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Una escapada corta y cerca de casa también puede sumar bienestar, según un estudio australiano

Una investigación de la Universidad de Sunshine Coast, con más de 1.200 turistas australianos, observó que las salidas recreativas breves y frecuentes se asocian con mayor satisfacción con la vida, sobre todo en personas con menos herramientas para enfrentar situaciones difíciles. Los autores aclaran que los hallazgos deben confirmarse en otros países antes de extrapolar las conclusiones.

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Paola CardozoSalud y sociedad · 21 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Lo conocí una tarde de sábado, en la guardia del centro de salud donde atiendo los fines de semana. Habían traído a su madre, una mujer de 78 años, por un mareo que después resultó ser un pico de presión. Mientras esperábamos el resultado de los análisis, ella me contó, con esa calma que suelen tener los abuelos cuando ya no tienen nada que demostrar, que el domingo anterior había viajado con su hija a un pueblo cercano para ver una feria de artesanías. "Nada del otro mundo, doctor", me dijo, como pidiendo permiso para disfrutar de algo tan chico. Volvió contenta. Durmió mejor. Y ese martes amaneció con el ánimo distinto. Me acuerdo de esa conversación cada vez que alguien me dice, casi como una disculpa, que no puede tomarse vacaciones largas porque la plata no alcanza o porque tiene a un familiar a cargo.

Lo que esa señora me describió sin saberlo tiene nombre en la literatura médica y un respaldo reciente. Un equipo de la Universidad de Sunshine Coast, en Australia, publicó un estudio que vincula a las escapadas frecuentes, incluso las cortas y cercanas al domicilio, con mejoras en el bienestar psicológico. La buena noticia para los que no pueden tomarse dos semanas en la playa: no hace falta irse lejos ni gastar una fortuna para que un viaje deje huella.

Qué midieron y a quiénes

El trabajo fue encabezado por el profesor asociado Rory Mulcahy y se apoyó en datos de más de 1.200 turistas australianos, relevados en tres momentos entre 2020 y 2023. Los investigadores cruzaron la frecuencia de los viajes recreativos con indicadores de felicidad, de capacidad para sobrellevar situaciones adversas y de satisfacción con la vida, una distinción clave que los propios autores remarcan: sentirse bien en un día puntual no siempre se traduce en estar conforme con cómo uno está viviendo.

La diferencia más llamativa apareció al comparar a los participantes según sus recursos internos. Quienes se percibían como más vulnerables o con menos herramientas para enfrentar problemas fueron los que más se beneficiaron de las salidas habituales. Entre quienes ya contaban con recursos de afrontamiento moderados o altos, las mejoras fueron menores. Es decir, el viaje no funcionó como un recreo parejo para todos: rindió especialmente en el terreno donde más faltaba.

Por qué una salida breve puede mover la aguja

Para explicarlo, los autores apelan a una idea clásica de la psicología positiva: las emociones agradables, cuando aparecen con cierta regularidad, sirven como una especie de gimnasio para la cabeza. Así como uno mantiene la casa pintándola cada dos o tres años antes de que la humedad avance, las experiencias placenteras repetidas van ensanchando la mirada y sumando recursos internos que después quedan disponibles cuando la rutina se pone más brava. Conocer un sitio nuevo, cruzarse con otras costumbres o sumarse a una actividad que gusta, como un paseo en kayak o una caminata por el bosque, serían instancias de ese entrenamiento.

  • La frecuencia de los viajes recreativos se asoció con mayor satisfacción general con la vida, más allá de los días puntuales de descanso.
  • El efecto fue más marcado en personas con baja o moderada capacidad de afrontamiento, que suelen ser las más expuestas al desgaste cotidiano.
  • Como salida práctica, los autores sugirieron diseñar escapadas con apoyaturas concretas: traslados organizados, guías y actividades de nivel inicial para principiantes.

Y acá viene el dato que los propios investigadores no quieren que se pierda de vista: todos los voluntarios eran australianos y el período estudiado estuvo atravesado por las restricciones y la reapertura posterior a la pandemia. Eso no invalida lo que encontraron, pero sí obliga a tomarlo como una pista sólida y no como una receta universal. Falta ver qué pasa cuando el estudio se replique en otros países, con otras culturas del ocio y otras realidades económicas.

Cuando la señora de la guardia se fue del consultorio, ya con la presión estabilizada y el alta firmada, me agradeció y me dejó pensando. Le había recomendado control con su cardiólogo y caminar media hora por día. Pero lo que me quedó dando vueltas fue otra cosa: cuántas veces subestimamos el efecto de un viaje corto, barato y bien elegido, como si para cuidarnos tuviéramos que esperar las dos semanas anuales en la costa. A veces, una escapada de un día, repetida con frecuencia, cumple un rol parecido al de esas manos de pintura que uno le da a la casa: no cambia la estructura, pero la deja respirando mejor.

La nota fue firmada por Paola Cardozo, Salud y sociedad.

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Paola CardozoSalud y sociedad

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