un protagonista salido de General Madariaga
El centro de la historia es Milo, un chico de nueve años que practica malambo y carga con las expectativas familiares sobre su futuro como bailarín. Lo que él quiere, en cambio, es subirse a un tren y conocer Buenos Aires, esa ciudad que solo conoce a través del cine. Decide viajar solo. El personaje lo sostiene Milo Barría, un chico al que los directores encontraron en General Madariaga mientras trabajaban en otro proyecto. Tenía ocho años y bailaba malambo. De ese encuentro, según contó Ferro, salieron dos cosas decisivas: la relación del personaje con la danza y una idea sobre los trenes que acercó el propio niño.
(Acierto de casting: cuando el actor se parece al personaje por donde se lo mire, la película ya tiene medio viaje hecho. Acá el malambo, la provincia y la edad coinciden con la ficción, y se nota en pantalla.)
El elenco se completa con Rita Pauls, Mariano Barría y Fabián Casas, que completan el cuadro adulto. La mezcla entre un protagonista no profesional y caras con trayectoria es una decisión que el cine argentino viene explorando hace rato, y que acá funciona sin fricciones.
Una película que se reescribía en el hotel
La dinámica de rodaje es de esas que vale la pena conocer. Ferro recordó que el equipo compartía hotel, hablaba las escenas por la noche y revisaba lo grabado antes de preparar la jornada siguiente. De esas conversaciones podían salir escenas nuevas. Es una forma de trabajar muy de producción chica: pocas tomas, mucho margen, mucho ensayo. Con un niño como protagonista, claro, no quedaba otra: alternaban tomas con juegos y buscaban distintas maneras de sostener su atención. El método se nota en el ritmo de la película, que respira.
(Vignale, hay que decirlo, murió el 14 de junio a los 28 en un choque de dos helicópteros en Río de Janeiro, después de haber acompañado a Ferro en la presentación de Nueva York. Que la película siga rodando por las salas es, como dijo el propio Ferro, una manera de mantener vivo algo de lo que fue. Y, en lo que toca al crítico, la mejor forma de recordarlo es verla.)
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