Un tipo con una bomba y una cámara de TV: Van Sant vuelve al delirio
Llega al streaming la película que reconstruye el caso real de Tony Kiritsis, un hombre que secuestró al hijo de un banquero para contar su historia en pantalla. Con Bill Skarsgård como protagonista y un presupuesto ajustado, Gus Van Sant firma un thriller incómodo y muy político.

(Spoiler: el título del material dice "ya está disponible en streaming", pero, en el fondo, lo que de verdad quiero contar es por qué este delirio con rehenes del siglo pasado sigue pareciéndote una noticia de la semana pasada.) Confesión de entrada: cuesta tomarse en serio a un hombre que entra a un banco con un collar bomba atado al cuello de su rehén y pide salir en televisión nacional. Pero ahí está la gracia, y por eso Gus Van Sant vuelve a meter la mano en el archivo de la locura estadounidense para reconstruir el caso de Tony Kiritsis, aquel sujeto que en 1977 decidió que la única manera de que alguien lo escuchara era poner en riesgo la vida de otro.
Una historia real, mal contada, que sigue vigente
La película se llama "Prime Crime: A True Story", aunque en algunos lados la van a encontrar como "Dead Man's Wire", que es el título original. La historia es sencilla y desquiciada al mismo tiempo: Kiritsis va a un banco a pedir un préstamo, le dicen que no, sospecha que la entidad quiere quedarse con su terreno para especular y, en lugar de aceptar la negativa, vuelve con un dispositivo casero atado al cuello del hijo del banquero y dos pedidos concretos. Primero, una indemnización. Segundo, hablar en vivo en la tele, frente a todo el país.
Ese es el punto de partida de la nueva película de Van Sant, un director al que el público mainstream conoce por éxitos mainstream (léase "Good Will Hunting") y el circuito indie conoce de verdad por películas como "Todo por un sueño" o "Mi idolo privado". Lo que le interesa al cineasta son los personajes al borde, los que tropiezan con las reglas del sistema y buscan una salida desesperada fuera del manual. En esta entrega vuelve a esa zona con la elegancia de siempre y con una preocupación nueva: cómo se cuenta un disparate cuando las cámaras ya no se van.
- Bill Skarsgård, el actor sueco que pasó del terror con Pennywise a dramas familiares, carga con el protagónico entero y sostiene la tensión en escenas donde la palabra hace el trabajo pesado.
- La estética recupera el thriller setentoso de ciudades norteamericanas con sus policías desbordados y sus móviles que transmiten en blanco y negro.
- Gil Scott-Heron suena en el cierre, un guiño político que convierte el desenlace en algo más grande que un operativo.
- El film pasó por las salas con 3,8 millones de dólares recaudados según los registros del material, lejos de su presupuesto estimado, y encontró en Movistar Plus una segunda vida.
El streaming como destino natural (otra vez)
Acá va el dato con la ironía que se merece: la película juntó en las salas una cifra modesta (3,8 millones de dólares frente a un presupuesto que el material estima por debajo de los 15 millones). Esas cuentas no cierran en ningún sentido, pero tampoco sorprenden para un título que pide paciencia y donde el estallido no llega por ruido sino por palabra. El streaming, otra vez, terminó siendo el lugar donde este tipo de películas encuentra su público sin pedir disculpas por no llenar butacas.
Mientras la miraba pensaba en cuántos casos parecidos al de Kiritsis tenemos registrados por acá sin que nadie les haya dedicado ni un podcast. El hombre se plantó frente a un banco, pidió una cámara y se convirtió en personaje de la tarde. El sistema no lo escuchó, pero la televisión, que es otra forma de no escuchar, le dio aire. Treinta años después, en otra escala y con otros protagonistas, eso sigue pasando todos los días. La diferencia es que la pantalla donde se filma ya vive en un bolsillo.
Un nombre poco conocido para seguir de cerca
Antes de cerrar, rescato a alguien que no suele aparecer en los créditos grandes: la cámara del film trabaja permanentemente sobre los detalles del dispositivo casero. Las soldaduras, los cables, los tiempos que se marcan con un cronómetro improvisado. Ese trabajo de carpintería visual no es un capricho estético: es lo que sostiene la idea de que un hombre común construyó algo a mano porque nadie le dio las herramientas para resolverlo por la vía legal. Ese artífice silencioso es el verdadero protagonista.
Recomendación concreta: si te gustó el policial setentoso, si bancás a Van Sant cuando se pone denso, o si simplemente te intriga un episodio real donde alguien eligió hablar en cámara antes que disparar, esta es tu película del finde. Buscala en Movistar Plus, hacéte un café y no la veas apurado. Es el tipo de material que se disfruta cuando le devolvés al streaming la paciencia que muchas veces no le damos.
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